PSICOLOGíA › EL PSICOANáLISIS FRENTE A UNA MARCA DE éPOCA: LA TOXICOMANíA

Cuando los excesos comandan

La desolación y el desencanto son característicos del mundo contemporáneo, un mundo que ha cambiado estructuralmente, desde la instalación de nuevas maneras de relacionarse, a diferentes modalidades que toma la decadencia del amor.

 Por María Juliana Bottaini*

El mundo contemporáneo, con los avances tecnológicos y científicos, asociados el discurso capitalista y del discurso de la ciencia, produce y nos ofrece cada vez más y de manera inmediata, objetos que prometen felicidad, satisfacción y dicha. Paradójicamente a este aumento de los objetos de consumo, la celeridad en las comunicaciones, las ofertas del mercado, no alcanzan a paliar el sufrimiento humano, y crece así lo que Freud llamó el "Malestar en la Cultura", y Lacan "los callejones sin salida de la civilización". En la vida cotidiana, podemos constatar que las personas se encuentran cada vez más solas, y que la distancia entre lo que se desea y lo que efectivamente se tiene, es cada vez mayor, como también el sufrimiento. Hay una inadecuación del ser hablante con su satisfacción.

Hoy pareciera que los excesos comandan la vida. La desolación y el desencanto son característicos del mundo contemporáneo. Un mundo que ha cambiado estructuralmente, desde la instalación de nuevas maneras de relacionarse, de casarse, de comer, de divertirse, de vivir la familia, el trabajo, el deporte, los ideales, a diferentes modalidades que toma la decadencia del amor, los nuevos síntomas o nuevas envolturas, el aumento de la violencia transformada en espectáculo cotidiano, la falta de límite entre lo público y lo privado, el incremento de un goce autista y solitario. Ser contemporáneo es entonces ¿entrar en un abismo, en la desmesura? ¿en las adicciones? En este sentido, resulta interesante ampliar nuestra mirada y desmistificar la idea del adicto como aquél sujeto empedernido en el consumo de alguna sustancia.

La época actual nos invita a pensar más allá de esta práctica de goce, por lo que nos valemos del término de Ernesto Sinatra "toxicomanías generalizadas" para destacar las particularidades del mundo contempóraneo, con la pulsión de muerte anidando en cada sujeto, suelta, alocada, "desintrincada"... Cada ser hablante encontrará su propio modo de arreglárselas para domeñar y domesticar esas pulsiones, otros quizás, no podrán parar: de trabajar, de hacer deportes, de comer todo o nada, de drogarse, de jugar y apostar, de tomar alcohol, de ir de compras, de estar enfiestado. Algunos habitan este mundo como si estuvieran subordinados a un goce sin límites, sin freno, a un empuje o compulsión mortífera y estragante. En este contexto, la ruptura y destrucción de los lazos sociales es evidente.

Así, pensamos las toxicomanías como el paradigma de un modo de gozar (entendido como una oscura y destructiva forma de satisfacción) que propone el Otro de la cultura, a partir del imperativo a encontrar la felicidad en el consumo de determinados objetos. Advertimos que las toxicomanías son el paradigma de la clínica actual. La droga aparece entonces como resultado de la modernidad, pero está claro que no se trata del tóxico en sí --de hecho, la relación de los individuos con las drogas es milenaria-﷓ sino del uso particular que cada sujeto haga de él, es decir, la función que éste tenga en la economía psíquica de cada persona. En Psicoanálisis recorremos un camino que va de lo universal a lo singular. Las investigaciones de Freud en El Malestar en la Cultura tienen absoluta actualidad. Las personas buscan la felicidad, pero como ello resulta bastante imposible de manera intensa y por un tiempo prolongado, entonces se contentan con evitar el sufrimiento y la desgracia. Freud enumera varios métodos para sortear el malestar, pero indica que el más efectivo es a través de los quitapenas, los químicos, es decir, la intoxicación. Una solución/remedio al malestar que lleva implícito también su nocividad.

El Psicoanálisis puede pronunciarse respecto de esta problemática y dar respuestas efectivas para el tratamiento de las toxicomanías, que, por supuesto, van en dirección opuesta a la operatoria propia del consumo. Ello supone un camino que va de los hechos a los dichos y la operación tóxica, por el contrario, implica un hacer, un alejamiento de la palabra. Se tratará de localizar un sujeto allí donde hay pura práctica de goce, dando un lugar a su palabra y a su sufrimiento.

Concierne al Psicoanálisis, subjetivar el consumo para que el deseo comience a comandar la vida de un sujeto en detrimento del goce mortífero, trabajando en dirección a que las toxicomanías, el alcoholismo y las nuevas patologías de la época puedan ser aptas para el tratamiento Psicoanalítico. Amar la palabra, creer en el inconciente, darse un nombre más allá de "adicto o drogón", es la orientación a seguir.

El 30 de mayo iniciaremos una serie de encuentros que se extenderán durante todo el año, donde tendremos la oportunidad de poner a trabajar estas cuestiones, entre otras. Nuestra apuesta es mantener vivo el Psicoanálisis induciendo un amor al saber. Intentaremos generar una transferencia de trabajo que solo es posible articular con el amor. Un amor al saber, un amor al inconciente.

Para quien se sienta convocado, la invitación es en la Sección Rosario de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Jujuy 1610, los días 30 de mayo, 6 de junio, 4 de julio, 1 de agosto, 5 de setiembre, 3 de octubre, 7 de noviembre y 21 de noviembre, a las 20.30.

*Psicoanalista. Integrante del Grupo de Investigación del T y A (Toxicomanías y Alcoholismo. Instituto perteneciente al Campo Freudiano. Escuela de la Orientación Lacaniana).

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Las toxicomanías son en el paradigma de un modo de gozar.
 
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