CONTRATAPA

El límite de las cosas

 Por Manuel Quaranta

Ya nunca más seré la que fui. Me esperan/ años de duda, de miedo, de irrealidad,/ la tentación, probablemente, de la noche,/ la muchedumbre del insomnio, el vacío./ Y ustedes, mi padre como mi madre, mis hermanos,/ bocas que me comen, a su manera, mi vida,/ se perderán, desde ahora, en una suerte de niebla o de lluvia/ muda, por los siglos de los siglos. No/ debiste mandarme, no, no debiste. Porque/ en la puerta del supermercado,/ por encima del ruido de las registradoras,/ en el invierno liso y monótono,/ en la selva del hambre, incurable y ancestral,/ esos ojos, aunque guardaran, en el revés, el desierto,

me mostraron, enteramente, y por un momento,/ la red de nuestra prisión.

Juan José Saer

(Si la humanidad se dividiera entre seguidores de Parménides y Heráclito -dicotomía típicamente occidental- Mariana Telleria formaría parte, sin duda, de los más fieles al segundo, el oscuro).

Habituado a una ilusoria regularidad, el peatón desprevenido caería en las telarañas del asombro debido al asalto de un cambio radical en el paisaje cotidiano. La normalidad sufre un golpe mortal. Con una simple alteración del color, el horizonte se reconstruye -﷓¿o construye?-﷓ y desquicia la mirada de quienes cierran sus ojos ante el devenir inocente del mundo: Una aparición sobrenatural, arte de magia, el museo oculto tras la costumbre vuelve a cobrar vida, paradójicamente, gracias al color menos esperado, el de la muerte.

Blanco sobre blanco.

Negro sobre negro.

Negro sobre blanco.

Mariana Telleria proyectó, retomando -﷓consciente o no-﷓ algunas de las propuestas que Edgardo Antonio Vigo realizó en su Manifiesto Primera No﷓Presentación Blanca. Manojo de semáforos (1966), un señalamiento -﷓en 1916, Marcel Duchamp pensó firmar el edificio Woolworth, primer antecedente de esta acción-﷓: "No construir más imágenes alienantes sino señalar aquellas que no teniendo intencionalidad estética como fin, la posibiliten [...] La funcionalidad de carácter práctico﷓utilitario de algunas construcciones debe ser señaladas y así producir interrogantes que no surgen del mero y vertical planteo utilitarista sino de la 'divagación estética [...] La calle albergadora del 'objeto señalado' presenta a las estructuras estéticas constantes del hombre la posibilidad de estar presente en nuestro diario transitar y no estar 'cobijadas' o 'escondidas' en museos o galerías".

Mariana Telleria decidió intervenir en la aparente permanencia de las cosas para multiplicar los sentidos y hacer estallar la supuesta firmeza del mundo.

Mariana Telleria eligió pintar el Museo Juan B. Castagnino de negro. ¿De negro?

Duelo, melancolía, pobreza, oscuridad, temor, tristeza. ¿Cómo invertir la carga negativa que Occidente asigna a este color?

(Si, como dice Telleria, "el negro es la renuncia más notoria al color y la renuncia más notoria a toda exhibición", ¿su intervención haría que el Museo se mostrara escondiéndose, se develara en el mismo ocultamiento? ¿Logra, la artista, que un bien inmueble, a partir del señalamiento, se mueva?).

Algo está sucediendo. Algo se expande -﷓¿el concepto de arte?-﷓. Ampliación objetiva y subjetiva. Transvaloración: un espacio público destinado a recibir obra pasa a ser él mismo, obra. La acción, entonces, no produce solamente cambios evidentes en la fachada del museo sino que, fundamentalmente, opera en nosotros -﷓Alejandra Pizarnik estaría de acuerdo-﷓ para abrir las puertas de la percepción: "Una mirada desde la alcantarilla/ puede ser una visión del mundo/ la rebelión consiste en mirar una rosa/ hasta pulverizarse los ojos".

Rebelde, la intervención de Telleria es subversiva, propone otra versión, un punto de vista distinto, una desnaturalización de lo obvio, un corrimiento de lo usual; y a la vez, la fragilidad de su acción roza el desamparo: sin imponer nada, sospechando que existen -﷓efímeros-﷓ otros mundos, -﷓gráciles-﷓ otras vidas; como si ella sintiera en carne propia -﷓muchos la sentimos-﷓ la perturbación de los versos de Saer:

"Bienaventurados/ los que están en la realidad/ y no confunden/ sus fronteras".

¿O será que con este trabajo, Mariana Telleria, más que mostrarnos una realidad, lo que procura es poner evidencia -﷓junto con la de ella-﷓ nuestra ceguera?

Ni sensaciones ni sentimientos. Una nueva experiencia estética. Poética. Filosófica. Urbana.

Lo que se ve, no es lo que se ve, lo que se ve somos nosotros: Somos el límite de las cosas.

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Imagen: Alberto Gentilcore
 
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