CULTURA / ESPECTáCULOS › "OMISIóN", LA óPERA PRIMA DE MARCELO PAéZ CUBELLS CON GONZALO HEREDIA DE PROTAGONISTA.

Lejos de la tradición del cine negro

Desde esta historia que adolece no ya de "lugares comunes", sino de lugares trillados, Santiago Murray (Gonzalo Heredia) nos es mostrado como un Cristo herido. Y para ello, tanto la iluminación como la banda sonora tienden a crear una imagen aurática.

 Por Emilio A. Bellon

Si bien algunos medios, desde los días previos al lanzamiento de este film, intentan ubicarlo en el renglón del llamado "cine negro", considero, que esta pertinencia cromática sólo debería aceptarse en función de su afiche, ya que el mismo está particularmente diseñado en función de este color. De aquí en más cualquier asociación con el género, para quien firma esta nota, carece de todo tipo de fundamentación; pese a que algunos, a partir de ciertos elementos de la trama argumental, hayan traído a la memoria el ya clásico "I Confess" o "Mi secreto de condena" de Alfred Hitchcock, de 1952, film en el que el personaje que interpreta Montgomery Clift, el padre Michael Logan, es depositario de una peligrosa verdad, que no podrá ser revelada.

En su ópera prima, en su carácter de guionista y realizador Marcelo Paéz Cubells tuvo sí en claro que el rol principal, el de este joven sacerdote que regresa ahora de Europa, barbado y con jeans, a su conurbano bonaerense (intento de emular a "Elefante Blanco"?) debía ser interpretado por otro de los galanes que hoy son figuras taquilleras no sólo en la tevé, sino en las revistas de los chismes del mundo del espectáculo y de las llamadas revistas del corazón. De esta manera, Gonzalo Heredia es en este film Santiago Murray, quien está dominado por una vieja culpa y al mismo tiempo quien, en su oficio de confesor, confidente de crímenes por cometerse, mientras intenta realizar labores de ayuda y corrección en ese centro en el cual presta sus servicios.

Desde esta historia que adolece no ya de "lugares comunes", sino de lugares trillados, Santiago Murray nos es mostrado, en más de una oportunidad, como un Cristo herido. Y para ello, tanto la iluminación como la banda sonora tienden a crear una imagen aurática, como la que se juega mientras repite el "Pésame" en una noche de lluvia, cámara cenital de noventa grados, rostro mirando al cielo y brazos abiertos. Una lluvia de utilería, recortada, sobre su sufriente rostro.

Cuesta sí creer que un film en nuestra época pueda ser tan fiel, en su diagramación, a los preceptos religiosos. Y esto no lo digo en función de los puntos de vistas de los personajes, desde la mirada de algunos de ellos, sino de la férrea construcción dogmática del mismo, ya que el mismo abre y cierra con preceptos bíblicos, que remiten a voces de la iglesia. Y cumple al pie de la letra con ello, en esta historia de culpas y expiaciones, de sacrificios y arrepentimientos. Si el "Cine Negro" siempre se caracterizó por esa ambigüedad en las conductas de sus personajes, porque allí donde algo parecía ser de una manera, en realidad podíamos abrir otros interrogantes, "Omisión", el film que hoy comentamos, es la negación certificada del mismo.

De una literalidad aplastante, sin que el espectador pueda pensar nada por sí mismo, con ese portavoz inexpresivo de la historia que es el mismo actor principal, "Omisión" descuida sutilezas en la figura del perverso psiquiatra, rol a cargo de Carlos Belloso, quien ya tiene todo gritado en la manera en que es dado a conocer, hasta en el grosor de sus armazones, sus gestos...; olvidando a otro actor como Lorenzo Quinteros, a quien sólo se le reserva contados momentos, en ese personaje de mentor del joven Santiago; quien, como ya todos sabrán, a esta altura, se reencontrará con su antigua enamorada, ahora, en el campo de la ley.

Si algo no omite este film es una pretenciosidad que se manifiesta en un artificio estético que fatiga: los forzados encuadres que no logran ser eclipsados por las ráfagas de puteadas. Pero lo que más angustia, es que su guionista, su director, no haya podido tener en cuenta ni siquiera las reglas básicas de la redacción de un guión clásico. O que en esta trama de secretos revelados, silencios por mandato, culpas de un pasado, no se asome, ni por un instante, alguna huella, citación, referencia a algún film del género al que declara pertenecer.

Así, entre preceptos religiosos, indagaciones sobre el culpable de tantos homicidios en un afán justiciero, deudas por saldar con el pasado, frases dichas con ese tono proverbial que marca esa lucha entre bien y el mal, "Omisión" va desbarrancando, sin poder volver a un espacio de circulación aceptable, hasta llegar a esos momentos en que colapsa la misma narración; desde un flashback en ralentí, que se torna más explicativo, que ya ha dejado de lado por completo a la misma presencia del espectador.

Sigo afirmando, ya sobre el cierre de esta nota, que, amén de la falencia en la redacción del guión, esta opera prima adolece de otro gran pecado capital: se encomendó a un primer galán. Claro está, desde mi punto de vista, el personaje que dice componer Gonzalo Heredia, pese a los interesados comentarios de algunos medios periodísticos, ni siquiera se puede pensar desde su psicología, en relación al personaje del admirado film de Alfred Hitchcock ya señalado, ni tampoco con el rol que compuso Carlos Estrada en 1959 para su film "Angustia de un secreto" del siempre discutido Enrique Carreras, sobre libro de Julio Porter y Emilio Villalba Welsh.

Sí, en cambio, "Omision" dejará satisfechos a los que buscan una historia sobre culpas y redenciones, sobre sacrificios y castigos, purgas humanas. Parece, claro está, que estamos refiriéndonos a un cine preceptivo, doctrinario, conciliador. Y si algún rubro podemos destacar, es tal vez el de la composición musical; pero claro está, fuera del mismo film.

Omisión. 3 (tres) puntos.

Argentina, 2013.

Guión y dirección: Marcelo Paéz Cubells

Fotografía: Leandro Martínez

Música: Osvaldo Montes

Intérpretes: Carlos Belloso, Gonzalo Heredia, Eleonora Wexler, Lorenzo Quinteros, Marta González, María Fernanda Callejón.

Duración: 100 minutos.

Salas de estreno: Del Centro, Monumental, Showcase, Sunstar y Village.

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Un film de una literalidad aplastante, sin que el espectador pueda pensar nada por sí mismo.
 
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