CULTURA / ESPECTáCULOS › SE PRESENTó EL NúMERO 4 DE LA REVISTA ROSARINA EN VOZ ALTA

El semillero de la literatura

Sin exagerar, podría decirse que "En voz Alta" huele a espíritu joven. Salvo por un par de excepciones, en general los relatos son autobiográficos de calidad literaria. La acción de casi todos los textos, narrativos o poéticos transcurre en un mundo cerrado.

 Por Beatriz Vignoli

Ayer, en el subsuelo del bar La Sede (San Lorenzo y Entre Ríos), se presentó el número 4 de la revista de narrativa y poesía En voz alta. "Sí, sí... esa revista para la que hace más de medio año largo mandaron sus cosas y hace unos cuantos meses les dijeron que los habían seleccionado porque sus relatos o poesías estaban buenísimos. La misma que pensaron que había explotado o simplemente les había plagiado sus textos para traducirlos al polaco y venderlos en el mercado de allá, que le gusta el contrabando de escritores radicados acá", decía el mensaje de invitación los colaboradores, escrito con el mismo vuelo fantasioso que impulsa la escritura novelesca de sus editores/autores.

El evento sirvió para reunirse, presentar la revista, informar de novedades en cuanto a la misma e invitar a colaboradores pasados y futuros a enviar textos para el próximo número. Contó con un interesante un micrófono abierto de lecturas de poesía y narrativa de varios autores, que culminó con un número musical a cargo del dúo acústico Cruela.

"No es joda. Tenemos el cuarto", se leía en el volante junto a la fecha, que coincidió con la del Día de los Inocentes y reunió a los editores María Eugenia Arpesella, Daniel Basilio, Germán Carbajales, Nicolás Doffo, Analía Lardone y Felipe Nicastro, y a los colaboradores: Lisandro Aira, Violeta Barni, Federico Bertero, Germán Bluhn, Bortol, Micaela Cesatti, Carolina Gabin, Agustina García, Ramiro García, Walter Hugo García Da Rosa, Verónica Laurino, Malén Lecuona, Meli Llovera, Paula Loles, Clara López, Camila Marconetti, Alvaro Marrocco, Agustín Martínez, Laura Oriato, Ariel Osuna, Emanuel Picone, Leandro Rodríguez, Virgnia Sotti, Soledad Vela Sánchez y quien suscribe. Un logrado diseño de Cristian Tournier otorga unidad visual a este número 4, profusamente ilustrado en blanco y negro y con un espacio importante para el cuento.

"Huele a espíritu adolescente", se lee en uno de ellos y, sin exagerar, podría decirse que En voz Alta huele a espíritu joven. Salvo por un par de excepciones, en general los relatos son autobiográficos de calidad literaria, o parecen autobiográficos. Abundan las confesiones intimistas de experiencias cotidianas, sobre todo amorosas y poco felices. La sensación que deja la lectura es que la acción de casi todos los textos, narrativos o poéticos (y hay bastante poesía narrativa) transcurre en un mundo cerrado. Es decir, ese universo social juvenil casi herméticamente circunscripto por la brecha generacional. Impresión no del todo exacta, ya que Walter Hugo, esta cronista y Verónica Laurino pertenecen a la generación intermedia. Laurino luce el personal universo desencantado de sus aforismos y novelas. Su serie de haikus Animal Planet de haikus es de un humor negro y una concisión admirables: "Las hembras cazan / los machos comen y / los buitres esperan". "Existen las ranas peludas / en un frasco / de una Universidad".

Prevalece por lo demás la frescura de una poesía o una estampa de la inmediatez, breves apuntes del instante, donde si hay un pasado estable o una perspectiva histórica es de la desmemoria o los muertos: "Lo segundo más agradable para hacer frente a un espejo es desaparecer. / Lo primero es reír. / Me olvidé de todo. / Dejá esos cadáveres quietos. / Decí lo que la memoria ciega te quiera preguntar", escribe Agustín Martínez.

El narrador del cuento futbolero "Bendita sea tu zurda", por Ramiro García, exhibe una voz con fuertes marcas anacrónicas, situada claramente en el registro de la parodia. "Con Palito Salvatierra nos conocemos desde pibes, compartíamos banco en la Manuel Belgrano, hicimos toda la primaria y la secundaria en la misma división, hasta debutamos juntos con la misma puta en un piringundín que estaba enfrente de Rosario Norte. Discúlpeme si me persigno antes de contarle la historia de Palito". Es un cuento extenso y que exhibe una abundante información, es decir: muy bien investigado (¿o realmente es la obra de un ñubelista fanático, o ambas?). Fue escrito en respuesta a un desafío del Negro Fontanarrosa: "Un día, charlando con Jorge Valdano, le confié que si Dios hubiese depositado sobre mí la pesada carga de ser hincha de Ñuls, yo hubiese escrito, sin duda, algún cuento sobre esa final del 74 en cancha de Central".

Otro muy buen texto límite entre el falso documental y la ficción, aunque mucho más esquivo de definir dado que sostiene todo el tiempo un verosímil de tesis o artículo académico de investigación, es "Mouret y las palabras de Peirot", un sutil experimento borgeano donde Nicolás Doffo reseña la obra literaria imposible, y por supuesto ignota, de un obsesivo extremo, logrando casi convencer de que realmente fue escrita y leída. Es el cuento perfecto para leer un 28 de diciembre: ficción casi en el límite del fraude intelectual, del que se salva por la hipérbole y el absurdo. Su Moiret pertenece a la misma raza de "Pierre Menard, autor del Quijote". Pero el estilo del relato es mucho menos ambicioso y sólo busca el verosímil racional de un cierto orden del discurso.

En una extraña inversión de lenguajes, se incluye una reseña crítica monográfica de María Eugenia Arpesella: "Muere joven y deja obra. La vida breve de Andrés Caicedo", una biografía literaria histórica cuyo estilo se parece más al de un cuento o una crónica. Por su parte, "Pulsión parquimetral", de Daniel Basilio, parodia el género de la ciencia ficción, mientras que Walter Hugo propone una fábula sobre la envidia y la hipocresía en "La gran promesa del fútbol rosarino". De hecho la misión de la revista se centra principalmente desde el primer número en difundir la obra de autores jóvenes. Una crónica de la presentación del número 3 y una lista de talleres literarios dan cuenta de los ámbitos que son semillero de la literatura local, de la que "E. V. A." es una muestra.

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El número 4 está ilustrado en blanco y negro y con un espacio importante para el cuento.
 
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