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Nada para festejar

Mañana se cumplirán 41 años de la institucionalización del Día de la Tierra, cuya finalidad apuntaba a generar una relación más armónica, más respetuosa y menos agresiva para con el entorno. Muchos años para la vida de un hombre, muy pocos para la de la Tierra. Eran épocas de utopías y luchas por un mundo mejor, en que se le decía no a la guerra y las ideas libertarias florecían en el ocaso del hippismo. El ecologismo o el ambientalismo estaban en sus albores y eran actividades reservadas para unos pocos entendidos o iniciados.

No obstante, científicos, catedráticos, estudiantes y algunos sectores sociales minoritarios empezaban a intuir que algo no estaba funcionando del todo bien en esa relación controversial entre Sociedad Naturaleza. Ya se insinuaban algunos indicios preocupantes sobre los problemas que se avecinaban, por lo que el Club de Roma encargó un informe sobre la situación al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que se plasmaría en el libro Los límites del crecimiento, de 1972, y que anticipaba tendencias negativas sobre el futuro inmediato y que habrían graves interrogantes sobre la viabilidad del crecimiento permanente, anunciando una crisis de proporciones. Muchos de esos pronósticos y anticipaciones, lamentablemente, hoy empiezan a tener confirmación, a la luz de los descalabros sociales y ambientales que en distintas regiones del mundo se están produciendo, en la cual la desigualdad y el cambio climático aportan al agravamiento del problema.

Casi un tercio de la humanidad no tiene lo mínimo necesario para su subsistencia, el agua escasea o está contaminada, los catástrofes ambientales y fenómenos extremos se han hecho más pronunciados y recurrentes. No obstante, un sector minoritario de la raza humana (menos de un 20 por ciento privilegiado) tiene todos los botes salvavidas, sigue bailando en la cubierta del Titanic, despilfarrando recursos y el patrimonio común, en una fiesta interminable que terminaremos pagando todos.

Mientras tanto, disimulado por el maquillaje verde, con la complicidad de gran cantidad de Ong's ambientalistas creadas por y para el mercado, las grandes empresas multinacionales que conducen este tsunami consumista, hablan de responsabilidad social empresaria, consumo verde, autos ecológicos, biocombustibles, desarrollo sustentable, revolución verde, etc., mientras llenan sus faltriqueras a costa del futuro común y las carencias de millones. Aquellos que teníamos confianza ciega en que a través de la prédica, educación, toma de conciencia y participación social se podía revertir la tendencia suicida --que cada día más nos pone al borde del abismo y más cerca de una catástrofe de proyecciones impredecibles e imprevisibles--, hoy no estamos tan seguros de ello.

Ricardo Luis Mascheroni

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