CULTURA / ESPECTáCULOS › HISTORIETA. SE PRESENTó EL NUEVO NúMERO DE TéRMINUS

Páginas con vuelo propio

La revista demuestra un nivel que ya es
lugar de referencia, con algunos de los
mejores dibujantes y notables historias.

 Por Leandro Arteaga

Otro número de revista Términus y van... ¡nueve! Tarea encomiable, no sólo por lo relativo al sostén de una publicación ya señera en su género, sino por la superación cualitativa que exhibe. Con el saber puesto en las posibilidades abiertas por Crack Bang Boom, punta de lanza del circuito de convenciones que se reparten por el país, Términus presentó allí este nuevo número para ahora circular con los kilos de papel a cuestas por ese itinerario de historietas.

Desde un primer número con fecha de octubre 2012, la revista Términus ha permitido, por un lado, sostener y profesionalizar el oficio, y por el otro, publicar algunos de los mejores artistas del medio, casi desconocidos en sus lugares de procedencia.

Es el caso de Damián Couceiro, de quien este cronista no perderá nunca oportunidad para referirle, dada su cuidadosa puesta en página, de clasicismo narrativo, acá en dupla con Gonzalo Duarte (guión) en una historia de pulso perfecto, con personaje desdoblado, diálogo consigo mismo, y mundo alterno. Si bien lápiz rosarino, Couceiro es profesional asiduo en los títulos de la editorial norteamericana Boom!. Leerle es ahora un placer cercano.

Otro tanto sucede con Germán Peralta, ahora en Marvel pero portadista de este noveno número que es también un seis invertido y, por eso, invitación demoníaca. Fuego naranja y sonrisa encadenada para esta invitación a la lectura, que continúa en el episodio impecable de la serie Plan B, que Fernando Baldó ofrece con regurgitaciones exorcistas de nexo cinéfilo. Agentes contra el demonio, disfraces de curas, y una narrativa sin fisura que hace de Baldó una luminaria sin par.

La maldad mejor anida también en El despertar de las moscas, de Alfonso Bueno (guión) y Diego Simone (dibujo), quienes logran un clima de apocalipsis racial resuelto con presteza: es una historia redonda, elaborada con precisión, donde las texturas ayudan a un blanco y negro sucios, de mundo caído y colores de piel intercambiables.

El saber narrador tiene también nombre en Gastón Flores, quien con los dibujos de Juan Manuel Frigeri elabora en Espiral de sangre un ritual maldito, de mujeres que se asesinan porque ya lo han hecho antes. El otro guionista eximio es Diego Agrimbau, invitado experto quien junto a Patricio Delpeche pergeña una fiesta de enfermedades epidémicas con final nada feliz.

Decir de todos los dibujantes que son narradores brillantes no es suficiente, hay que leerlos, hay que ver cómo piensan cada página. En Términus está teniendo lugar una de las mejores manifestaciones actuales de la historieta. Casi como un rasguño de lujo sobre lo mucho más que hay.

Todo esto sin olvidar la serie Blas, del infatigable Bruno Chiroleu (editor de Términus), que alcanza ya su quinto capítulo. La culminación de sus viajes introspectivos tendrá lugar en el número diez. Detalle que no es menor, porque redondeará una tarea brillante, y porque obligará al lector advenedizo a hacerse con pronta celeridad de los números faltantes. Entre otras cosas, porque así podrá también poseer todo lo que de RIP Van Hellsing -﷓la serie para el mercado italiano de la tríada Barreiro/Ferrúa/Santana﷓- se ha publicado en el país. Es tan buena, tan buena, que no debe haber reseña sobre Términus en la que este cronista haya obviado señalar su adhesión incondicional.

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El despertar de las moscas de Bueno y Simone
 
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