CULTURA / ESPECTáCULOS › UNA IDEA DEVORADORA, DE EUGENIO AMPUDIA, EN EL MACRO

La entrañable transparencia

El español presenta una muestra con curaduría de Mariano Navarro, que podrá visitarse hasta el 24 de junio en el Macro. Además, a partir de una broma, el artista donó a la ciudad su obra "Che Dalí", díptico gráfico con la pareja.

 Por Beatriz Vignoli

"Se terminaron los ejercicios de estilo", declaró el pasado 15 de abril Eugenio Ampudia (Valladolid, España, 1958) en su visita a Rosario, ante sus ocasionales alumnos de taller. "En este momento, la única posibilidad que tenemos los artistas es la de contar cosas". Ampudia vino acompañando la inauguración de su muestra retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Oroño y el río), inaugurada el jueves 17 de abril. Titulada Eugenio Ampudia, una idea devoradora, con curaduría de Mariano Navarro, diseño de montaje y de catálogo por Andrés Mengs y diseño de montaje por Juan Perassi, la muestra ocupa seis pisos del Macro y podrá visitarse hasta el 24 de junio próximo. Fue organizada por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior de España (Seacex), el Macro y Artium, Centro﷓Museo Vasco de Arte Contemporáneo, junto a la Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y el Gobierno de Aragón.

El 15 y el 16 de abril, el artista ibérico brindó un taller de "Tecnologías domésticas" en el Centro Cultural Parque de España. Participaron con entusiasmo unos veinte creadores audiovisuales de la ciudad, algunos de bastante trayectoria como Arturo Marinho o emergentes ya reconocidos como Leandro Yadanza; otros, y otras, auténticas revelaciones. En otra actividad organizada en esos días por la misma institución, el curador de la muestra disertó brevemente sobre su propio trabajo. Tarea nada fácil de resumir si se tiene en cuenta que Mariano Navarro "comisarió" cuarenta exposiciones en diez años. Navarro mencionó sus temas recurrentes: su propia generación, es decir, la de los años setenta; la pintura, y la política. Aclaró que de ningún modo cabe considerar a un curador como una especie de artista.

La muestra de Ampudia gustó a un público de artistas "contemporáneos" (vale decir, relativamente jóvenes y reconocidos) que miraban fascinados una y otra vez la piece de résistence, en el primer piso. La verdad es una excusa (2007) fue compuesta a partir de una selección refinadísima de entre un vasto material documental internacional sobre el éxodo de los republicanos españoles en 1939. El artista eligió, de entre las desgarradoras imágenes de civiles españoles huyendo con lo puesto bajo las bombas franquistas, sólo aquellas tomas que podían ser pasadas para atrás, e hizo precisamente eso: las pasó para atrás. El efecto es simbólicamente restitutivo: hombres, mujeres y niños regresan lentamente al país que los expulsa, pero, como señala Navarro, "de espaldas, orgullosos".

El video "funciona" muy bien junto a un flamante objeto, también restitutivo, un ready made que Ampudia creó cortesmente in situ: una bicicleta negra es su homenaje a la serie de siluetas de bicicletas pintadas en el espacio urbano por Fernando Traverso evocando a sus compañeros montoneros desaparecidos. Esas obras no formaron parte de la primera edición de la muestra, realizada en ARTIUM hace dos años, ya que por un criterio curatorial se incluyeron aquí piezas realizadas por el artista recientemente. De ese modo surgió esta "sala política" que no estaba en el diseño original de la muestra. Este fue elaborado por Navarro a partir de borradores provistos por el artista según un eje que tenía que ver con el comentario sarcástico ante las condiciones del arte como institución.

Sí se incluía a Che Dalí (1991), díptico gráfico donde Ampudia forma una improbable pareja entre Salvador Dalí y el Che Guevara. O al escalofriante fantasma de Joseph Beuys logrado en la videoinstalación Chamán (2006), que abre la muestra. Otra pieza emblemática es El perro de Tonetty (2006), que marca su territorio a la entrada de la exposición. "Si hubiéramos sabido lo de los perros comunitarios en Rosario, la hubiéramos titulado El Perro Comunitario", se lamentaba Navarro. Las cortesías no terminaron allí. La noche de la inauguración, entre comentarios a Che Dalí, surgió en la mesa del festejo en la terraza del bar Davis una especie de broma. "Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia...", canturreaba Mengs. "Debiéramos regalarla, ¿no?", levantó el guante Ampudia, quien no paraba de armar cigarros con tabaco en hebras, la densidad de cuyo humo competía con el de la quema de pastizales en las islas aledañas. Pero la cosa iba en serio: en Rosario se queda nomás Che Dalí, donación de su autor.

En resumen, Eugenio Ampudia pertenece a la estirpe dadaísta de artistas, o de antiartistas, que, como Marcel Duchamp y al decir de Donald Kuspit, producen "la obra de arte instantánea" en términos de su recepción. No así de su realización, que en el caso de Ampudia suele implicar largas horas de trabajo de posproducción, retocando frame por frame sus videos intervenidos. Entre el cómico vértigo de Prado GP (video, 2008) y la calma posibilidad de contemplar un mar con arena verdadera bajo los pies que ofrece Impression, soleil levant (2007, videoinstalación que por otra parte es una meditación tan cruel como melancólica sobre la presunta obsolescencia de la pintura de caballete) se extiende un sentido del tiempo que abarca velocidades tan diversas como las del deporte, las de las nubes y las del agua. Algo escapa al chiste conceptual o al control sobre los efectos y es esta masa viva de experiencia: el tiempo. Así, no es sólo la buena historia o la buena idea lo que cuenta, sino cómo se hace carne en la vida de quien mira.

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Che Dalí, la obra que Ampudia legó al patrimonio de Rosario.
 
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