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Martes, 18 de febrero de 2014

CULTURA / ESPECTáCULOS › BACKSTAGE DE LAS RESIDENCIAS INTERNACIONALES

Mostrar lo que las obras no cuentan

El sólo pudo saber que se llamaban Venus y Flora. De cómo y cuándo perdieron la cabeza, encontró muchos relatos y ningún dato fidedigno. La leyenda urbana según la cual fueron usadas para prácticas de tiro se cargaba de resonancias siniestras al cruzarse con la fecha en que habrían ingresado al patrimonio público, a comienzos de los ochenta, provenientes de una estancia que nadie supo situar.

Las dos estatuas de mármol de la Plaza Pringles fueron un misterio para Jorge Guerrero, seleccionado por el Programa de Residencias Internacionales que coordinan conjuntamente el Museo Castagnino+macro, el Departamento de Agenciamientos Artísticos del Centro de Expresiones Contemporáneas y el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) de Colombia, para vivir un mes y medio (en noviembre y diciembre de 2012) como artista residente en la ciudad de Rosario.

Jorge Guerrero (Ipiales, Colombia, 1980) es uno de los dos socios que fundaron en 2008 en Bogotá la empresa Ace Productora Artística (www.acearte.com), un taller con el que ha realizado esculturas y objetos de arte a pedido para todo tipo de clientes. Recién llegado desde Colombia, cargó una mochila con un anotador y una cámara de fotos y caminó la ciudad buscando saber todo lo que se podía de la estatuaria pública rosarina. Fotografió monumentos mutilados, esculturas sin referencias y sus anotadores se llenaron de preguntas.

Antes que él, hicieron ese trayecto una serie de investigadores independientes que los gestores oficiales del patrimonio artístico se empecinan en ningunear. El escultor, investigador independiente y docente Arnoldo Gualino informa en su página web que la fuente de Dionisio, también en Plaza Pringles, es obra de un escultor y diseñador siciliano fallecido en Suiza, José Gerbino (1886﷓1972), radicado en Argentina en 1911 y maestro de Alfredo Guido.

Guerrero intervino las dos esculturas anónimas creando especialmente para ellas sendas cabezas de acrílico termoformado, transparentes, "para visualizar con más fuerza la ausencia", informó. "Estas cabezas casi invisibles, que parecieran estar a punto de desvanecerse sobre el cuerpo firme y eterno del mármol, funcionan como las estrategias de la memoria, que ante la ausencia de algunos recuerdos, los inventa", sigue diciendo el texto de la muestra inaugurada en diciembre del año pasado en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Boulevard Oroño y el río) y que podrá visitarse hasta el mes próximo pero sólo cuando se solucionen los problemas edilicios causados por los desastres climáticos recientes.

Esta es sólo una de las muestras que se exhiben en los pisos 1, 2 y 3 del Macro (ahora cerrado) y que, según sus organizadores, "responden a un tramo más dentro del proceso" de las Residencias Internacionales. Se trata de mostrar no las obras, sino algo así como un backstage: "Algo de lo intransmisible de la experiencia, que siempre excede y trasciende el espacio expositivo".

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