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Domingo, 26 de enero de 2014

SOMBRA, FRENESI Y SANTIDAD

Arte La vasta y enigmática obra del visionario artista Juan Batlle Planas incluye grabados, collages, pinturas, esculturas y hasta escenografía teatral. Pero quizá su trabajo como ilustrador sea lo más destacado en la obra de este hombre obsesionado con el surrealismo que incursionó en el psicoanálisis, el ocultismo y la docencia. Parte de esas influyentes ilustraciones se pueden ver hasta mediados de año en la muestra Energía de la forma, que privilegia sus dibujos reuniendo joyas del artista poco frecuentadas en retrospectivas.

 Por Verónica Gómez

En la cubierta de un barco distinguimos una silueta. Más cerca, comprobamos que se trata de un hombre gordo, con aire bonachón e imponente, cuyos abultados pómulos le dan a su cabeza un ligero parecido a una pera generosa. Su cabellera oscura se arrebola con el viento. Aunque quieto, luce agitado. El labio superior de su boca, una línea finita y oscura, comparable a las gaviotas que suelen adornar los atardeceres marinos en los murales de pizzerías, es tal vez lo único sutil en este hombre, el único rasgo morfológico que comparte con sus creaciones; seres insomnes y leves, de piernas y brazos flaquitos, perennes habitantes de paisajes desérticos. Juan Batlle Planas, con su aspecto algo recio de hombre de barrio, curioso empedernido, investigador de lo oculto e incansable propagador del surrealismo, en ese barco, ese día, tiene un accidente: se cae en la cubierta y un clavo que sobresale se le incrusta en la frente. Llevará esa cicatriz toda su vida, como una confirmación física y vistosa de un poder invisible largamente sospechado. En varias ocasiones le confesará a su hijo lo indudable: que ese punto-herida ejerce una influencia en la excitación del tercer ojo, la glándula plineal, y que habilita en él facultades maravillosas: puede ver el aura de las personas y ser preso de súbitas premoniciones.

Como artista Juan Batlle Planas no se priva de nada: realiza grabados, dibujos en grafito y tinta, collages, pinturas, cajas de madera con hilos y elementos móviles, esculturas, instalaciones para vidrieras, murales en espacios públicos. Incursiona en la escenografía teatral, el vestuario y la confección de máscaras, se esmera en su colección de cuadernos de recortes y realiza numerosas ilustraciones de libros y revistas. Revistas de la comunidad catalana en Argentina, como Ressorgiment y Catalunya, albergarán sus dibujos. Y también otras, de gran tiraje, como El hogar. Textos de Olga Orozco, Luisa Mercedes Levinson, Alberto Girri, Enrique Molina, Macedonio Fernández, Julio Cortázar, Rafael Alberti y Leopoldo Marechal, entre otras luminarias literarias, gozarán de las ilustraciones de Batlle Planas.

Sobre esta zona de su vastísima y enigmática obra decide enfocarse la muestra vigente en el Museo del libro y de la lengua de la Biblioteca Nacional, reuniendo joyitas del artista poco frecuentadas en retrospectivas, aquellas que nos deparan un Batlle Planas algo distante de los climas densos, a menudo tristes y desolados, de su pintura, para regodearse –a veces con tono lúgubre y grotesco– en el divertimento de las formas conjugadas con palabras.

LA LEY DEL INVITADO

ILUSTRACION PARA LAS PASIONES TERRESTRES DE ENRIQUE MOLINA.

Juan Miguel Luis Batlle Planas nace dos veces: la primera en Torroella de Montgrí, Cataluña, un 3 de marzo de 1911, y la segunda en Buenos Aires, dos años después, cuando su familia se ve urgida a emigrar. A Juan poco le dura su padre: a los 9 meses de llegados a Argentina su progenitor se vuelve a Cataluña. Joven, debe salir a ganarse el sustento, para él y su familia. Estudia en la Escuela Industrial y se especializa en mecánica y teñidos. En 1928 inicia su experiencia en la filosofía Zen y el estudio de la teoría psicoanalítica. Guiado por su tío, José Planas Casas, se aventura en los avatares del arte. Ya converso al surrealismo y devoto del automatismo gráfico, pinta sus primeros óleos, que no tarda en destruir. En 1935 publica su primer grabado: Radiografía Paranoica. En ese entonces escribe sus primeros poemas.

Su panorama de intereses, a la manera del hombre renacentista, es constante en su amplitud: estudia la teoría de la Gestalt, se vincula con expertos en educación diferencial y se especializa en laborterapia. Wilhelm Reich, con su teoría relativa al orgón y energía cósmica universal –”forma es movimiento congelado”– constituye una influencia ineludible en el pensamiento visual del Batlle Planas. Maestro de grandes –Noé Nojechowiz, Roberto Aizenberg, Alejandra Pizarnik–, su militancia en la docencia irá siempre a la par de su producción artística, sostenida con la misma pasión.

“He pintado y pinto como continuación de una ley fuerte. Estoy siempre vigilante de lo que mi invitado me manda, a través de sus mecanismos irracionales. Por eso estos cuadros no me pertenecen, ellos me lo han dictado”, así equipara Juan Batlle Planas la misión del artista con la de un medium.

NOICA

ILUSTRACION PARA PEQUEÑA ANTOLOGIA DE MARECHAL, 1954.

En 1945 Batlle Planas da a luz a La hermanita de los pobres. Una niña tierna, que deambula sola por paisajes infinitos mientras sostiene una vara mágica. Luego, la niña andrajosa cambia sus atuendos, se engalana y se convierte en Noica. “Sefaradí, hermana de las Nieves, lasciva como las mujeres de la poesía, saca los piojos a los niños, convierte en brisa las vigilias”, así describiría dulcemente Batlle Planas a su actriz fetiche.

En 1959 un hecho fractura la vida del artista: muere Elena Salgueiro, su esposa. Inconsolable, Juan no se detiene: pinta, enseña, escribe, con el surrealismo latiéndole en su pulso, leve y filoso: “El surrealismo no es para mí un método, es un sistema. El Arte nace en un estado de sublimación y ofrenda, y va directamente hacia el misterio”. Fiel a la seducción de sus fantasmas, Juan sigue creando sin Elena, su bella Elena, tan afable como distante, quien supo diseñar una infraestructura familiar para que él pudiese dar rienda suelta a su imaginación. “Toda esta ciencia la viví y la ejecuté dedicada a un ser humano, colocando su imagen en todos los personajes que mi ánimo aconsejaba”, diría Juan sobre su musa ordenadora. Elena es Noica. Y es el matiz femenino que tiñe toda la obra de Batlle Planas.

EL BAILE DE LAS TACHUELAS ENCANTADAS

RESSORGIMENT, 1947.

Hombre de barrio. Hincha de Racing. Gustoso de la gente de pueblo. Ojos celestes, mirada penetrante de cristal mágico. Conversación críptica, repleta de metáforas y llena de accidentes. Eximio bailarín de tango. Mago. Tan disímiles y no por eso menos ciertos son los recuerdos de quienes tuvieron la fortuna de frecuentar a Batlle Planas. Los más cercanos le atribuyeron poderes chamánicos. Dicen que cierta vez, una alumna epiléptica tuvo una crisis en plena clase. Y que Juan detuvo las convulsiones colocando sus manos en la cabeza de la chica. El creía firmemente que canalizar las energías era una forma de cura.

Recuerda Nojechowiz: “Una noche, después de clase, lo acompañamos varios alumnos desde el taller hasta su casa. Ibamos siempre por la calle Independencia, el paseo se había convertido en una costumbre que disfrutábamos todos. De pronto se nos cruza lo que parece ser una mendiga, un personaje extraño y algo siniestro, envuelto en una especie de manto oscuro de pies a cabeza. Batlle se detiene, observa, y luego nos dice, mientras reanudamos la marcha: Si uno pinta a ese ser, seguro que no le creen y lo llaman surrealista”.

Un acierto de la exposición Energía de la forma es el de incluir una tarima de dibujo donde el visitante puede poner en práctica el método para dibujar de Batlle Planas. Son 6 pasos: marcar varios puntos sobre la superficie blanca; trazar pequeñas líneas sobre el papel; con el menor control posible, y con cierto ritmo, unir las líneas y puntos con otras líneas. Luego, a partir de lo realizado, tratar de encontrar en las formas que van surgiendo motivos que sean afines al gusto del ejecutante, como cuando se mira una nube y se reconocen formas. Dibujar entonces lo que la imaginación ve en las formas. Por último, borrar las líneas y puntos que no aporten a lo que el dibujo sugiere. Así de simple y pautado puede ser el nacimiento de un misterio, parece decirnos el artista con su receta. Y así sus dibujos, a la luz de esta hoja de ruta, cobran vuelo. Cada línea surge de un punto a borbotones, avanza precisa en su incertidumbre, frágil y poderosa en su voluntad de ser libre. “Hay un aspecto burlón en este acto de surgir el mundo desde un clavito o una tachuela”, señala Horacio González en el prólogo de la muestra. Y tal vez ese riesgo que implica abordar el vacío entre dos puntos sólo puede transitarse con gracia y humor.

Ernesto B. Rodríguez distingue en Batlle Planas, hasta 1957, seis momentos: la etapa de las radiografías paranoicas, los misterios, las Noicas, los mecanismos del número, los temas del ángel y la naturaleza y las abstracciones. Estas propuestas se mantienen vigentes, aunque diversificadas, luego de 1957 hasta la muerte del artista.

Pero esa sucesión de etapas no se da sin interrupciones. En 1947 Juan Batlle Planas deja la pintura. Los seres surgidos de sus cuadros empiezan a perturbarlo, lo sumen en estado de shock. Debe haber otro camino para explorar el destino del ser humano, piensa. Y considera seriamente estudiar Medicina. La psiquiatría, las ciencias del alma, las ciencias ocultas: tal vez sea ése el sendero para penetrar el misterio del alma humana. Pero la disyuntiva se resuelve pronto: vuelve a elegir el camino del arte, afirmando sus convicciones primeras: “Es innegable que el alma relata en el arte sus avatares: prevalecer, prevalecer, prevalecer, prevalecer a través de la biología mágica”.

Un 8 de octubre de 1966 Juan Batlle Planas muere en Buenos Aires. Deja un legado que continuarán no pocos discípulos y colegas, una vida digna de integrar el santoral del arte. Líbero Badíi, Roberto Aizenberg, Raquel Forner, Noe Nojechowiz, Ducmelic, Aída Carballo: en todos ellos resuena Batlle Planas. Y resuena también en aquellos seguidores involuntarios, inconscientes, cultivadores del frenesí que late en las sombras, aquellos jóvenes de ayer que, sin conocer su obra, continúan bebiendo de la misma fuente.

Energía de la forma
Juan Batlle Planas
Hasta junio de 2014
Museo del libro y de la lengua de la
Biblioteca Nacional Mariano Moreno
Avda. Las Heras 2555, CABA

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BATLLE PLANAS EN SU ESTUDIO DE LA CALLE SANTIAGO DEL ESTERO.
 
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