CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. ENTRE LAS EXPOSICIONES SOBRE EL BICENTENARIO Y LOS ESPACIOS ALTERNATIVOS.

Un año de renovaciones y revisiones

Por un lado, las muestras de arte contemporáneo con temática histórica tendieron hacia la más trillada y acrítica ilustración escolar, por otra parte tanto las ponencias como las muestras ad hoc enriquecieron la mirada del público.

 Por Beatriz Vignoli

El año del Bicentenario no pasó para ser evaluado en meros términos estéticos. Doscientos años de patria también representaron una responsabilidad para gestores culturales, instituciones y artistas en Rosario. Esto se tradujo en revisiones históricas, muestras temáticas y nuevos espacios en un año signado por la repintura del Macro, el Museo de Arte Contemporáneo en los silos Davis (bulevar Oroño y el río Paraná).

Si por un lado las exposiciones de arte contemporáneo con temática "del Bicentenario" tendieron hacia la más trillada, acrítica y ramplona ilustración escolar del 25 de mayo (escarapelas, banderines, damas de miriñaque: ¿se copiaban entre ellos o macheteaban todos del mismo Billiken?), por otra parte tanto las ponencias como las muestras ad hoc enriquecieron la mirada del público local con la perspectiva histórica que desde hace años es necesaria. Un medio que sigue sin mercado, amoldado servilmente desde hace una década al estilo internacional de las políticas oficiales (o sumido en la invisibilidad o reciclado como kitsch cuando se ubica al margen de ellas), halló gracias a la excusa del 2010 dos líneas de fuga privilegiadas: una por el lado de las revisiones de la historia del arte, y otra por el de los espacios renovados o nacientes.

Un año de renovaciones y revisiones para el arte fue entonces el 2010 en la ciudad. Organizado por el Castagnino+Macro y con el apoyo de los gobiernos municipal y provincial y el Banco de Santa Fe, el Cabildo Abierto del Arte dejó un libro donde las ponencias de Laura Malosetti Costa y Rafael Cippolini, además de las intervenciones de muchos otros autores, pueden ser consultadas en el futuro. También fueron jugosas las ponencias de Sabina Florio y de María Isabel Baldassarre en el marco de Entre Centenarios. El oportuno cruce de eventos alrededor de las fechas patrias permitió además que los destacados ponentes que habían viajado desde Buenos Aires para el Cabildo Abierto del Arte pudieran recorrer admirados Entre centenarios, la excelente muestra histórica curada por Pablo Montini y María de la Paz Carbajal con obra y documentos del período de 1910 a 1925, una era gloriosa y fundante del arte de Rosario.

Entre centenarios recuperó el rol clave de la Asociación El Círculo y rehabilitó una obra premiada del escultor Erminio Blotta, Ansia de luz, en el Museo que le otorgó un Premio Adquisición en el Salón de Otoño de 1922 (Castagnino devolvió la obra al artista). En este marco, la apertura de la casa Fracassi, gentilmente ofrecida por sus descendientes hasta con té y masitas, permitió vislumbrar tesoros ignotos de la ciudad, como el mural pintado por Angel Guido a mediados de los años 20 o el arte decorativo y la arquitectura de la misma casa. Quienes la hayan visto y además hayan recorrido el capítulo del Museo Histórico Julio Marc de dicha muestra y escuchado a Pablo Montini desarrollar cómo marcó el arte local el cruce de los estilos hispánico y americano en esa fusión que Ricardo Rojas llamó "lo euríndico", tendrán un sentido claro de la ecléctica identidad estética local, donde también pesaron los maestros italianos y franceses.

Es apenas el comienzo de una respetuosa revaloración del patrimonio que desde las políticas oficiales puede y debería sostenerse en el tiempo. Otra de las dos grandes muestras del año es la entrañable y perfecta exposición antológica de Gustavo Cochet en el Centro Cultural Parque de España, curada por María Eugenia Prece, Sabina Florio y Laura Rippa. Está abierta todo enero y no hay que perdérsela, porque es un ejemplo de exactitud y respeto expositivos, realizada con un conocimiento del tema tal que a través de las obras hace revivir los valores estéticos, éticos y políticos del artista representado: un republicano cuya valiosa labor de rescate de obras de arte y grabados de denuncia en la Guerra Civil Española sólo pudo ser conocida en su ciudad porque Prece viajó a Barcelona. Muchos de sus grabados y dibujos de la guerra pueden apreciarse aquí. (La conservación del legado Cochet está a cargo del museo fundado en Funes por sus propios vecinos, que reúnen recursos a pulmón, y los amarillos papeles peligran).

Otra gran muestra histórica en otro gran espacio fue La naturaleza de las mujeres, en OSDE, curada por Adriana Armando con obras de casi 50 artistas rosarinas del último siglo. Los tres pisos de esta sala de una institución privada son además ejemplo de lo que puede lograrse con una buena inversión en montaje, catálogo y documentación. Un riguroso criterio estético prevaleció en la muestra de Cochet, un riguroso criterio histórico en ésta y en Entre centenarios, una perspectiva de género y temática en La naturaleza... y todo eso contrasta con La historieta del arte, curada por Roberto Echen en el Castagnino, un pastiche simpático pero no demasiado legible.

Vocación de memoria y de historia tienen también algunos de los nuevos espacios: el Museo de la Memoria (no específicamente artístico, pero con espacio para el arte) y el espacio Cultura y Derecho en la Facultad de Derecho, donde hay una muestra de fotos sobre Lucio Fontana curada por Emilio Ghilioni (autor del proyecto del Museo Cochet). Un año de trayectoria llevan el Puerto del Arte, de la UNR y Enapro, y el independiente espacio WIP del Café de la Flor. Ambos ofrecen propuestas artísticas contemporáneas en lugares tradicionales de la ciudad. Siguen floreciendo Cultura Pasajera en el Pasaje Pam, con una oferta ampliada de espacios expositivos que dio buenos frutos este año, y ese milagro de genuina felicidad que es Iván Rosado, cada vez más bello y más vivo. El espacio gestionado por Ana Wandzik y Maxi Masuelli se ocupó de rescatar obra pictórica y gráfica de artistas plásticas que también fueron revalorizadas en la muestra de Armando, reforzando así, en consonancia con obras contemporáneas como las de Constanza Alberione o Silvia Lenardón, las de Aid Herrera o Laura Schiavoni (los "acordes" son Alberione/Schiavoni, Lenardón/Herrera). El grabador y pintor Santiago Minturn Zerva tuvo una pequeña gran muestra individual allí, gracias al artista, coleccionista e historiógrafo del arte rosarino Arnoldo Gualino. Las ediciones de libros de arte que Iván Rosado sacó a pulmón son lógicamente más accesibles que libros como el de Rubén Porta, catálogo además de una muestra antológica que marcó un estilo por la calidez de su montaje. La UNR y el Castagnino se unieron en este emprendimiento editorial dedicado al fallecido maestro del grabado.

El Centro Cultural Parque de España sigue apostando con gran éxito de público al arte local, nacional e internacional, luego de iniciar el año con el ambicioso proyecto Paraná Ra'angá, que promete una rica proyección a futuro. El CEC dedicó un megaevento y un nuevo espacio a la historieta. El Obrador es una usina de mestizaje cultural entramada con la vida misma del Barrio Toba. El Macro ha renovado además su fachada con un muy buen proyecto del operario portuario Martín Agüero que ganó un inclusivo concurso y fue bienvenido por la gente, que ya incorporó con gusto la nueva fachada en el paisaje urbano. Cabe esperar más novedades para el año entrante de la gestión de Marcela Römer, directora del Castagnino y una figura que en su primer año de gestión parece haber hecho poco más que seguir la inercia de la agenda pendiente. Ojalá que a medida que el 2011 despliegue sus proyectos, el cambio muestre sus frutos y por fin alguna vez la gestión oficial reconozca el talento de los investigadores locales.

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El Macro renovó su fachada con un muy buen proyecto del operario portuario Martín Agüero.
 
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