CONTRATAPA

POLVO

 Por Beatriz G. Suárez *

Pensar que un día seremos polvo de índole secreta. La idea de ese polvo más todo lo conexo. Un lugar acorazado de mayúsculas donde no ser ni chinos, asirios, romanos, venadenses. Un sitio milenario con verdad estelar una vez que, entre otras cosas, haya cesado el tiempo.

Polvo anterior. A la lengua, a la moda.

Pequeña razón para seguir, algo que escondo yo no la naturaleza, que produce descreídos, sustracciones de almanaque, por ahí algún febrero.

Pensar que hay un momento que será incluso el de algún Lucifer contrito, un poema de islas que irá desvaneciéndose, anzuelos, espinillos, objetos de este mundo tocados cada uno por un respeto nuevo.

El mapa de esa complejidad irá llegando como el secreto que se opone a la comunicación. La diferencia enorme entre un designio y un trance, entre la etimología y el silencio.

No quieren saberlo los fieles, menos aún los poseídos por Dios; será una experiencia solamente de huéspedes.

Pensar que alguna vez se molerá la extensa caparazón, dejaremos la soledad de la agricultura, la preocupación por los sabandijas y los buenos, las razones silvestres. Como los rastros impensados de una partera de cigüeñas la vida mostrará pliegues y espejos. Nada más.

Un día no valdrán siquiera los pasitos, ni la inestabilidad de los teros, ni los ángulos de sus patas con la tierra, para que venga quizás la decepción sutil de alguien que acaba de parir dejando atrás una incógnita de nueve meses.

Será aéreo. Se volará para dejar atrás cualquier actitud de signo. El polvo negro como una pantera, itinerario de gaviotas seguras o el errático mapa de lo que vas a decir.

Pensar que un día nos volveremos peces equivocados de agua, nos calcarán como cuando éramos chicos nosotros con el Simulcop que elaboraba universos.

Parecido al canto nocturno de los Sirirí que escucho en Dorrego casi el río, y que parece un ticket para entrar a los sueños.

Una vez se escribirá la vida pero en un pentagrama, el trabajo será la nota Fa, y el amor probablemente una corchea.

Podré cauterizar tu nombre luego de que lo rompas en pedazos, proponer

epopeyas, entramparme nocturna y ofrecer ese polvo instantáneo para que

alise la barranca.

Yo sé que un día olvidaré la botella verde que tiré en los sesenta y volverá vacía.

Y no va a ser tan trágico.

* [email protected]

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