CULTURA / ESPECTáCULOS › BEATRIZ VIGNOLI PUBLICó EL TíTULO DE POEMAS BENGALA, NACIDO EN 2001.

La fiesta final para el objetivismo

La escritora descree de la abstracción del lenguaje: "Para sentir que mis poemas son mi palabra los tengo que anclar".

 Por Edgardo Pérez Castillo

Para Beatriz Vignoli, la publicación de Bengala tiene un significado más profundo que el de darle cuerpo a una serie de poemas bellos, sorprendentes, precisos, conmovedores. Para la escritora, el flamante libro editado por Bajo la Luna puede funcionar como el cierre de una etapa (extensa, rica) que ya no la representa. Para Vignoli, Bengala podría marcar el fin del objetivismo.

En esta nueva obra se reúnen algunos versos escritos en los 80 junto a otros firmados hace apenas algunos meses, permitiendo que la despedida sea completa. Sin embargo, hay núcleos contundentes en Bengala, obra que comenzó a tomar forma allá por 2001, después de la autora publicara Viernes. "En ese momento empecé a trabajar en este nuevo libro, que de alguna manera abarcó todo una serie de momentos históricos muy fuertes. De hecho el título, la imagen de la bengala, es de ésa época, es algo que ví mientras estábamos festejando el Año Nuevo a pocos días de todos los horrores que habíamos pasado. En estos poemas que publico en el libro trato de ver las cosas desde un ángulo que no sea el típico que tuvo la clase media en aquel momento. Pensar, por ejemplo, en los saqueos desde el punto de vista de los saqueadores, de toda esa gente que estaba muriéndose de hambre. O la represión desde el punto de vista de la persona que quedó desangrándose arriba de una camioneta", comenta la escritora.

"Después seguí trabajando y la realidad me iba superando --admite--. Ya tenía el contrato firmado con la editorial, el libro se iba a llamar Bengala, y tres años después pasó todo el horror de Cromagnón. Entonces el emblema de la bengala se resignifica y eso a su vez me lleva a seguir comprometiéndome con esta realidad precaria y terrible del país. En el medio también pasaron muchas otras cosas. Me acuerdo que en el 2002 Alejandro Schmidt hizo circular una especie de carta abierta donde nos pedía a todos que no nos fuéramos del país. Era muy emotiva, porque hablaba de echar raíces a pesar de todo. De ahí surgió el poema `No te vayas`, en donde el primer verso es el último verso de uno de los poemas de Viernes. Lo que hago es resignificar el `no te vayas`, que en Viernes era canción de amor, bien lírica, con alguna posible lectura política. En cambio este `no te vayas` es bien épico, es una segunda persona del singular que podría ser perfectamente en plural".

La resignificación es algo que Vignoli asegura sostener, además, dentro de su misma obra. "E incluso dentro de diversas disciplinas", remarca Vignoli, que se reconoce afín al "gesto vanguardista de romper el discurso, quebrar lo lineal y monolítico, abrir el sentido, generar hasta un humor desde ese lugar". Ese concepto marca la obra Rosas en llamas en una urna de vidrio con la que, desde ayer, Vignoli participa de la muestra colectiva Destructivo Arte en el Centro Cultural Borges. Allí presenta un collage con fragmentos de papeles, anotaciones, cartas, fotos, panfletos de los años 60, y demás elementos que, dispuestos en capas, permiten que el espectador pueda darle un sentido a las palabras.

Un sentido que puede ser múltiple, según admite Vignoli: "Porque está tan abierto que cualquiera puede leer muchas cosas diferentes. Este concepto de obra abierto también lo trabajo en mi poesía. Trato que mi discurso no sea unívoco. Al mismo tiempo trato de que el poema no sea ni épico ni lírico, que sea un poco de las dos cosas".

En Bengala (que puede conseguirse en las librerías Buchín, Oliva y Ross), los textos se dividen en cuatro secciones: "Cool light", "Heredad", "Metamorfosis" y "Poemas argentinos". Ya sea en las imágenes destiladas en la primera , en el carácter más íntimo de "Heredad" o en las relecturas míticas de "Metamorfosis" (sección inspirada en el Mito de Dafne de Ovidio), Vignoli no se propone bajadas de línea, algo a celebrar de cara a los versos más politizados de "Poemas argentinos".

"Como poeta, y como artista, siento que mi tarea es parecida a la de las sondas Voyager que mandan a los distintos planetas, que juntan piedritas del suelo en Marte --grafica la autora--. Es ése bicho de metal que se toma el trabajo de moverse a otro planeta y trae las piedritas. Después decí lo que quieras de las piedritas que traje. Siento que de otra manera mi palabra tendría poco valor, porque en la abstracción podemos decir cualquier cosa. En la abstracción el lenguaje es de todos y es de nadie. Para sentir que mis poemas son mi palabra de alguna manera los tengo que anclar en esos detalles de la experiencia, en esos mínimos detalles que a lo mejor son significativos, porque son lo Real, y que justamente es lo más fácil de perder, de extraviar, de olvidar".

En su conjunto, Bengala podría marcar además un quiebre en la búsqueda literaria de Vignoli, que ríe al momento de endilgarle a "Posición", escrito a fines de 2008, el título de "el último poema objetivista". Aunque, más allá del rótulo humorístico, aclara: "Escribí `Posición` con esa intención. Basta, ya está con el objetivismo, no tengo ninguna deuda pendiente".

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Beatriz Vignoli plantea "romper el discurso, quebrar lo lineal y monolítico, abrir el sentido".
 
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