CULTURA / ESPECTACULOS › SE PRESENTA REMORA, EL NUEVO LIBRO DE POESIA DE SEBASTIAN RIESTRA

Palabras para una ausencia

De construir una ausencia y amorosamente sostenerla como espacio literario y vital trata este libro, forjado no sólo en la más noble tradición poética de la lengua materna sino en lecturas de poesía modernista en idiomas extranjeros.

 Por Beatriz Vignoli

¿Cuál es la probabilidad estadística de que la reseña de un libro de poemas, por azar, se publique a diez años exactos de la fecha incluida en uno de los poemas del libro: 18 de mayo de 2006? El libro, publicado por el sello local Ciudad Gótica, es Rémora, del poeta y periodista rosarino Sebastián Riestra; a una década de distancia continúa desde el casi anagrama del título su libro anterior, y lo presenta su autor junto a sus colegas Marcelo Scalona (escritor) y Rosario Spina (periodista) el viernes 27 de mayo, a las 19.30, en el Túnel 4 del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río, Rosario). Acompañará la presentación el tecladista Claudio Cardone.

Sobre el libro, dijo el crítico Roberto Retamoso que "se permite asumir el discurso poético como un discurso altamente subjetivo, que habla de aquello que siempre habló la poesía: el amor". Pero "las palabras", como bien supo decir Alejandra Pizarnik, "no hacen el amor, hacen la ausencia". No solamente de amor y ausencia, sino de construir una ausencia y amorosamente sostenerla como espacio literario y vital, trata este libro, que dice: "En la casa de tu ausencia/ me he sentado a escribir". En torno a ese agujero por donde todo se escurre (todo menos la literatura), las palabras del poeta a la ausencia de la amada van entramando con gran solidez su andamiaje, forjado no sólo en la más noble tradición poética de la lengua materna sino en lecturas de poesía modernista en idiomas extranjeros (resuena Ezra Pound, con aquel "Listen, listen to me" de su canto a la ciudad de Nueva York). Y las letras de rock (Riestra nació en 1963) están presentes en los epígrafes. Al fuego lento de la lucha por no olvidar cierta dicha efímera, se cuece una obra de calidad y contundencia supremas. No hay aquí ningún poema cursi ni mediocre, y sí muchos versos memorables.

"La ciudad nos reunió/ y ahora/ nos separa. Basta, ciudad: / devuélvemela. Dámela/ de nuevo en la noche de mayo/ vestida de negro/ para mí. Ciudad, / no me la robes. Ella fue/ mi alegría. La soñé/ y la perdí. Me falta/ y con ella la razón/ para estar vivo. Pero vivir/ no importa, sino ella. Ciudad, /escucha. Escúchame", escribe Riestra. El poema citado completo se titula Stolen ("robada", en inglés), y el título remite a cierta "erótica del duelo" (como escribe Jean Allouch) donde parece ser siempre otro el que se lleva lo que un sujeto pierde.

El tapiz donde se abre ese agujero negro es una ciudad: "Toda la ciudad/ vacía/ porque falta un cuerpo". La amada ausente es nombrada como garza, o como heron (garza, en inglés, y también casi homófono de heroin). Pero también es "escrachada" en datos sueltos, diseminados en los diversos poemas. Datos que no reproduciremos aquí: su apellido (título del libro anterior), su nombre de pila, su año de nacimiento, y el barrio donde vive, en otra ciudad. El lado extraliterario de esta saga poética tiene, más que una musa, una víctima. Pero hace diez años no existía en el mundillo cultural la corrección política de hoy, que hubiera habilitado alguna sanción contra el romántico pero importuno autor. Si fuese una autora, se la identificaría de inmediato con el terrorífico personaje de Glenn Close en Atracción fatal. Pero el enamorado, en la tradición de Dante y Petrarca, es un hombre: le sientan mejor los laureles que la patologización y la criminalización.

En uno de los poemas, se le reprocha a la musa su silencio. ¿Y si hubiera respondido? Posiblemente no existiría este magnífico libro, continuación de aquel que fue una misiva no contestada. Es contra un silencio como ese que se escriben libros como este. ¿Cabe suponer una redención por la literatura, por la buena literatura? Porque no es fastidio ni indignación lo que provoca Rémora, sino empatía y piedad. La exhibición descarnada del propio sufrimiento, propia de quien está sumido en la melancolía, termina dando palabras al dolor del lector. La resonancia universal que adquieren estos textos tan íntimamente personales se debe a la impersonalidad que obtienen de su inscripción tan lograda en la tradición poética occidental, y también a que la falta es constitutiva y el objeto perdido es estructural, en todos.

Sebastián Riestra no ignora esto: deja entrever cierto asombro, cierta perplejidad, cierta conciencia del carácter ficcional o mítico de ese relato tan verdadero que despliega con toda sinceridad. Su proyecto literario, incomprendido en su momento por los objetivistas de su generación, comenzó con El ácido en las manos (1991) y siguió con El porvenir de los muertos (2002), Clitoriana (2003), el poemario de 2004 y Lunita rosarina (prosa, 2010). Poemas de Sebastián Riestra fueron incluidos, entre otras recopilaciones antológicas de diversos autores, en La única ciudad (1992) y La Plata Spoon River (2014).

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Riestra exhibe descarnadamente su sufrimiento y termina dando palabras al dolor del lector.
 
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