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Domingo, 22 de septiembre de 2013

CINE > URSULA MEIER PRESENTA LA HERMANA, SU NUEVA PELíCULA

Secreto en la montaña

Un centro de esquí en Suiza, de los escenarios más obvios para hacer referencia al mundo de la riqueza, es el lugar que eligió la directora Ursula Meier para contar en La hermana, la historia de Simon, un joven de doce años que sube a las montañas para mezclarse entre los acomodados turistas y robarles. Historia de contrastes, entre los Alpes y los suburbios fabriles, la película desarrolla dos visiones del mundo del dinero y el capitalismo en el corazón de uno de los países más ricos del mundo.

 Por Mariano Kairuz

“Venía de ver a mi productor en París cuando se me ocurrió la idea de escribir sobre un chico que roba, pero recién varios meses después, mientras trabajaba con mis guionistas, me di cuenta de que la idea provenía de un recuerdo, de algo que había olvidado de mi infancia”, le cuenta Meier a Radar en un hotel de Buenos Aires, adonde llegó días atrás para presentar el preestreno de su nueva película, La hermana (que se estrena el próximo jueves 26) y el ciclo que lo acompaña, Encuentro con Ursula Meier, que incluye su producción previa –documentales, cortos, un telefilm y su ópera prima, Home, estrenada un par de años atrás por acá–, y que puede verse hasta mañana en la sala Lugones. “Es algo que había quedado en mi inconsciente. Yo crecí en Francia, al pie de la cadena montañosa de Jura, e iba a esquiar a un pequeño centro turístico que quedaba a diez minutos de mi casa. Un día, el instructor nos señaló a otro chico como nosotros y nos dijo: ‘Desconfíen de ese muchacho que pasa, es un ladrón’. Yo tenía la misma edad y quedé fascinada por ese nene al que nunca vi en realidad, porque tenía la cara cubierta con la máscara de esquí, y que por lo tanto para mí se convirtió en una imagen, una proyección. El chico robaba monederos y esas cosas, y a mí me resultaba asombroso, porque los centros de esquí están hechos para gente de cierto nivel económico, es un lugar que se basa en la confianza, en la idea de que ‘entre nosotros no hay ladrones’; la gente deja sus esquíes, que son caros como una computadora, en cualquier lugar. En un centro de esquí uno es muy anónimo: en el teleférico la gente tiene la cara cubierta, apenas se ven los ojos y a veces ni siquiera, así que es un lugar perfecto para robar. Luego supe que al chico eventualmente le prohibieron subir. Mi personaje está evidentemente basado en él, en un chico muy inteligente que sabe que abajo es más peligroso robar, entonces sube a la montaña y se transforma en un niño de familia rica para pasar inadvertido.”

Meier, que nació hace 42 años en Besançon, en la frontera franco-suiza, estudió cine en Bélgica y ha llevado desde su adolescencia una vida itinerante, hizo de la geografía y las relaciones entre hábitat un eje central en sus dos films hasta ahora. En Home (que se estrenó comercialmente en Buenos Aires, y puede volver a verse hoy mismo en la Lugones) narraba los malabares que debe hacer una familia –comandada por Isabelle Huppert– que se resiste a mudarse cuando su casa queda atrapada en el vértigo de la autopista que la ciudad acaba de inaugurarle justo al lado. Ahora el eje pasa por la montaña, los suburbios, y el viaje de uno a otro que hace el pequeño ladrón de 12 años, Simon (el extraordinario Kacey Mottet Klein) para robarse los almuerzos de la mochila, alguna billetera, y los equipos de esquí que vende abajo.

La hermana (Sister) es el título internacional de la película, el mismo con el que fue candidateada para competir por el Oscar, pero el original en francés es L’ Enfant d’en haut, algo así como El chico de arriba. “Y el centro es, efectivamente, el lugar al que apunta mi película”, dice Meier. “Corríamos el peligro de hacer una película que dijera los ricos-los pobres, lindos-feos o al revés, porque es más complejo que eso. Hay todo un universo subterráneo que no se conoce, como es el de los trabajadores estacionales, que durante la temporada se alojan mal, porque están muy mal pagos, y es algo que pasa sobre todo en el esquí porque, como hace frío, no se ve a toda esa gente. Buscamos evitar el miserabilismo, y de hecho, creo que de alguna manera lo que mostramos del mundo de abajo se ve más lindo que lo de arriba, usamos con la directora de fotografía Agnès Godard un azul irreal, como de cuento de los hermanos Grimm, y mientras que arriba podría haber mostrado las montañas imponentes o el bellísimo cielo, muestro baños, cocinas, subsuelos.”

La “hermana” del título en castellano viene de la chica con la que vive Simon en un pequeño departamento de “abajo”. Una muchacha de veintipico (la ascendente, hipnótica Léa Seydoux, que ya hizo varios papeles secundarios en Hollywood), que es en apariencia la única familia de Simon. Ambos se relacionan mediante una aparente inversión de roles: mientras que ella es incapaz de conservar un trabajo, y desaparece de la casa a veces durante varios días seguidos en compañía de novios dudosos, Simon es quien se ocupa de proveer al hogar, a través de sus “trabajitos” en la montaña, sosteniendo un vínculo emocional extorsivo: dinero a cambio de algo de afecto materno. Lo notable de La hermana es cómo, a pesar de que semejante premisa tenía todo para caer en el chantaje emocional y una explotación funesta de la euro-pobreza y el tópico del abandono familiar, Meier y sus coguionistas (Gilles Taurand y Antoine Jaccoud) se las arreglan para eludir esos lugares comunes. “Es verdad que hay algo de intuición –dice Meier al respecto–, pero fundamentalmente lo que hubo fue mucho trabajo en el guión. Nos propusimos que no hubiera muchas instancias externas, policías, trabajadores sociales, otros adultos en la película. No teníamos ningún referente en cine ni en literatura para la relación entre los protagonistas. Conozco familias reales en que este tipo de cosas ocurren, donde el padre es el patrón, el amante, todo tipo de figuras excepto la de un padre para su hijo. Desde el momento en que Simon paga para tener amor no es un hijo ni un hermano ni nada; trabajamos estas cosas para lograr un guión muy articulado, y luego lo entregamos a sus actores para que fueran interpretadas no intelectualmente sino emocionalmente, en la carne.”

Mientras termina una corto filmado en Sarajevo para un film colectivo (en el que participan entre otros Pedro Costa y Jean-Luc Godard) que conmemorará el centenario de la Primera Guerra el año próximo, y prepara dos nuevos largometrajes, la directora acompaña el exitoso recorrido internacional de su film, que funcionó incluso en mercados difíciles como el de Estados Unidos: “Es cierto que quedamos entre los últimos nueve para el Oscar a mejor película extranjera, con el entusiasmo que eso genera, pero el film fue bien recibido en todas partes. Yo creo que tiene que ver con que su historia de amor es terrible y universal, pero también con que la estrenamos en el contexto de una crisis muy grande del capitalismo y que, finalmente, trata en parte sobre dos visiones contrapuestas sobre el mundo del dinero: entre alguien que entendió cómo funciona el sistema y lo usa, y busca progresar en medio del derrumbe –el chico–, y una chica que desistió por completo. Creo que el público percibe algo de todo esto, y que además la película provenga de Suiza, que es uno de los países más ricos del mundo, debe provocar un eco enorme”.

La hermana se estrena el jueves que viene. El ciclo Encuentro con Ursula Meier sigue hasta el lunes 23: hoy puede verse Home (a las 14.30, 17, 19.30 y 22) y mañana (en los mismos horarios) un programa compuesto por tres cortos de la directora: El sueño de Isaac (Suiza, 1994, 13’), Horas sin sueño (Suiza/Bélgica, 1998, 34’), y Todos a la mesa (Suiza/Bélgica, 2001, 30’). Todo en la sala Leopoldo Lugones, Av. Corrientes 1530. Más información en http://complejoteatral.gob.ar/ver/cine

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