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Domingo, 26 de enero de 2014

LOS DETECTIVES SALVAJES

Con Zodíaco de David Fincher como referente, True Detective sigue la investigación de un asesinato a lo largo de década y media en el sur profundo de EE.UU., pero el verdadero imán de la nueva serie en ocho episodios que acaba de empezar por HBO son sus protagonistas, que están mejor que nunca: Woody Harrelson y –en medio de un proceso de reinvención consagratorio– el enorme Matthew McConaughey.

 Por Juan Manuel Domínguez

“He visto el final de miles de vidas, man” dice el detective Rust Cohle, apodado El Hombre de los Impuestos por su parca y meticulosa obsesión de anotar, anotar y anotar. “Cada una de esas vidas –prosigue– estaba tan segura de su carácter excepcional, tan segura de que su experiencia sensorial es la de un individuo único con un propósito y con un significado, tan segura de que era mucho más que una marioneta biológica. Pero cuando la verdad cumple su voluntad, todos pueden ver los hilitos cortados.” La línea, dicha con precisión seca y quirúrgica de noir pantanoso (estamos en la sureña Louisiana), define perfectamente al oscuro Cohle, uno de los dos detectives protagonistas de True Detective, siendo el otro su compañero, el hombre de familia Martin Hart. True Detective es la nueva serie de HBO y ha sido definida como “el Gordo y el Flaco del thriller existencial desesperado”. O, también, como “Esperando a Godot, y a los asesinos seriales”.

No por nada el showrunner –esa figura definitoria de la nueva televisión norteamericana, a mitad de camino entre el guionista y el esteta que dirige los destinos de la serie– de True Detective, el novelista oriundo de Louisiana Nic Pizzolatto (también responsable de The Following), ha dicho que el concepto central del programa “no es mucho más complicado que esto: usamos la investigación de un solo crimen a lo largo de 15 años como el queso derretido en donde traficamos una investigación sobre la naturaleza humana”. Y agrega –en plan de definir su idea de policial–: “Mi cerebro es, a la hora de hacer un relato de género, algo así como la materialización del sonido que hace un cigarrillo cuando cae en un cenicero que posee un poco de agua dentro”.

EL RENACIMIENTO

En un intento por descifrar el misterio detrás del bronceado y alguna vez (o varias veces) Sexiest Man Alive Ma-tthew McConaughey (Texas, 1969), el director Richard Linklater –que lo tatuó en el imaginario cinéfilo con el film Rebeldes y confundidos– dijo alguna vez que “Matthew es como mínimo un pensador profundo, dueño de una coherencia no lineal”. Esto fue antes de que McConaughey fuera secuestrado y quedara atrapado en el limbo de las comedias románticas masticables y descartables (Cómo perder a un hombre en diez días; Amor y tesoro). El Rust Cohle de Matthew McConaughey en True Detective es doble: aparece tenso, insomne, casi un selenita cadavérico y trajeado en 1995, y despeinado y con bigote sureño-camionero en 2012, una segunda línea narrativa de la serie, que sigue en formato entrevista (debido a que todos los archivos se perdieron con el huracán Katrina) el relato que hacen Cohle y su compañero del caso que los unió y terminó separando. Esta duplicidad forma parte de algo que el mismo actor ha llamado “The McConaissance”, un juego semántico entre su apellido y la palabra en inglés usada para “renacimiento”. No por nada la misma noche del estreno simultáneo de la serie de ocho capítulos dirigida por Cary Fukunaga (Sin Nombre, Jane Eyre), Matthew McConaughey recibía el Globo de Oro a Mejor Actor Dramático por su papel en El club de los desahuciados (Dallas Buyers Club), como un cowboy sureño infectado con HIV que deviene activista. La película se estrena en la Argentina el próximo 27 de febrero, una semana antes de la entrega de premios, y todo indica que él se llevará su primer Oscar.

Es un poco una coincidencia que True Detective llegue justo a tiempo para este renacimiento de McConaughey, si se considera que la serie tuvo un largo tiempo de gestación: en 2011 True Detective formaba parte de un pilón de seis pilotos que Pizzolato andaba repartiendo en los canales, desesperado “por formar parte de esta nueva forma de narración que veía en la televisión y que le parecía se había vuelto el medio perfecto para contar historias”. McConaughey sigue reconfigurándose: se luce en un papelito en El lobo de Wall Street, y en unos meses será el protagonista de la nueva película de Christopher Nolan; aunque originalmente los responsables de la serie lo convocaron para que interpretara a Martin Hart, el compañero de Cohle, hombre de familia con dos hijas, cálido, jodón pero, como todos en la serie, comprimido en esos roles. “Necesito hacer de Cole”, sostiene Pizzolatto que le dijo por teléfono McConaughey (quien recién había estrenado Culpable o inocente, su primer paso evolutivo fuera del cascarón de la comedia romántica): “Es una película de 450 páginas. Necesito ser Cole. Necesito componer personajes cuya humanidad sea tan sólida que me permita colgar, todos los días, mi sombrero en ellos”. Y fue McConaughey quien, ante la incertidumbre de los productores, pensó en Woody Harrelson (cuyo más icónico rol en TV había sido en la mítica Cheers, en los ’80) para hacer de Hart. Ambos, amigotes (según confiesan, se conocieron “porque Matthew me desafió a un shot de tequila”) llevaban un tiempo atrapados en el estereotipo del fiestero, de surfista californiano, simpático pero algo raro. Harrelson fue el responsable de insuflarle a la serie un estilo cómico seco que no estaba en los guiones: “Dicen que tiene algo de Samuel Beckett. Yo veía que había en ese dúo una dinámica de comedia áspera, pero latente. Pero odio a Becket”.

MALDAD REAL

True Detective sabe tejer su telaraña narrativa muy cerca no tanto de Breaking Bad (como se viene sosteniendo en las reseñas) sino del flujo setentista, oscuro, de Zodíaco, el film de David Fincher, referencia inmediata de esta serie, y que seguía como ésta, a lo largo de varios años, la investigación detrás de un asesino serial. Aunque Pizzolatto diga: “No tengo interés en los asesinos seriales. Sí en la oportunidad de ver cuánta maldad real y bondad genuina puede haber en el día a día cuando se entiende cómo procesar la violencia, o no se puede con ella”. Por su ritmo, marcado por las canciones del productor T-Bone Burnett (el Elmore Leonard de la música para cine y TV), por los paisajes pegajosos de esa Louisiana y su pobreza blanca (el show nunca busca regodearse en ella: su naturalidad al respecto es abrumadora), y, sobre todo, por sus gigantes protagonistas, True Detective podría ser no tanto una de esas “series del año” como una de esas series que erosionan las reglas del género, lo tensan y lo hacen renacer.

True Detective va los domingos a las 23, por HBO.

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