SOCIEDAD

Historia y lucha de Ana que perdió a su gemela

Este jueves, Miriam Moro -asesinada por la dictadura militar-
fue homenajeada junto a otros desaparecidos. Su hermana Ana
contó a Rosario/12 cómo fueron estos años buscando justicia.

 Por Sonia Tessa

Así como los pañuelos blancos, la figura de la gente marchando tras las fotos de sus familiares desaparecidos recorrió el mundo como un símbolo de la resistencia a la dictadura militar. Ana Moro, hermana de Miriam, secuestrada el 27 de septiembre de 1976, a los 24 años, comenzó un incansable trabajo apenas se enteró -ella misma secuestrada por unos días en el Servicio de Informaciones- que habían matado a su inseparable gemela. "Al mirar fotos de cuando éramos pequeñas, me cuesta reconocerme", dice ahora, apenas superada la emoción del homenaje que el jueves se realizó a los cuatro secuestrados en Rosario el mismo día: Además de Miriam, su compañero Roberto de Vicenzo, Oscar Bouvier y Antonio López.

Cuando cayó Miriam, su hermana se encargó junto al resto de la familia de los pequeños David, casi de dos años y Gustavo, de siete meses, que todavía tomaba la teta. Además, la militante de Montoneros estaba embarazada de tres meses "y decidida a tenerlo". La secuestraron junto a López cuando salieron a repartir volantes, los fusilaron, y los dejaron en un camino de Casilda. Fueron enterrados como NN, y sólo al regresar la democracia Ana tuvo certeza del destino de su hermana, aunque nunca recuperó los restos. Le dieron la ropa, pero se negó a recibir la venda que llevaba Miriam en los ojos cuando le dispararon 12 balazos por la espalda. "El mismo juez al que le hicimos el hábeas corpus, y nos dijo que no tenía ninguna noticia de una chica de esa edad que había salido en moto con un compañero, es el que recibió el cuerpo y determinó enterrarla como NN en Casilda. Luego de dos años la enterraron en una fosa común en Rosario", relató Ana. El juicio por la muerte de su hermana que inició, patrocinada por Delia Rodríguez Araya, "quedó en nada" por las leyes de punto final y obediencia debida.

Antes de esas leyes, en los primeros años de la democracia, Ana participó activamente en la búsqueda de testigos para el juicio a las Juntas, aunque el caso de su hermana no fue elegido para formar parte de la monumental querella por las dificultades que presentaba la falta de testigos que pudieran identificar a los responsables. "Igual fuimos a Buenos Aires cuando declaró la gente de Rosario. Fue algo increíble", rememora cuando la actual revitalización de las causas no alcanza para aliviarle el gusto amargo de la impunidad.

Por eso, si bien valora el impulso del gobierno nacional a las causas por los derechos humanos, no manifiesta ninguna confianza "en el gobierno ni la justicia de Santa Fe". "No soy muy optimista. No me puse contenta cuando lo apresaron a (Miguel) Etchecolatz. Demasiado tarde. Tiene 76 años, ya pasó toda su vida muy bien, nosotros hemos sufrido todo estos años muchísimo. Nos arruinaron la vida", dice y subraya que no puede volver a corear la consigna "Aparición con vida", a raíz de las marchas en las que participó por el testigo Jorge Julio López. "Me llena de tristeza y ojalá que se resuelva, y que no lo hayan matado. También creo que es una amenaza contra la política que está llevando el gobierno nacional, y contra nosotros. Estoy muy mal y muy angustiada. No puedo cantar esa consigna, no me parece posible que podamos volver a vivir lo mismo que nos hicieron a nosotros", afirma.

Pero aún así, considera: "Algunas cosas conseguimos, y algo fundamental, que los represores no lo hubieran creído, juntarnos y actuar en conjunto. Toda nuestra insistencia de tantos años, sin claudicaciones, hizo que consigamos cosas. Hay mucho interés de los jóvenes. A ellos les diría que sean tenaces, que sigan, que sigan, que sigan".

La tenacidad es una de las características que más recuerda de su hermana, con quien era inseparable. "Era muy inteligente, una persona muy sensible, muy tranquila, y muy firme en sus convicciones. Mis familiares fueron a hablar con ella para decirle que si se querían ir le facilitaban el viaje, ya que durante los últimos meses era fatal como caían. Pero les dijo que no, que iba a seguir". Ana resalta lo más importante que tiene para decir de su hermana: "Estaba dispuesta a morir por un proyecto de vida diferente".

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Ana en el homenaje a su hermana, De Vicenzo, Bouvier y López. "Toda nuestra insistencia, hizo que consigamos cosas", dijo.
Imagen: Alberto Gentilcore
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