CULTURA / ESPECTáCULOS › 88 MINUTOS, FILM DE JON AVNET CON AL PACINO

Contar el tiempo para que termine

 Por Leandro Arteaga

88 minutos: 3 puntos

(88 Minutes. EEUU/Alemania, 2008)

Dirección: Jon Avnet.

Guión: Gary Scott Thompson.

Intérpretes: Al Pacino, Alicia Witt, Leelee Sobieski, Amy Brenneman, William Forsythe, Deborah Kara Unger.

Duración: 108 minutos.

Salas: Monumental, Del Siglo, Showcase, Village.


"¿Te das cuenta de lo ridículo que suena todo esto?", le grita el agente Frank (William Forsythe) a su colega, el doctor Jack Gramm (Al Pacino). Pareciera que el agente del FBI se toma un respiro y, atinadamente, dice lo único coherente a lo largo de este film de, lamentablemente, mucho más de 88 minutos de duración.

Gramm supo testimoniar, hace nueve años, de modo concluyente para el veredicto de pena de muerte del malvado Jon Forster (Neal McDonough). Sesiones de tortura encapuchada, más una historia personal que el doctor recuerda constantemente, explican la perseverancia del psiquiatra y profesor para la condena del asesino. O eso es lo que parece.

Porque una vez que el convicto tome contacto con las cámaras televisivas, y ponga en duda la veracidad del psiquiatra junto con la evidencia de algún que otro equívoco del doctor, provocará la posible redención de su condena más la reversión de la estima social hacia el profesional. Todo un lío.

Pero no es ése el problema. Sino que lo que sucede es tan poco sensato, que pareciera que el film nos invita a asistir a un relleno ridículo de situaciones. Porque Gramm, vía teléfono, será sentenciado en vida. Sólo 88 minutos para que expire y, entonces, abandone su trabajo, sus amores, sus investigaciones. En medio de tanta paranoia, Gramm comenzará a sospechar, también, de sus estudiantes.

No hay, dado el caso, un nexo creíble entre el lapso de tiempo estipulado y la duración con la que el montaje de la película juega. Parecieran correr por vías diferentes. No porque el film no se atenga a una sucesión horaria "real", sino porque lo que sucede es inverosímil. Tal vez, para buscar un título inmediato como contra-ejemplo, valga pensar en Tiempo límite (1995, John Badham), donde la premisa temporal de los 90 minutos y la promesa de una muerte, funcionaba mejor. Además, también ayudaba el protagónico de Johnny Depp.

Porque ni siquiera volver a ver a Al Pacino puede significarnos retribución alguna. ¿Por qué, entonces, la elección de películas semejantes por el gran Pacino? En otras palabras, y con los 88 minutos ya ocurridos, poco nos queda por agregar de un film que apela al efectismo, a las resoluciones retorcidas. Situación de desenlace argumental de la que se ha viciado, desde hace bastante, el suspense cinematográfico. Como si ello constituyese -si no una burla- una suerte de "sorpresa" al espectador desprevenido.

El director, Jon Avnet, tiene en su haber un film digno: Tomates verdes fritos (1991). No mucho más. Su último trabajo había sido Justicia roja (1997), con Richard Gere.

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Ni siquiera la presencia de Al Pacino salva la película.
 
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