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Domingo, 28 de abril de 2013

Un héroe libertario

 Por Miguel Grinberg

El Pájaro destilaba energía rockera pura, recargada de blues. Portador de un pique intenso y espontáneo. Con una vehemencia serena y a la vez irreductible. Caí pacíficamente en su órbita y en la de Moris –rebeldía pura– durante el recital final de Los Beatniks (1965) en el teatro del Altillo, Florida 640. Luego, acompañados por el legendario Gordo Martínez, manager del grupo, nos mandamos los cuatro a tomar un poderoso café con leche: desde allí fuimos amigos generacionales. En el vértigo de la bohemia porteña sesentista, vísperas del Onganiato antijuvenil. Mientras por la avenida Corrientes la policía se llevaba presos a los extraños de pelo largo, cuatro años después, con La Barra de Chocolate y el tema “Alza la voz”, el Pájaro ganaba el primer Festival Nacional de la Música Beat realizado en el Teatro Argentino y se aseguraba un puesto estelar en los posteriores festivales BA Rock. Pero no le tentaban la fama ni el jet set farandulesco de la Capital. A su manera, fue un héroe lumpen, frontal y ajeno a la batalla de los egos. Flaquito cariñoso y querible, ida y vuelta. Esta foto, donde nos acompaña Moris, proviene de una fiesta organizada por la revista Canta Rock en un bar de Constitución: noche de chupi y alegría irrestricta durante la democracia de los ochenta. Pajarito vivió adscripto a una ecuación de rocanrol y humildad. Libertario protagonista de la cultura beat. Siento que de poder hacerlo, ahora nos gritaría: “¡Nada de tristeza, locos!”.

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Con Miguel Grinberg y Moris, en los ’80.
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