CULTURA / ESPECTACULOS › PLASTICA. IVAN ROSADO PUBLICO SI TE COPAS Y CURTIS, DE WASHINGTON CUCURTO

Como el rostro de una voz

Así funciona la caligrafía de Santiago Vega, que bajo su alias le dio forma a un libro en el que combina sus cualidades como pintor, artesano del collage, editor, poeta y guionista de historieta. Una muestra en el Macro lo complementa.

 Por Beatriz Vignoli

En 1973, en Quilmes (provincia de Buenos Aires), nació Santiago Vega, quien luego en Buenos Aires firmaría sus poemas como Washington Cucurto. En 1974, otro poeta argentino, Francisco Urondo (oficial del Ejército Montonero), fue el responsable de secuestrar el cadáver del dictador Aramburu para canjearlo por el de Eva Perón. En 1938 falleció el poeta peruano César Vallejo, quien predijo su fin en este célebre texto: "Me moriré en París con aguacero/ un día del que tengo ya el recuerdo...". Con toda esta data (y fechando mal a propósito la muerte de Vallejo en 2014) arma Vega/Cucurto el curriculum vitae poético que es el comienzo de su nuevo libro, Si te copás y curtís, publicado en Rosario por Iván Rosado.

A fines de 2015, para acompañar la edición del libro, autor y editores organizaron Pájaro afrodisíaco, la multicolor exposición que hasta fin de este mes cubre de piso a techo las paredes de la sala del piso 4 del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Macro, Bulevar Oroño y el río). Tanto en la muestra como en el libro, los dibujos, collages y novelitas gráficas son obra del multifacético Vega, alias Cucurto, cuyo arte narra historias mientras sus poemas se leen como una exposición de retratos que abarcan una serie de nombres del padre (incluidos el propio padre y él).

Curador de una galería de poetas amados que reúne a Enrique Lihn, Juan Gelman, el rosarino Francisco Gandolfo, Néstor Perlongher y Josué Marcos Belmonte (quien firmaba sus obras como Ioshua y falleció el año pasado, a los 37 años), escribe sin embargo Vega: "Hay que prohibirles escribir a los viejos. ¡Escribir es una pendejez para pendejos!". Ese es su homenaje al estadounidense Charles Bukowski. Y sin duda, el afiche de la muestra de retratos es esta defensa póstuma de Omar Chabán: "Conocí a Omar Chabán y no era un asesino,/ ni un snob, ni un desprolijo que jamás se fijó en los demás./ Omar Chabán se declaró culpable absoluto, como un hombre,/ mientras los demás contrataban abogados rápidos como ratas, para zafar".

Lo más novedoso del libro son dos novelitas gráficas estilo fanzines, cuyos dibujos y collages (reproducidos en blanco y negro) ilustran historias contadas en una vieja máquina de escribir o a mano alzada. Carolina, la cautiva, pinta las crueldades de la trata de mujeres y la prostitución, pero al estilo Cucurto. Quizás esta pieza dialoga con "Beya", de Gabriela Cabezón Cámara, poema que se inscribe en una tradición literaria nacional sobre la violencia y la opresión que comienza con La Cautiva y El matadero, de Esteban Echeverría (referencia obvia en el título de Cucurto) y con el Martín Fierro de José Hernández. Cucurto reduce al melodrama y a una parodia de fotonovela la escena del varón salvador, al cual frustra y reemplaza por una orgía lésbica y la consecuente liberación ("ahora eran monotributistas autónomas"). Texto e imágenes configuran algo así como el borrador de una historieta futura que no se escribirá. Esta estética es consecuente con una búsqueda de un grado cero del estilo: búsqueda que constituye, de por sí, un estilo.

¿Como qué se inscribe el monotributista Cucurto, ese nombre sin DNI? Pintor, artesano del collage, editor, poeta y guionista de historieta se conjugan en esta declaración fiscal de mínima: "Yo soy el lector para el cual escriben todos". Washington Cucurto se ha ido a pintar a París. Y su testigo de que no sólo existe, sino de que no ha muerto un jueves con aguacero, es Pedro Mairal, autor del texto de sala de la muestra en el Macro, titulado "Yo vi pintar a Cucurto". Queda en casa para afrontar a los inspectores (o a los críticos) un tal "Santiago Vega/ un hombre que se las rebusca como puede", y que vive "en un mundo de libros breves".

Si te copás y curtís concluye con otra pieza gráfica fanzinera de un seductor expresionismo naïf y tono didáctico. En "Cómo se escribe un poema", se nos enseña que hacer poesía es fácil: "Un poema, sencillamente, se escribe. Pienso esto mientras camino por la ciudad revuelta y viajo al pasado, muchos años en el tiempo. ¿Cómo será 'inspirarse' y escribir unos versos en un papelito?". La letra (la caligrafía) funciona en este texto como el rostro gráfico de la voz: esa singular mezcla entre inocencia y experiencia que es la marca registrada del antiestilo Washington Cucurto.

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Tapa Si te copás y curtís, ilustrada por Washington Cucurto.
 
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