CULTURA / ESPECTACULOS › PLASTICA. BALANCE DEL 2007, UN AÑO DE CAMBIOS Y CONSOLIDACIONES

2007, odisea de los espacios

Por un lado los espacios oficiales se volvieron más permeables
a lo no oficial y por otro, algunos ámbitos surgidos en sus
márgenes fueron adquiriendo autonomía, calidad y peso propio.

 Por Beatriz Vignoli

Año electoral, el 2007 fue un año de cambios. Dos instituciones oficiales se renovaron. El Castagnino incorporó recientemente al artista Carlos Herrera como director ejecutivo y el Centro Cultural Parque de España cambió su perfil. A partir de su nueva gestión a cargo del director Martín Prieto, abrió sus codiciadas galerías a artistas rosarinos como Max Cachimba, Silvia Lenardón, Michele Siquot, David Nahón y al mencionado Herrera. Volvieron a mostrar tres de los cuatro artistas de la recordada muestra de rosarinos curada en 1997 por Eleonora Traficante (m. 1998): Fabián Marcaccio y Daniel Scheimberg en el marco de la colectiva binacional La espiral de Moebius (con curaduría de Claudia Laudanno) y Emilio Torti en su excelente muestra individual La trama de la vida (curada por Rodrigo Alonso). La mejor muestra colectiva fue la de pintores rosarinos en el CCPE/AECI curada por Eduardo Stupía, donde Juan Balaguer, Pedro Iacomuzzi, Mario Godoy, Fernando Rossia y Jorgelina Toya presentaron una nueva pintura que incorpora los logros estéticos de las nuevas tecnologías.

¿Qué pasó con el Centro Cultural Bernardino Rivadavia? Espacio que en los 90 fue clave pero que ahora se encuentra vaciado de presupuesto, desaprovechado e inexplicablemente marginado de los circuitos artísticos locales. Allí empero, tuvo lugar este año una muestra destacable, la de Francisco García Carrera. Estas dislocaciones dan cuenta de la falta de una política oficial unificadora a nivel local. Cabe esperar que espacios como el Centro de Expresiones Contemporáneas, que recién ahora volvió a funcionar superando problemas edilicios y de convivencia, sean objeto de deseo de los artistas rosarinos y punto de llegada del público de la ciudad. La fotografía y el videoarte fueron las que mejor aprovecharon este ámbito. Desde lo oficial, estuvieron el artista suizo Franticek Klossner, invitado de la Tercera Semana del Arte, o la galería fotográfica; desde la iniciativa independiente, la muestra autogestionada La Colectiva cumplió su tercer año consecutivo con una propuesta digna de imitarse. Esta convergencia entre lo privado y lo público es la que habría que alentar.

En el sector municipal, un lugar ejemplar en cuanto a su compromiso con la historia, su espíritu de autocrítica, su independencia estética respecto de todas las demás instituciones y su capacidad de generar ámbitos para el debate productivo, es el Museo de la Memoria, dirigido por Rubén Chababo. Por su parte, el polémico Museo Castagnino + MACRo sigue a la cabeza de las referidas transformaciones. Afianzando su perfil moderno, el Castagnino se lució con dos muestras individuales de rosarinos: la del maestro Juan Grela, fallecido en 1992, y la de un artista vivo y en plena producción plástica y docente independiente, su discípulo, Rodolfo Perassi.

El MACRo, que desbordó de pintura con la inteligente muestra de Aurelio García y de luz y color con la sutil ambientación de Marcolina Dipierro, se perfiló este año como un espacio no sólo artístico sino de riesgo estético y experimentación curatorial. Esto le dio un protagonismo nacional importante. Pese a sus limitaciones, MACRo Emerge fue el puntapié inicial de la audaz MACRo Extraterrestre. Esta fue capaz de incluir tanto al Museo Visión Ovni (Victoria, Entre Ríos) como a los asombrosos dibujos de Aníbal Brizuela, interno de la Colonia Oliveros y participante del taller que allí coordina la artista Fabiana Imola. Fue una decisión curatorial acertada presentar como un artista contemporáneo más entre sus pares artistas a Brizuela, quien fue así una de las pocas revelaciones en un año que por lo demás reiteró figuras conocidas. Otra revelación del año fue Juan Barbieratti, quien saltó de una primera muestra colectiva a Arte BA 2008, pasando fugazmente por la planta alta de El Levante.

Cabe destacar, por su excelencia artística y de diseño de montaje, a Cordón Plateado, a cargo del grupo NiNovedismo. Este es sólo uno de los desprendimientos independientes surgidos de una Escuela de Bellas Artes universitaria desactualizada y paralizada por sus propias divisiones internas y por los conflictos ideológicos que la institución arrastra desde la inmediata posdictadura. Esterilidad que se compensa en parte con las iniciativas autónomas emprendidas por docentes, por alumnos y hasta por la misma institución. En este último sentido cabe señalar la relevancia que viene adquiriendo la sede de Rectorado de calle Italia, donde se exhibieron este año muy buenas muestras de pintura de graduados de la Escuela de Bellas Artes de la UNR. Entre los espacios independientes creados y coordinados por sus docentes, se cuentan La Caverna y El Levante. Por sus alumnos o ex alumnos: el ya mencionado Cordón Plateado (que se mudará en el 2008 de la casa de Juan B. Castagnino) y la poco difundida pero activa Casa del Mirador (Dorrego 693).

El CAMP es un espacio independiente alternativo muy vital y de gran calidad, la obra de uno de cuyos gestores, Alejandro O'Shea, fue legitimada desde la Fundación Castagnino a través de un premio adquisición a "Proyectiles". A partir de una muestra en el CAMP en el año 2006 (Cochet contemporáneo), María Eugenia Prece, otra de sus gestoras junto con Diana Ivern, sumó investigación y curaduría al proyecto de otro grupo independiente: con su colaboración, la Asociación Amigos del Museo "Gustavo Cochet" de Funes transformó en museo la casa de Cochet en Funes. Se reiteran así los movimientos históricos que fundaron el campo artístico de Rosario: grupos que crean sus propias instituciones. De algún modo, se recomponen las alianzas de clases que fundaron las instituciones locales. El Círculo, entidad ya tradicional, mantiene junto al Teatro su sala Trillas, donde pudo verse la mejor muestra individual de fotografía del año: The Wall, de Marita Guimpel. Y también tuvo lugar allí una excelente muestra de pintura de Rosa Aragone, artista rosarina capaz de tratar temáticas contemporáneas con un lenguaje moderno. Ambas hubieran podido tener mayor difusión. Otro espacio: el Museo La Capital, perteneciente a la Fundación La Capital (no al diario) presentó a comienzos de año 10 invitaciones premeditadas y consentidas, donde Mariana Tellería demostró una madurez artística digna de ser destacada.

El proyecto Cultura Pasajera del Pasaje Pam perdió un espacio que tenía una breve pero rica historia: la trastienda de la librería Imaginen todo. Pero ganó un ámbito novedoso: el Cubo Blanco y su correspondiente trastienda comercial. Tuvo su pico de máxima calidad y coherencia artística en julio, con la muestra de Maximiliano Rossini (en el Cubo Blanco), Delia López Zamora (en el Ex﷓pacio Rivoire), Daniel Oberti (vitrinas), Virgina Negri (claraboya y oportuno happening de nieve) y el peruano Giancarlo Scaglia (video en Marasca Trip Gallery, baños del Pasaje). Y decayó al cederle esta magnífica estructura a una galería porteña, que trajo artistas de Buenos Aires que no igualan en calidad a muchos de los rosarinos.

Lamentable, el incendio de la Casa del Artista Plástico. Paradoja: sirvió para visibilizarlo. Entre las pérdidas del año, es imposible no volver a mencionar a Fontanarrosa, dibujante que con su línea inconfundible supo magistralmente narrar, expresar, hacer reír y construir volumen y espacio. Rosario también se fue despidiendo de Krass Artes Plásticas, tal cuál se la conocía, última sobreviviente de la época de oro de las galerías rosarinas. Resiste a pie firme, con una proyección nacional e internacional de envergadura, la galería Arte Privado, de Silvia Guidotti, secundada bastante de lejos por Stein, que este año mantuvo un perfil más bien bajo. Este breve panorama muestra la increíble carencia de galerías comerciales de arte en la ciudad. Algo inconcebible teniendo en cuenta, por un lado, la riqueza de producción artística de alta calidad de los últimos años, y por otro el hecho de que ha empezado a funcionar un renovado impulso del coleccionismo local. Son coleccionistas de arte contemporáneo que en muchos casos se ven obligados a comprar obras de rosarinos a galerías porteñas.

Entre las escasas publicaciones y trabajos de escritura e investigación se cuentan la revista Separata, de Guillermo Fantoni y Adriana Armando, con un excelente artículo sobre Juan Grela, y las publicaciones del Museo Castagnino + MACRo: el libro de la Colección histórica del Museo Castagnino y Juan Grela: Arte y compromiso, editado por la Fundación Mundo Nuevo. Sobresale entre los artistas jóvenes como escritor David Nahón, autor de algunos buenos artículos y varios textos de catálogo. Pese a todo eso hay una deuda pendiente en el campo de la crítica, ya que exceptuando las mencionadas y el trabajo de este medio no hay mucha producción publicada en el ámbito de la escritura local. Para contrarrestar una asfixiante falta de debates reales, ha surgido el fotolog como una nueva modalidad del diálogo, tendiente a generar espacio, comunidad y vínculos hacia afuera de Rosario.

Fueron éxito comercial y de público en Buenos Aires los artistas rosarinos de la muestra inaugural de Angel Guido: Eduardo Serón, Marcelo Villegas, Silvia Lenardón, Mauro Guzmán y Sebastián Pinciroli. Entre los ocho seleccionados del Premio Petrobras Arte BA 2007 estuvo Adrián Villar Rojas. En el preciado Curriculum Cero fueron seleccionados dos rosarinos: Maximiliano Rossini y Evangelina Cipriani. Entre los rosarinos que este año lograron una proyección internacional, se hallan Eugenia Calvo, Román Vitali, Claudia del Río y Carlos Herrera, quien además de proyectarse con su producción, en su nuevo cargo espera poder internacionalizar el Castagnino+ MACRo como desafío de este 2008 que recién comienza.

Con la colaboración de Nancy Rojas.

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Juan Grela, el más homenajeado.
 
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