CULTURA / ESPECTáCULOS › GREENBERG, DE NOAH BAMUBACH, UNA BOCANADA DE AIRE

Con clima de una tormenta apagada

 Por Leandro Arteaga

Lo mejor del cine norteamericano ocurre por sus márgenes, por fuera de un mainstream cada vez más banal y predecible. Es el caso de aquellos realizadores que, aún cuando puedan alguna vez hacer coincidir sus proyectos con los nombres de estudios o artistas de relieve, continúan oxigenando un aire cinematográfico que parece siempre igual, desde historias cercanas, casi breves, sin prédicas ni esteticismos.

Tal es el caso del cineasta Noah Baumbach (1969), usual guionista de Wes Anderson (Vida acuática, Fantastic Mr. Fox), capaz de convertir sus propias experiencias de vida en formas de neurosis fílmicas, de una manera particular con Historias de familia (The Squid and the Whale, 2005), más la tematización que sobre lo familiar tanto Margot at the Wedding (2007, con Nicole Kidman, Jack Black y Jennifer Jason Leigh) como la reciente Greenberg significan.

Roger Greenberg (Ben Stiller) sale del reposo psíquico de una clínica para dedicar el tiempo a hacer nada, mientras cuida la lujosa casa de su hermano en Los Angeles, durante sus vacaciones familiares en Vietnam. Florence (Greta Gerwig), por su parte, es quien asiste las necesidades domésticas de los Greenberg, vigía y ángel que cuidará las espaldas del temperamental Roger, aún cuando ninguno de los dos sea conciente de ello. Entre ambos, entonces, un vínculo que comienza a entretejerse desde fragmentos al pasar, por medio de casualidades en forma de llamados telefónicos, vecinos desconocidos, la salud del perro, más historias personales que dan cuenta de pasados similares, irresueltos, que nada dicen de modo explícito pero que mucho agregan hacia sus protagonistas.

Es en esos momentos fortuitos, desde el sin querer, donde mejor se expresa el film de Baumbach, cuando parecen emerger tanto el afecto como la violencia contenidos. A través de palabras o de gestos, sin demasiado acento en causalidades retóricas, la relación entre Roger y Florence recuerda aquella otra, surreal y tan bella, que pergeñara Paul Thomas Anderson en Embriagado de amor (2002), a través de Emily Watson y Adam Sandler. Así como en aquel film, algo de cariz surreal también atraviesa las miradas, por momentos desenfocadas, de los personajes de Baumbach.

En función de esta composición de situaciones, de sus lazos afectivos, de las rupturas y de los demonios internos, es desde donde aparecen las buenas interpretaciones, con un Ben Stiller que obliga al espectador a olvidar rápidamente su estereotipo de actor cómico, algo que también sucedía con el espléndido Jeff Daniels de Historias de familia. Es un clima de tormenta apagada el que corroe a Roger, escondido en brotes de pastillas o en el oficio de la carpintería. Así como también el que paulatinamente aparece en Florence, desde una sonrisa que es mezcla de ternura con dolor. Hay cartas que se escriben, golpes de martillo sobre maderas, pero la mejor carta, el mejor clavo, son los que el film guarda para su final.

Greenberg. 7 (siete) puntos.

EE.UU., 2009

Dirección: Noah Baumbach.

Guión: Noah Baumbach, Jennifer Jason Leigh.

Fotografía: Harris Savides.

Montaje: Tim Streeto.

Música: James Murphy.

Intérpretes: Ben Stiller, Greta Gerwig, Jennifer Jason Leigh, Rhys Ifans, Mina Badie, Chris Messina.

Duración: 107 minutos.

Solo disponible en DVD

Compartir: 

Twitter
 

Ben Stiller logra trascender el arquetipo de actor cómico.
 
ROSARIO12
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.