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Domingo, 29 de mayo de 2011

> SOMOS EL LíMITE DE LAS COSAS, DE MARIANA TELLERíA

La última vuelta

Puesta así, en una feria, la calesita de Tellería se alinea con obras de anteriores Petrobras que exploraron esa zona en donde la feria (y con ella el arte contemporáneo) es también una diversión de fin de semana, un espectáculo que atrae a niños y adultos. Las performances musicales de Pequeño Bambi, el videojuego que instaló Carlos Huffman cuando en 2008 organizó lo que podría ser la caverna de un pirata, o incluso el Autocine Guzmán, donde se podían ver los remakes de clásicos del cine que Guzmán filma caseramente, son algunos ejemplos de entretenimientos de feria que, como formatos, fueron recuperados en el Petrobras.

Pero si en estos ejemplos los artistas se consustanciaban con el sistema del entretenimiento, del carrusel de Tellería sólo queda el esqueleto. Nostálgica, una silueta de luces recorta la silueta de una calesita. Es una construcción ruinosa, una basura monumental que le da pie a Tellería para volverse sobre sí misma y preguntarse con cuánto menos se puede decir “calesita” antes de que desaparezca y se convierta en una construcción de caños.

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