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Domingo, 6 de julio de 2014

OTRAS HISTORIAS DE AMOR

HISTORIETA Fanático del básquet y de las historietas, Brian Janchez sueña con sacar un libro por año. Y a través de su propia editorial, en ediciones con pequeñas tiradas, lo viene consiguiendo. Escribió sobre el duelo por la muerte de su padre, sobre su trabajo en McDonald’s, y ahora juega a mejorar la película Zack y Miri hacen una porno en un libro de título desafiante llamado Marisa quiere pija y otras historias de amor. Radar presenta al historietista que es el Fontanarrosa de su generación, que no juega a ser cool y confiesa que sueña con hacer alguna vez El Hombre Araña.

 Por Juan Manuel Domínguez

Cuando tenía 9 o 10 años, se sentaba y dibujaba un Transformer, y los mayores le decían cosas como: “Fa, tenés mucha imaginación”. Brian Janchez cuenta que era algo que le molestaba mucho. “Me rompía las pelotas”, asegura, bien explícito. “Básicamente porque yo no veía los Transformers pensando: ‘Ah, qué imaginación tienen estos chabones, qué capos, ¿cómo se les va a ocurrir que un escarabajo se convierta en un robot?’. No, yo simplemente los veía y me divertía. Siempre escapé de eso. Siempre quise evitar al boludo”, dice Brian Janchez (nacido una Navidad de 1985), un historietista que es una potente y cálida mezcla entre la bronca espasmódica de Louis C.K. y la sensibilidad chabón (chistes de pijas incluidos) de la escudería Judd Apatow. Pero también dueño, en el trazo y en la viñeta, de una simpleza, trabajada, que lo hace ser el Fontanarrosa de la generación que leyó al mismo tiempo Maus, ganadora del Pulitzer, y el manga Slam Dunk. Y que, además, los leyó con igual desparpajo y asombro. No por nada Janchez dice que Akira Toriyama, autor de Dragon Ball, para él es “Perón, aunque no soy peronista” (y para explicar su admiración por García Márquez dice: “Me gusta más que Toriyama”).

Janchez, como editor (de su editorial Noviembre y la revista de humor online llamada, con sonrisa de Grinch, Nik) y principalmente como autor (“Quiero sacar un libro por año. Quiero ser como Woody Allen. Necesito que el libro sea accesible económicamente y que salga ya”), parece calibrado por ese “no pensar” y esa alquimia cultural que suena imposible, dos virtudes que tienen menos de cavernícola y mucho de genuino instinto Hazlo Tú Mismo: “Ojo, así como creo que el boludo es el que te dice ‘cuánta imaginación tenés’, hoy lo pienso y es mi mejor amigo, porque lo terrenal de mis historietas también lo hago pensando en que todos puedan sentirse un poco reflejados ahí y que se entiendan. Me puedo comer la puteada porque hago chistes de pijas. Ok, pero la mamá de mi novia Laura agarró mi nuevo libro y dijo que lo iba a leer. Si el libro se llamaba SuperMegaWars no lo iba a leer. A mí me interesa que lo lea cualquiera, que, como me pasó con Shloishim, lo levanten mientras lo vendo el Día de la Democracia en Plaza de Mayo y digan que está buenísimo”. Por lo pronto, esa furia suele nacer en revistas (La Mano) y sitios de historietas online (Brian surgió en el clave Historietas Reales) y son traducidas a través de los años en libros como el mencionado Shloishim (el duelo por la muerte de su padre, editado en 2010), McKosher (el registro de siete días de trabajo en el McDonald’s Kosher del shopping Abasto, 2011), la antología infantil Hormigas en el culo (2012) y ese diario de viaje en Israel que fue El sabio de Sión (2013). Hoy se traduce en ese nuevo libro que lee la mamá de su novia y cuyo título es de los más felizmente disruptivos y traviesos de la historieta nacional: Marisa quiere pija y otras historietas de amor (esos otros relatos, que acompañan las 32 páginas de Marisa... se titulan, por ejemplo, “Cosas que se hacen en los telos”, “Andate a la puta que te parió”, “Me la mete tu abuela” y “¡Vamos a ponerla!”). Brian se ríe: “El título es como tirar la piedra y quedarse sonriendo, a ver qué pasa. Era el jueguito, era el ruido; me gusta el nombre Marisa, me parece de vieja, de señora”. Ese soez título esconde, por brutal, el verdadero poder de Brian: su capacidad de “poder contar y poder escupir todo, todo el tiempo”. Janchez fue autobiográfico a niveles incisivos, pero con el perfecto grado de contención (el duelo, la desidia generacional, la sensación marciana de estar lejos), y hoy ese “escupir todo” implica procesar determinada idiosincrasia, determinada idea del contraste (“acá la comedia romántica con chistes de pijas, y el blanco y negro”) y sus reacciones (“Marisa... nació como un juego: mejorar la película de Kevin Smith, Zack y Miri hacen una porno”). En ese proceso, o multiproceso, Brian pierde lo instintivo (que vive en su forma de editar, en su constante alteración de géneros, en sus publicaciones, sean online o en papel) y se va convirtiendo en alguien que sabe contar de forma clásica, que tiene más corazón que odio (o cantidades iguales) y que logra traducir eso en modos que hacen que sus comics se acerquen más a una sitcom lúcida y sentida (y vivida) que al mero gesto, o incluso al mero saciar un capricho personal. Y él lo sabe: “Soy muy conservador con los géneros a la hora de mis comics y de lo que cuento”.

¿Janchez hace las historietas, como autor y editor, que le gustaría leer y que no existen? Por lo menos en las ediciones que él hace, accesibles y con tirada de 150 ejemplares. “Algunas sí, pero no es lo que yo quiero que hagan. Hago lo que hago porque creo que no existe. Pelotazo, para chicos, apareció porque nadie estaba haciendo eso. Me divierte más sentir que estoy haciendo algo importante, o mejor dicho sentir algo que no existe.” Y sigue: “Me acuerdo de que hace algunos años, cuando estaba haciendo McKosher (por 2007) y lo quería vender afuera, veía al guionista Diego Agrimbau, y lo tenía como un modelo a seguir, el modelo de Trillo, de alguien que triunfa afuera. Quería hacer eso. Pero me di cuenta de que para publicar afuera tenías que trabajar de publicar afuera: no podía estudiar y no podía trabajar. Tenía que trabajar solamente de eso. Decidí hacer mis historietas yo y ganar todo ese tiempo que pensé perdía de la otra forma. Me edito yo y listo: son las cosas que quiero hacer”.

“No escucho música, ni sé cómo se escribe Dylan. Pongo la radio y escucho la Metro porque le preguntan a la gente si coge y hace tríos”, asegura Brian, fanático del básquet y de los comics, que sorprende cuando afirma: “Lo que la verdad me gustaría hacer es El Hombre Araña”. Y habla loas sobre Brian Michael Bendis, uno de los guionistas del personaje Marvel, mientras confiesa que Daniel Clowes, Chris Ware y todos esos ídolos del nuevo comic norteamericano no lo impresionan: “Para mí es aburrido lo que hacen”. Y no hay mueca en Brian, que como buen salvaje y sensato editor de sus furias y sus lúdicas certezas cierra: “El día que tenga cinco minutos y escriba un cuento, se va todo al carajo. Tengo adentro lo mismo que tienen todos para escupir. Fontanarrosa decía que escribía porque tenía ideas y cosas que no podía dibujar. A mí gusta hacer lo que quiero. Lo genuino por ahí son mis ganas de hacer eso en ese momento. Y con eso alcanza”.

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