CULTURA / ESPECTáCULOS › SE INAUGURó EL CLUB EDITORIAL RíO PARANá, EN RAWSON Y VéLEZ SARSFIELD.

Un lugar de donde nadie quiere irse

Luego de las experiencias con Josefina Merienda e Iván Rosado, Ana Wandzik y Maximiliano Masuelli se mudaron al Barrio Refinería para gestar su flamante "reducto de acopio, difusión y comercialización de pequeños y medianos sellos".

 Por Beatriz Vignoli

No parece, pero a dos cuadras está el centro comercial Alto Rosario. Son las seis de la tarde del último viernes de febrero y las tranquilas calles de Vélez Sarsfield y Rawson, bajo el amarillo sol atemporal que inunda el barrio de Refinería, se cruzan como ignorando que la antigua zona del aceite de girasol y los compadritos es hoy la niña mimada de la especulación inmobiliaria. El auto se detiene frente a una esquina rosada con almacén y todo, en cuyos muros se mezcla una pintada de Rosario Central con jirones de afiches y donde la palabra "fiambres" (transversal sobre las manchas amarillas y erróneamente celestes) aporta un toque realista que ningún hincha de Ñuls leerá sin ironía. La cronista reconoce el número 395 y las cortinas en algodón estampado que acaba de ver en la foto, cruza Vélez Sarsfield y se encuentra con un lugar amable: el Club Editorial Río Paraná.

Club Editorial Río Paraná es la tercera encarnación del espacio alternativo que los artistas y gestores culturales rosarinos Maximiliano Masuelli y Ana Wandzik vienen sosteniendo desde hace casi una década. Allá por el 2003 fueron Josefina Merienda en el local de Mendoza al 6300 en Barrio Belgrano. Josefina cerró, reabrió en el mismo local y cambió su razón social a Iván Rosado, jugando con significantes alusivos al desleído rojo de una izquierda ya bastante poco terrible. Hace dos años, Iván Rosado se mudó al centro, una planta alta en Salta al 1800 donde Ana y Maxi probaron el experimento de hacer coexistir en el mismo edificio su casa y su negocio. Fueron meses intensos de muestras breves que combinaban arte contemporáneo con obra de artistas históricos de Rosario, sumando ediciones, talleres, lecturas, una seductora librería, recitales de música de bandas copadas, pizza casera y un patio: todo eso atrajo sábado tras sábado a un fiel público local y a invitados de otras ciudades.

El nuevo local de Vélez Sarsfield 395 reproduce en su ambientación la estética del dúo, un collage cuya suma de detalles constituye (podría decirse, metafóricamente) el alma que viene transmigrando desde los avatares anteriores. Artista y diseñadora con estilo propio, Ana se nutre del fanzine punk mientras que los dibujos de Maxi, escenas urbanas art brut con elementos folk a lo Aid Herrera (donde los entendidos advierten con regocijo un guiño al cuadro Los artistas amigos, de Augusto Schiavoni), cuelgan sobre el característico sofá anaranjado que ya es un ícono desde los tiempos en la zona oeste.

Además de algunas piezas de la colección Masuelli Wandzik (un dibujo en birome de Aníbal Brizuela, un paisaje al óleo de Minturn Zerva) el muro del sofá es lo único que queda de la galería de arte. Los libros, bellos por derecho propio (ya que se trata de ediciones artesanales, o libros de arte, o de literatura con muy buenos diseños de tapa), han copado el espacio. Este es presidido por un escudo estilo ingenuo, como de club de barrio, con los blasones de un pez y laureles. Club Editorial Río Paraná, explican sus creadores, es el nombre de este "reducto de acopio, difusión y comercialización de pequeños y medianos sellos" donde se nuclean los otros proyectos.

Masuelli los enumera muy serio en una lista que parece broma, donde se mezclan lo altisonante, lo hipster y lo bizarro. Estos son: la Biblioteca Popular D. G. Ponti Lagarde, llamada así en honor a un cantante punk argentino de los '90 del que Masuelli es fanático; las Ediciones Iván Rosado, que para cuando recibieron este año el subsidio editorial de la Provincia (para los títulos de poesía de su colección Brillo) ya tenían editados cuatro títulos de dibujos y poesía en dos días con una fotocopiadora alquilada; el archivo ZineZeit, que abarca en siete carpetas escolares la colección internacional de fanzines de Ana; los materiales y las futuras reuniones del Limal (Laboratorio de Investigación Mario Levrero); una anunciada revista (Unión y Amistad), y la librería.

Allí se pueden encontrar mercancías sorprendentes, como un libro de varios kilos titulado About Nothing que sólo contiene dibujos abstractos por John Armleder; el catálogo del envío a Venecia de Adrián Villar Rojas en 2011 o monografías ilustradas sobre artistas argentinos top del momento como Jorge Macchi, Diego Bianchi o Matías Duville. Los 99 libros en denso papel ilustración a todo color, de la editorial y distribuidora suiza K.B.B., llegaron a Refinería por un comisionista que prefirió dejarlos en consignación antes que acarrearlos a Europa de vuelta. Los precios son muy accesibles y hay descuentos para los socios del Club Editorial Río Paraná, que incluye a la Biblioteca y cuya cuota anual es de 50 pesos.

Tanto la biblioteca como la librería reciben socios y donaciones o consignaciones respectivamente, ofrecen literatura por autores argentinos contemporáneos y cuentan con una selección de editoriales como Adriana Hidalgo (que por lo demás casi no se distribuye en Rosario), Mansalva o Eloísa Cartonera, además de sellos indie; la lista completa está en [email protected] No faltan tampoco piezas de época obtenidas vía un contacto con la casa Longo, entre ellas la colección completa de la revista Paraná, editada por R. E. Montes i Bradley, de quien se reproduce un texto crítico de 1947 en un catálogo entrañable de Ediciones Iván Rosado: Señora de la Templanza. La edición acompañó una muestra realizada el año pasado en Buenos Aires en la terraza de la casa de María Guerrieri y Max Gómez Canle, organizada por ellos y por T.R.I.P.A. (Trabajo de Registro e Investigación sobre Paisajes Argentinos), un proyecto en curso, por Maxi Masuelli, de fotos de obras paisajísticas nacionales en www.flickr.com/t_r_i_p_a.

"Se convirtió en un lugar mágico. La gente pasaba horas ahí. Nadie quería irse", escribe Malcolm McLaren (el artista conceptual que se atribuye la creación de la banda punk Sex Pistols) recordando una tienda que él abrió en King's Road (Londres, Reino Unido) en 1976. La cita, aplicable tal vez al Club Paraná, está extraída de uno de los libros de arte que la cronista ha hojeado pero nadie se anima a comprar: los visitantes que van llegando a medida que baja el sol se deshacen en elogios por lo bien montado que está todo, con cuánto amor se realza la belleza de cada pieza y lo acogedor que es el espacio.

Y sin embargo, pocas manos rozan los bolsillos. Desde el viernes 24 de febrero, el local abre de martes a sábado de 16 a 20. ¿Se atreverá la gente del barrio a entrar a comienzo de mes y adquirir algún número del fanzine Danke de Julia Enríquez o un libro de cuentos de Martín Rejtman? ¿Habrá una renta por sobre los 1200 pesos mensuales de alquiler? Igual, no se trata sólo de vender libros sino también de producir encuentros que generen algo nuevo. Por ahora el futuro se llama Camilo Masuelli Wandzik, y (basta con ver a Ana) está en camino.

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Ana Wandzik y Maximiliano Masuelli, responsables de la creación del Club Editorial Río Paraná
Imagen: Alberto Gentilcore.
 
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