CULTURA / ESPECTáCULOS › EL INVITADO, CON EL NOTABLE DANIEL AUTEUIL

Una cena de negocios y de ironías

 Por Leandro Arteaga

El invitado. (L'invité). Francia, 2007

Dirección: Laurent Bouhnik.

Intérpretes: Daniel Auteuil, Valérie Lemercier, Thierry Lhermitte.

Duración: 86 minutos.

Salas: Monumental, Del Siglo, Showcase, Village.

7 (siete) puntos

La sola presencia del magnífico Daniel Auteuil basta para acercarse al cine. Siempre. Cualquiera sea la película. No hay papel que el actor francés -de 58 años, con más de 70 títulos interpretados, laureado entre otros festivales en el mismo Cannes por su composición en El octavo día (1996, Jaco van Dormael)- no sea capaz de sobrellevar. Algunos de sus últimos títulos, que hemos podido ver en la cartelera comercial, nos recuerdan obras maestras como El adversario y Caché (del controvertido Michael Haneke), más el encuentro cumbre con Gerard Depardieu en el policial negro El muelle, o las incursiones en el terreno de la comedia que proponen Mi otro yo y Mi mejor amigo. Vínculo que nos permite referirnos, ahora, a El invitado.

Porque el tono del film en cuestión no deja de ser similar desde su ritmo pausado, tranquilo, propio de una comedia de situaciones que se desarrolla sin montaje frenético ni personajes gritones ni efectismos burdos. En El invitado nos encontramos con una historia que, por sí sola, despierta un interés que no resulta ajeno, dada la desesperación de sus personajes por conseguir un trabajo.

En el film de Laurent Bouhnik asistimos a los preparativos alocados de una pareja por recibir, con una cena digna y en su propio departamento, al gerente que determinará el futuro laboral de Gérard (Daniel Auteuil). Pero la precipitación se tornará aún mayor cuando no sólo las goteras inoportunas comiencen a mojar el parquet, sino desde el momento en el cual el vecino diligente (Thierry Lhermitte) comience a aconsejar desde su experiencia en asesoría de imagen.

Entonces, los cuadros son de mal gusto por ser réplicas, los trencitos que deambulan por la casa (pasión bellísima de Gérard) deben ser desmembrados, las copas para el buen vino -junto con éste- deben comprarse, corregir el modo de hablar es imperante, vestir y peinar a la esposa es fundamental (la estupenda Valérie Lemercier), simular, en suma, que se corresponde uno con una esfera que se desconoce será el camino que presumiblemente permita a Gérard obtener el contrato y el trabajo.

Y aún cuando sea el tono cómico el que prevalezca, en el film estará presente el ojo inquisidor, vía cámaras espías que vigilan al postulante desempleado, que analizan sus gustos y reacciones, que invaden el hogar y la privacidad en busca de la satisfacción empresarial. Todos rasgos que delinean un mundo tan actual como neoliberal, acorde, aunque desde otros parámetros narrativos, con el que nos denunciara uno de los mejores últimos films en cartel, también francés: La cuestión humana, de Nicolas Klotz.

Hay tal entendimiento entre los intérpretes de El invitado que bastan los créditos finales para observar y reír con la selección de tomas equívocas que el film nos regala. La diversión que comparten los protagonistas se nos revela, justamente, como el mejor ingrediente. Un aderezo, podríamos decir, que se celebra.

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El invitado ofrece el placer de estupendas interpretaciones.
 
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