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Domingo, 10 de julio de 2011

Los hipervínculos emocionales

 Por Claudio Iglesias

“Si hiciera ahora esta obra sería diferente. Les enviaría flores a otras personas. A Martha Rosler, por ejemplo. En su momento le envié flores a Andrea Fraser, hoy no lo haría ni loco.” Alejandro Cesarco cuenta de esta manera una de sus piezas de los últimos años, consistente en el envío de flores por correo a una decena de conocidas e importantes artistas de la escena neoyorquina: una obra que conjuga a la perfección cierta veta irónica en relacion con el canon del arte contemporáneo con un nivel de interpersonalidad muy fuerte. Hoy Cesarco lo haría de otra manera, no por una evolución en las pautas formales del trabajo, sino simplemente porque sería de su interés enviarles flores a otras personas. Es que, al situarse en el borde de un apropiacionismo de cuño irónico y una vincularidad afectiva más visceral (como si dijéramos, haciendo equilibrio entre Richard Prince y Fernanda Laguna), la obra de Cesarco repone una de las tautologías mejor guardadas del conceptualismo: que toda obra está hecha de vínculos creativos, por fuera del formato que se elija. Que, siempre, un artista está en conversacion con otros artistas –una conversación que a menudo revela puentes emocionales intensos. Así lo muestra Cesarco, también, cuando funge como editor de libros (por ejemplo, en Dedications, enteramente compuesto de dedicatorias tomadas de otros libros) y curador (por ejemplo, en la muestra Conversas para la Bienal del Mercosur de 2007, con la consigna de que los artistas elegidos eligieran, cada uno, otros dos artistas de su preferencia a su vez). En el universo de Cesarco, los artistas son antes que nada amigos, si no algo más (pueden consultarse al respecto las dedicatorias cruzadas entre Onetti e Idea Vilariño en The Gift and the Retribution, 2011).

Why work?, 2008. Cprint.

Su forma de trabajar parece entonces la de un apropiacionista canónico y buen conocedor del canon contemporáneo oficial (léase, todo lo que ocurrió en Nueva York desde el climax de la Guerra Fría hasta los dos mil): una paráfrasis de Los Beatles en la forma de un procedimiento pospictórico (Here Comes The Sun: una línea amarilla a la altura del zócalo del espacio de exhibición), una lista de temas de Ramones que comienzan con el pronombre I, a la manera de un poema en primera persona (The Ramones, an autobiography) o Index, a novel: simplemente el índice de un libro todavía por escribir. Operaciones precisas con la información regulan estos trabajos. En los de la muestra Why Work? que inauguró hace unos días en Buenos Aires, sin embargo, el purismo vandálico de la apropiación y el volumen afectivo de las interacciones entre artistas se abren parcialmente a otro arco de problemas. Desde el título mismo, Cesarco añade el concepto de “trabajo” como un eje problemático. Quizás porque “trabajar”, en un sentido neomarxista al menos, ya no es sustancialmente distinto de vincularse afectiva y socialmente con otros, algo que ocurre en todo el cuerpo de la producción general, pero que en el trabajo del artista contemporáneo parece potenciarse exponencialmente: networking dejó hace tiempo de describir un nuevo paradigma estético basado en la creación colectiva, para referirse más puntualmente a lo que puede hacer un artista en aras de sobrevivir y promover su carrera. En cierta jerga, de hecho, “trabajar” es sinónimo de “saber moverse”, “hacer buenos contactos”, etc. John Kelsey lo enunció con mucha categoría en una descripción que parece una fotografía del “freelance” actual, el trabajador contemporáneo por antonomasia: “un cuerpo adelante de la pantalla, encorvado, tieso, absorto, pendiente de Facebook”. En este punto, la obra de Cesarco es crítica, utípica y simultáneamente nostálgica: porque al yuxtaponer herramientas clave de todo arte basado en la apropiación y la vinculación, nos pone en contacto con los aspectos irrealizados de esos lenguajes, frente a un mundo social que ya los ha convertido en moneda corriente de su autorreproducción.

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El regalo y la retribucion, 2011. Cprint (diptico). 20 x 25 cm c/u.
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