CULTURA / ESPECTáCULOS › TEATRO. "LA OMISIóN DE LA FAMILIA COLEMAN", EN LA SALA DEL PARQUE ESPAñA.

Verdaderos secretos de familia

El texto y la dirección de Claudio Tolcachir volvieron a arrancar aplausos anoche en Rosario. La obra, consagrada ya en diversos festivales, expone su trama en la larga tradición argentina de complejos retratos familiares.

 Por Julio Cejas

La temporada teatral del Centro Cultural Parque de España abrió con "La omisión de la familia Coleman", uno de los espectáculos nacionales que pueden considerarse como de visión imprescindible por sus múltiples lecturas y por el recorrido que tuvo la obra desde su estreno hasta la fecha. Marca en principio el debut como dramaturgo, del actor y director Claudio Tolcachir, responsable de un trabajo que más allá de sus códigos de puesta enmarcados dentro de una reconocida poética del teatro porteño de los últimos años, podría considerarse heredero de una tradición de autores rioplatenses que abordaron en distintas épocas el conflictivo tema de la familia.

No es casual que en la cobertura de la crítica teatral argentina de las últimas décadas, reaparezcan nombres como Florencio Sánchez o Armando Discépolo, ya sea a partir de reposiciones de algunos clásicos como "Stéfano" o en algunas indagaciones experimentales como "De mal en peor" de Ricardo Bartis.

Lo interesante del nuevo enfoque del que parten las nuevas generaciones de teatristas argentinos para abordar una relectura de sus antecesores es la persistencia en la búsqueda de una identidad que parte de la familia para indagar acerca de la historia política de un país que siempre se desliza a partir de interrogantes que le impiden constituirse armónicamente a pesar de sus proclamados "lazos de sangre".

Y es precisamente la sangre uno de los temas que sobrevuelan los íntimos secretos de la familia Coleman, una de las tantas omisiones que les permite seguir sosteniendo una fachada que a fuerza de amordazar interrogantes les sirve de tabla de salvación, pero no la redime de un inminente naufragio.

La sangre que constituye los lazos fundacionales de esa familia se bifurca a partir de hijos provenientes de distintos padres como Marito y Verónica que sólo comparten una misma madre, Memé, con sus hermanos Dami y Gabi.

Una vez más la ausencia del padre que en el caso de los Coleman es otra de las grandes omisiones, vuelve a instalarse en la problemática del teatro contemporáneo que desde "Postales argentinas" y "Hamlet", ambas de Bartis, sigue interrogandose acerca de las similitudes entre los conflictos familiares y las crisis políticas.

Pero en el caso de la obra de Tolcachir el enigma de la sangre se complejiza a partir de uno de los personajes clave de la obra: Marito, que es el desterrado,y que ocupa el lugar del loco o el enfermo, sitio al que las sociedades y las familias han condenado a los que pueden desbaratar con sus cavilaciones el entramado oculto de un secreto compartido.

En "La omisión de la familia Coleman", el secreto permanece custodiado por la abuela que es el único vestigio de ordenamiento en los momentos de caos que son permanentes y que justamente terminarán imponiendose a partir de la muerte de el único personaje que pareciera garantizar la cohesión familiar.

A diferencia de "La nona" de Roberto Cossa, donde la abuela terminaba devorándose a todos los integrantes de la familia, en el texto de Tolcachir, los Coleman dependen de esa "gran madre" para legitimar un tenso acuerdo de convivencia.

Solamente su nieta Gabi podría sustituirla ya que es la única que se hace cargo de todas las responsabilidades pero a costa de perder su identidad y por eso abandona la empresa con la esperanza de encontrar en Hernán una salida al mundo exterior.

Un mundo que está obturado y del cual la familia se ha preservado en esa especie de castillo sin comunicación al exterior, lo que nos recuerda a esa otra familia congelada e imposibilitada de cambiar su destino de la obra de Carlos Gorostiza "El patio de atrás" (1994).

Hay que destacar el desafio por la que atravesó la obra de Tolcachir, estrenada en su sala original "Timbre 4", que en realida es parte de la casa del propio autor y que forma parte de un PH interno de Boedo, al que se accede a partir de un largo pasillo en cuyas paredes algunos carteles advierten al público guardar silencio a la salida para no "molestar a los vecinos".

La puesta pasó después a girar por grandes salas convencionales, llegando a presentarse en diversos festivales internacionales como el "Festival Latino de Nueva York", el "Iberoamericano" de Cádiz, "Santiago a Mil" de Chile o el Festival Automne en Normandie de Rouen (Francia), sin que perdiera el intimismo generado por la versión original.

Esto se debe a la ingeniosa recreación que el propio director fue realizando a partir de los diferentes espacios donde tuvo que adaptar su propuesta que cuenta con la garantía de un elenco de jóvenes y dúctiles actores.

Lautaro Perotti, Diego Faturos, Tamara Kiper, Miriam Odorico, Inda Lavalle y Araceli Dvoskin, son responsables directos de preservar el clima generado en aquella vieja casona donde el público parecía ser parte de la atribulada familia.

Más allá de las buenas interpretaciones y el acierto de un texto como el de Tolcachir que también es el responsable del ritmo y las marcaciones de los actores, el recorrido de la obra y del grupo desbarata otro de los mitos que se plantean muchos de los teatristas de las pequeñas salas independientes.

Se puede entonces desde un sitio alejado de las grandes salas comerciales, generar un producto sin gran despliegue de producción y con actores no reconocidos por el "gran público", que trascienda los acotados marcos del lugar en el que fue concebido y sea reconocido por otros espectadores.

El público que asistió a las funciones de "La omisión de la familia Coleman" en el Centro Cultural Parque de España, ratificó con su aplauso la efectividad de una gran obra del teatro independiente porteño.

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Los actores son responsables también de conservar ese tono intimista con el que se concibió el trabajo.
Imagen: Alberto Gentilcore
 
ROSARIO12
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