CULTURA / ESPECTáCULOS › VUELVE LA PUESTA BASADA EN OBRAS DE KURT WEILL

Youkali, una tierra para soñar

 Por Julio Cejas

Ni bien descendemos los últimos peldaños de esa escalera invisible, esa que construyen sigilosamente María Sol Bennasar, Patricia Gandini y Yerutí García Arocena, paralela a la escalera real de La Subsede (Entre Ríos y San Lorenzo), entramos en el soñado mundo de Youkali, un viaje a esa tierra prometida que pareciera crecer debajo de los cimientos podridos de esta otra tierra que cada vez expulsa más a sus habitantes.

Con Kurt Weill como timonel de esta fantástica embarcación, navegamos al ritmo y la cadencia nostálgica de aquellas voces a las que el talentoso compositor alemán, en sociedad con el dramaturgo y director Bertold Brecht, supieron poner en el primer plano de la Alemania pre﷓nazi. Las voces de marginados, prostitutas y mendigos, aquellos "rufianes melancólicos" que estaban a punto de ser silenciados para siempre por la maquinaria hitleriana.

Seres que claman desesperadamente por "el camino hacia la próxima whiskería", como en "Alabama song", tema de la ópera Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (1929); o como esa joven prostituta que nos cuenta que "con 17 años, entró al mercado del amor..." ("Nana'ss lied", 1939). Pero esto no es sólo "un recital de canciones de Kurt Weill" como se anuncia: quien se conforme con esto se perderá la teatralidad que tantas veces reclamamos en algunas obras de teatro; o la intimidad que genera este otro estilo de concert, donde el público quedará atrapado por la voz inmensa y los registros dramáticos logrados por María Sol Bennasar.

Cantante excepcional, que compone no sólo a partir del desgarramiento, la ternura desolada, o los gritos de guerra que su voz le pone a esos desahuciados, sino por su perturbadora presencia escénica que se asoma por las rendijas de una equilibrada puesta de luces, al mejor estilo expresionista, donde destaca la creatividad de alguien como Yerutí García Arocena, bailarina, coreógrafa y gran conocedora del espacio escénico.

Pero la voz de Bennasar y la idea de puesta de García Arocena necesitan de un instrumento que pueda ser ejecutado a la altura de las necesidades de Youkali (que mañana, a las 22, volverá a La Subsede). Un instrumento que por momentos realce los tonos de voz acompañando imperceptiblemente, preludiando los climas, o siendo puente entre pianista y cantante. Y allí aparecen entonces la fibra y el conocimiento de una sólida Patricia Gandini que mide de cerca la intensidad del espectáculo, interviniendo también como partenaire dramática en un auténtico diálogo escénico entre las voces y la ejecución de un instrumento clave para la evocación del cabaret berlinés, del cual Weill y Brecht dieron muestras acabadas de su potencial soporte para la denuncia de una tormentosa época en que el dinero y los intereses de los sectores poderosos volvieron a socavar los cimientos de una Alemania que optó por el fascismo antes que por una revolución proletaria.

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