CULTURA / ESPECTáCULOS › ILUSTRACIONES DE NANA GONZáLEZ PARA LIBROS, VAJILLAS Y CUADROS

Mundo de color y porcelanas

Dotada de mucho talento e ingenio, Nana González es una artista para quien la niñez siempre está presente. Animales y niños en un mundo de rasgos encantadores. Trabaja también para Estados Unidos, ilustrando libros de literatura infantil.

 Por Leandro Arteaga

Ilustrar libros, pintar, intervenir objetos, construir un mundo en el que habitar parece ser el propósito de Nana González. Animales, niños, en bicicleta o de jarana, asomando al lector para invitarle a participar. Lectores y tomadores de té, todos bienvenidos a esta mesa de colores donde Nana ﷓de nombre tan fácil de decir, tararear﷓ oficia de anfitriona y del que, avisa, no quiere salir. "¡Nadie conoce mi nombre real!", se jacta la artista, formada en la Facultad de Bellas Artes de la UNR.

"Soy ilustradora, pero también pintora; hago un poco de todo, también soy artesana", dice a Rosario/12. "Trabajo para grandes, pero para los grandes que quieren ser siempre niños siempre, ¡como yo! Si bien quiero vender a los adultos, siempre compran lo que hago para los niños."

- ¿De qué manera circula tu trabajo?

- Lo que consiste en ilustración, a través de las editoriales. Trabajo en Argentina, pero también para afuera. Acá hice básicamente muchos manuales, y en Estados Unidos tengo a alguien que me representa. Allí trabajo ilustrando libros de literatura infantil. Siempre para chicos de la misma edad: 6, 7, 8 años.

- Es notoria la presencia de animales dentro de tu obra.

- Sí, desde que empecé a pintar me encantaba el hecho de personificar a los animales. Es una manera de decir cosas pero de forma sutil. Cuando los editores ven estas imágenes, suelen pedirme libros puntuales sobre el tema o sobre animales humanizados. Ahora bien, al trabajar para afuera y ser latina, es común que te pidan niños de color, variedad de etnias, niños con lentes (risas), y eso también está bueno.

- ¿Mantenés contacto con los autores de los libros?

- Nunca se da, no conozco a ninguno de ellos, y eso está buenísimo porque mantiene al trabajo distante, puedo trabajar sola, si bien luego, obviamente, vienen las correcciones. Recién ahora conocí a la escritora de un libro que estoy haciendo para Estados Unidos, por pedido del editor. Si bien vive allá, ella es de Brasil. Es la historia de un niño que fabrica pelotas de trapo en Brasil. Nos pusieron en contacto para que tuviéramos cierta relación, a ella le encantó lo que yo hacía, y a mí lo que ella escribe. Pero ese es el único contacto que tuve con un autor.

- No sólo ilustrás y pintás.

- También hago objetos, pinto objetos de cerámica y porcelana, los intervengo. Comencé interviniendo vajilla, la superpuse y creé personajes a partir de un plato, una tacita. Es algo con lo que empecé aprendiendo. Me gusta aprender cosas nuevas, que después aprovecho o tal vez no, pero me queda la experiencia. Comencé a hacer vajilla ilustrada para vender, para niños y grandes. Hay platos, azulejos, tazas, compoteras, juegos de té con platitos muy lindos. La idea es sacar la vajilla blanca y poner en su lugar unos personajes que te acompañen. Un estímulo visual, más alegre.

- Son personajes encantadores, integran todo un mundo.

- Entre mis ilustraciones figuran cosas por pedido, como nenes soplando velitas; pero luego hay imágenes más personales, como la nena arriba del perro, con una guirnalda de luces. Eso es algo que se me ocurrió, y tiene que ver más con lo pictórico, que es lo que me gusta hacer. Igual, me expreso y ejerzo mi arte en cualquiera de las imágenes.

- Entre tus referentes, ¿a quién elegís citar?

- Son un montón... Me gustan las películas de (Hayao) Miyazaki, es como una mente infantil que se conserva, con la que siempre vuelve a las imágenes de la infancia. Yo la tengo siempre a Heidi en la cabeza, incluso cuando hago paisajes, son esos colores los que están allí, creo que es lo que más fuerte me marcó de niña.

- A la hora de pintar o ilustrar, ¿qué es lo que te motiva?

- Me gusta contar historias que tengan un trasfondo, pero de una manera ingenua. Yo no hago imágenes agresivas, sino imágenes a las que mirás y decís: "¡qué lindo!", pero que si te ponés a mirar detenidamente te preguntás: "¿qué le pasa a ese chico? ¿por qué lleva eso en la mano?". Me gusta lo siniestro. Creo que todos los que pintamos o dibujamos tenemos la necesidad de contar algo, aunque sea básico o muy importante.

- ¿Cuáles de tus trabajos podemos ver en Argentina?

- Acá hice Un ángel en patitas (Emecé), de Eduardo Gudiño Kieffer, fue de los primeros libros que ilustré. Después hice La casa de los sueños (Ediciones Sm), de Gabriel Sáez, destinado a primeros lectores. Y está también mi primer libro, Fábulas: La fiesta en el cielo (Kumquat), de Alejandra Longo, que consistió en una recopilación de fábulas y se editó de manera independiente. La editora me vio en ArteBa y me sugirió hacer el libro, fue como el destino.

Los trabajos de la autora pueden consultarse en http://nanagonzalez.blogspot.com.ar.

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"Trabajo para grandes, pero para los grandes que quieren ser siempre niños", dice Nana
 
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