CULTURA / ESPECTACULOS › TALLER DE LECTURA DE LA ASOCIACION CHICOS EN EL PARQUE URQUIZA.

El ritual de la lectura compartida

"Lectura bajo los árboles" reúne niños y adolescentes en situación de calle alrededor de los libros. El Parque Urquiza los recibe las noches de los viernes. "Quisiera ser un pájaro", dice uno de los asistentes extasiado con los cuentos.

 Por Sonia Tessa

"Los pequeños detalles no están hechos para ser advertidos, están hechos para ser descubiertos", lee Liliana Quillay, coordinadora del taller de Lectura bajo los árboles de la Asociación Chicos, un viernes de febrero, en pleno parque Urquiza. Los adolescentes reunidos en ronda cerca de la cancha de bochas, escuchan tan extasiados como los adultos que trabajan con ellos. Algo mágico vuela en el aire veraniego. Todos miran con atención los dibujos del libro "Los pájaros", de Germano Zullo y Albertine. El texto sigue: "Cuando dedicamos un tiempo a buscarlos, aparecen. Casi imperceptibles. Los pequeños detalles son auténticos tesoros", dice el libro, con bellísimas ilustraciones de pájaros. Es una epifanía: el texto se aplica a ese taller de lectura que se realiza todos los veranos, desde 2005, en el Parque Urquiza, y pasa desapercibido para los caminantes que circulan por allí. Se trata de descubrirlo.

Todos los viernes de enero y febrero, los niños y adolescentes en situación de calle que concurren al Centro de Día La Casa, de Mendoza 1280, cogestionado entre la Municipalidad y la Asociación Chicos, se reúnen bajo el enorme ceibo del Parque para leer. El libro trata de detalles inesperados y de pájaros. "Quisiera ser un pájaro", dice uno de los tres Jonatan que estuvieron ese viernes en el taller. Camiseta de Ñuls, pelo largo recogido, Johny Cantero mira con picardía. Tiene 21 años y aunque las actividades de La Casa están dedicadas a chicos en situación de calle hasta los 18, Johny participa durante el año del Taller de las Palabras, y en el verano de la lectura al aire libre. Ese viernes, lo reciben con exclamaciones, porque es la primera vez que concurre en el año. Antes de sentarse, cuenta que la semana anterior no fue porque había "amanecido con resaca". "No me sentía como para la actividad", explica Johny, que es poeta. El asiste a La Casa desde los ocho años. "La vuelta del hijo pródigo", exclamó Liliana cuando lo vio llegar. Había dormido una pequeña siesta bajo el mástil, a pocos metros, y luego se acercó.

Otro de los Johny, de 12 años, llega en patineta, pero se nota que está engripado. Se tira sobre las lonas en el césped y sigue la lectura con atención.

El primer ritual es compartir en voz alta un texto más largo -una novela por capítulos, en este caso-, que se retoma semana a semana. Ese viernes se trataba de "Las increíbles aventuras de don Quijote y Sancho Panza", contadas para chicos por Adela Basch. Al terminar uno de los capítulos, Liliana pregunta si quieren seguir. El tercer Johny, que llegó al filo del comienzo con sus amigos Ayelén y Ariel, le pide que continúe. Ariel lee por encima de los hombros de Liliana. Más tarde, deciden terminar todos los capítulos, a contramano de lo programado, porque algunos chicos no podrán asistir el viernes siguiente y quieren leer el libro completo.

Tras esa lectura compartida, llega el momento de desplegar los libros de la Biblioteca Janusz Korczak de la Asociación Chicos, en las lonitas﷓manteles, sobre el pasto, donde los participantes comparten también leche chocolatada, mate, galletitas dulces y papas fritas (las más solicitadas por pibes y pibas).

Cada uno -niños y adultos- toma el que más los convoca. Este viernes está dedicado a la escritura informativa, si bien Liliana -encargada de seleccionar los textos y programar la actividad- subraya que el eje del taller es la literatura. Adultos y adolescentes se entusiasman y leen en voz alta lo que les llama la atención. Los más convocantes son los de Iamiqué Ediciones, en especial la serie Asquerosología. "A raíz de leer un par de artículos del magnífico blog de Ana Garralón, anatarambana literatura infantil, sobre los libros informativos para niños y la discusión sobre si forman o no lectores, y aunque nuestra biblioteca y proyecto tiene como eje la literatura, hice una especie de mea culpa y me pareció que debíamos hacerles un lugar en nuestro ciclo. Por eso, este viernes cambiamos el 'Había una vez...' por el '¿Sabías que...?' y sacamos a ventilar una más que interesante variedad de ejemplares cargados de datos e información con los que nos dimos una buena panzada", escribe más tarde Liliana sobre el encuentro. Hubo de todo: "Ecología, plantas y animales, arte, geografía, y también acerca de mundos perdidos y otros construidos por estrellas y deseos. Surtidito".

Johny Cantero lee -y pone música- a una poesía dedicada a la diarrea, con ritmo de cumbia.

Los adultos son varios: Fernando Capogrosso, psicólogo de la Asociación, también asiste a la actividad desde que empezó. María Belén Mc Rouillón, Adriana Perrone, Carlos Acosta, y otros participantes de la Asociación que trabaja con chicos en situación de calle tan lejos del asistencialismo como del disciplinamiento. Para ellos, se trata de acompañar y ofrecer oportunidades a niños y adolescentes con derechos vulnerados. Infaltable, Marcela Lapenna llega un poco más tarde. Hay algunos otros adultos dando vueltas. Conversan con los chicos, leen en voz alta. Los chistes corren entre ellos. "El sol, los pájaros, la posibilidad de estar descalzos y tocar el pasto provoca que disfrutes más de lo que lees. Es diferente", considera María Belén.

Los chicos se acomodan como les gusta. Algunos se tiran panza arriba a escuchar, otros se sientan. Están cómodos y se nota. Lo dicen, además, que están allí porque les gusta.

"Este ciclo es parte de la estrategia que la Asociación Chicos lleva adelante para que los chicos se acerquen a la escritura. De marzo a diciembre hacemos el Taller de las Palabras, cuyo objetivo es la producción escrita", dice Liliana mientras cada uno de los asistentes va tomando su lugar en la ronda. Algunos viernes llegan 3 o 4 chicos, otros son más de diez. Van porque quieren, y permanecen mientras tienen deseo de hacerlo.

La Biblioteca de la Asociación Chicos, que se llama Janusz Korczak, ganó el año pasado la Mención de Honor del Premio Vivalectura, en la categoría Sociedad. El ciclo de los viernes es una de las acciones de promoción y animación a la lectura que fue distinguido por Fundación Santillana.

Una de las adultas sentada en canastita en la ronda es Valerie Ska, que llegó desde Bélgica, por cuatro meses, como voluntaria del Servicio Civil Internacional. Está a punto de volver a su país y reflexiona que, además de una experiencia para viajar de otro modo, también le sirvió para aprender "cómo funciona para chicos". Valerie es trabajadora social en Bélgica, donde desarrolla sus tareas con mujeres. "Hay temas que son lo mismo", dice en un español con fuerte acento francés, que confunde tiempos de verbo y géneros. "Es la primera vez que vengo a América Latina. Estuve en Palestina y Burkina Faso, así que no me sorprendió especialmente el tema de la pobreza", cuenta. En su país, es distinto, los chicos que viven en la calle son migrantes de Europa del Este. "Lo que me interpela mucho de esta experiencia es el acento en el derecho de los niños. Marcela (Lapenna) todo el día habla sobre los derechos de ellos que son vulnerados: a decir, elegir, reclamar muchas cosas que les corresponden", es su comentario sobre el trabajo de La Casa.

Antes del almuerzo -unos tentadores sándwiches de milanesa que preparan entre todos, en los bancos de cemento del parque-, llega el final del taller: el libro-regalo, una atención de la empresa Autológica, que ese viernes estuvo representada por Raquel McClymont, Mariana y Natalia. Está envuelto y es Javier, uno de los chicos, el encargado de abrirlo. "Los pájaros" concita la atención, primero, en sus bellos dibujos. Los chicos acompañan cada ilustración con sus comentarios. Las risas coronan la actividad. Los pequeños detalles que, como dice el libro, "son auténticos tesoros".

Este viernes, el último de febrero, el cierre será por la noche, y compartirán cuentos de terror. "Ponemos velas, como un conjuro para que los seres que invoquemos en la lectura no se ofendan con nosotros", dice Liliana. Se hará detrás del planetario. Allí hay más murciélagos. ¿Los chicos no se asustan? "Lamentablemente, cada vez son menos las cosas que los asustan", dice Liliana sobre las realidades violentas que esos niños remontan para llegar a disfrutar de las actividades que les proponen.

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Algo mágico vuela en el aire veraniego y los chicos se dejan atrapar por la lectura.
 
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