CONTRATAPA

 Por Miriam Cairo

"Hay un sentimiento de frío en la nieve afuera,

¿qué tal un poco de vino adentro?"

Po Chu I (772 846)


EL DIARIO

A veces abro el diario y dejo caer el alma al sesgo. Recuerdo ese dicho popular sobre que la gente necesita verdades y veo que los titulares salen en su búsqueda. Afortunadamente, una verdad nunca se le niega a nadie, y cada titular encuentra una. Satisfechos de tinta la entregan al estómago pensante de la gente. Y la gente come la verdad de los diarios con cuchillo y tenedor. La mastica y la degusta. Algunas resultan sosas. Otras demasiado pesadas. Otras mal cocidas. Como toda comida hecha fuera de casa, a las verdades de afuera siempre les falta algo porque la base de la fortuna es el ahorro. Cada chorro de tinta lleva una dosis de verdad al organismo que se alimenta o se envenena.

EL BAR

Sobre la mesa del bar dejo caer el alma al sesgo. Miro alrededor. Me pregunto si los que beben café, leen el diario, pasan por la calle, son la gente. Si ellos son la gente, yo también lo soy. Me parezco bastante a ellos. Posiblemente ellos y yo seamos la gente para la que se editan los diarios, para la que se escriben libros y se hacen los desfiles de Giordano. Seguro que nosotros lo somos, aunque ellos hablen de nosotros como un todo general y clasificable, como algo liviano hasta la docilidad del aire. Además, todos los que no son la gente, tienen muchas responsabilidades. Pasan las noches en vela levantando la mano sin sospechar que no se escriben sátiras con flema, porque está en la naturaleza de la flema no destruirse a sí misma. Sic.

LOS LIBROS

Dentro de los libros dejo caer el alma al sesgo. El alma no cae vertical sino que viaja hacia lo profundo de un río o se queda a ras de página como si tratara de escapar de una balacera invisible. La gente de los libros pisa su sombra cuidadosamente para que el cuerpo no sufra. Dentro de los libros el cuerpo se encuentra con el alma y entre ambos construyen una verdad propia, no extorsionante. La gente se mete en los libros porque afuera hay un mundo castrado. Aunque haya paquetes de figuritas sexuales, afuera hay fantasmas sin carne. La gente de los libros tenemos otra idea de cuerpo y alma, de lo que juntos atañen, iluminan, merecen. En lo profundo del río estamos los que caemos en sesgo, cuidándonos de los cuidadores de almas.

LA NOCHE I

A los pies de la noche dejo caer el alma al sesgo. Allí encuentro el alma de la gente que está de este lado de la vida. No una abstracción ni una entelequia. Con picardía nos damos cuenta de que somos reales. Nos agarramos la cabeza. Podemos decir nosotros con toda claridad. Y nos damos cuenta de que ellos hablan de la gente porque no son más que su propia vanidad de no ser nosotros. Y más risa nos da comprender que ellos creen que piensan y hacen por nosotros. Nosotros, que estamos de este lado de la vida y no de aquel lado del poder. Tan misterioso nos parece este mundo. Tan disfrutable en sus ampulosas maneras de ser.

LA NOCHE II

La noche a veces es un momento del día, a veces una dimensión emocional donde nos reunimos para admirar a los que hablan de la gente y opinan con fervor convincente que esto y que lo otro. Tienen mucho trabajo los que no son gente. Deben organizar el mundo, frenar a Corea, fusionar General Motors, editar novelas, pasarle Blem a las armas, abaratar el costo de la cerveza, poner un montoncito de escombros aquí y una lamparita bajo consumo allá. Todo esto tiene más emoción que el juego del ahorcado. Y consecuencias rentables y milagrosas.

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