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Walsh

Era la 1.30 cuando cruzó la calle Brasil apretando bajo un brazo el portafolio donde llevaba las primeras copias de la Carta de un Escritor a la Junta Militar. Había cumplido con lo que también fue su última apuesta: terminar y distribuir esa carta al cumplirse un año del nefasto gobierno de Videla, Massera y Agosti. Los meses previos habían sido "dolorosamente intensos", sostuvo Liliana Ferreyra, su última compañera.

El mes de marzo tiene más de una efeméride cargada de significado en la memoria colectiva de la sociedad. El 25 de marzo se cumplirán 35 años del asesinato y desaparición del escritor y periodista, Rodolfo Walsh. La memoria tiene que ser un cable de reflexión para el presente.

"Fue autor de novelas policiales deslumbrantes. Más tarde fue el autor de unos reportajes tremendos e implacables en los que denunciaba las masacres nocturnas y las corrupciones de escándalo de las Fuerzas Armadas argentinas. En todas sus obras, aun en las que parecían de ficción simple, se distinguió por su compromiso con la realidad, por su talento analítico casi inverosímil, por su valentía personal y por su encarnizamiento político", dijo el Premio Nobel Gabriel García

Márquez sobre el periodista argentino.

El pasado está abierto en las postales del presente.

Cuanta necesidad de pensar lo que significó el pasado reciente, no sólo los delitos de lesa humanidad, sino también en el daño cultural que nos han hecho. Los genocidas que ocuparon el poder el 24 de marzo de 1976 saquearon las palabras con el objetivo de domesticar a la sociedad. En parte lo lograron. Por eso es indispensable hoy, a 35 años de la desaparición de Walsh leer y releer su obra.

La sociedad ha cambiado mucho desde su desaparición: actualmente hay una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que reemplazó a la que impulsaron los militares y los asesinos de Rodolfo Walsh y otras personas acusadas de violaciones a los derechos humanos fueron condenados el 26 de octubre del año pasado. Una reparación de justicia,

después de tanto tiempo de impunidad, aunque quedan muchos de sus cómplices libres.

La figura y el legado de Walsh tienen que ser reivindicado y tiene que ser un motivo para pensar nuestra sociedad y dentro de ella, los medios de comunicación, un ámbito donde muchos impostores se llenan la boca hablando de libertad de prensa desde sus impolutos escritorios a espaldas de la realidad. Son hipocresías que duelen.

Juan Pablo Robledo

Periodista y estudiante de la UNR, miembro de Asociación Otras Memorias. [email protected]

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