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Matrimonio gay y la Iglesia de Rosario

Desde la amenaza que recibió un legislador nacional de parte de una alta jerarquía eclesiástica de Rosario, hasta la carta que ofendió a los padres de colegios católicos, pasando por los encendidos discursos en las marchas; hacía tiempo no se veía tanta movilización en el sector. Cuando el dogma amenaza los derechos civiles.

 Por Leo Ricciardino

Desde los debates por la ley de Divorcio que no se veía así a la Iglesia Argentina, ni siquiera las discusiones por la despenalización del aborto la ha movilizado tanto como el matrimonio homosexual a punto de tratarse de manera definitiva en el Senado de la Nación. Todos los cuadros se han puesto en movimiento: Desde la alta jerarquía hasta los laicos más o menos consagrados. Y no estaría mal que Iglesia y católicos practicantes en general salieran a las calles a expresar su parecer en un tema delicado para su dogma. Está claro que el matrimonio es un sacramento demasiado importante para el catolicismo como para cederlo a parejas del mismo sexo. Pero lo que no está bien es cuando el dogma colisiona con los derechos civiles. Y esto es lo que no ha comprendido o no quiere comprender la Iglesia, y no toda, por supuesto.

Vivir en el dogma para un católico practicante es como una especie de oasis o bendición. Las reglas son claras y hay que limitarse a acatarlas espantando a todas las tentaciones terrenales. Sabemos que otras religiones son, en realidad, mucho más severas en este aspecto, pero es seguro que una pequeña porción de los millones de católicos, efectivamente se esfuerza por vivir según el evangelio. Aún dentro de esa práctica lo que se debería pregonar sería el no al matrimonio homosexual para los católicos, pero no pretender avanzar sobre un derecho clarísimo para el resto de los no creyentes. En todo caso, la lucha del católico debería ser la de sumar más católicos, no la de acumular imposiciones para el resto de la sociedad que no comulga con gran parte del dogma, aunque en su mayoría se diga católica.

Incluso, en la última marcha que se hizo en la ciudad de Santa Fe uno de los militantes cristianos que dirigían la convocatoria aseguró que "el matrimonio es incluso anterior a la Iglesia, viene del derecho romano". Lo cual es cierto, pero que se sepa no hay romanos en la actualidad batallando por no modificar las normas que rodean al matrimonio. Ya se avanzó con el divorcio vincular y ahora se pretende, lógicamente, avanzar en el casamiento de personas del mismo sexo y el derecho de éstos a adoptar hijos.

Está bien que la Iglesia quiera mantener el matrimonio entre el hombre y la mujer. Lo que no está bien es que un obispo aproveche un acto protocolar para acercarse a un legislador nacional y decirle al oído en tono amenazante: "Cuidado con lo que hace, hay toda una provincia que está mirando". Y menos en una provincia donde alguna de sus autoridades llegó aquí desde Mar del Plata acusada de ocultar las denuncias por abusos sexuales contra un profesor de Educación Física. ¿Quién mira en esta provincia?. ¿Monseñor Storni acusado de abusar de un seminarista a quién conocía desde bebé? O como le sucedió a una legisladora en Córdoba a quien un sacerdote le dijo directamente:"?Te vas a ir al infierno". No debe haber amenaza mayor que esa, ¿no?.

Lamentablemente los debates que involucraron a la Iglesia argentina, desde Laica o Libre, divorcio, aborto y hasta el peronismo; se libraron más o menos en esos términos. En algunos casos con la leyenda "Cristo Vence" pintada en las alas de los aviones que bombardearon civiles en Plaza de Mayo. Pero también, siempre hay otra Iglesia, hecha de hombres que pueden vivir en el dogma no sólo respetando a los otros sino amándolos, que es mucho más difícil. Ahí están desde los curas gauchos a los comprometidos como el padre Mujica. Habría cientos para nombrar, incluso aquí en Rosario. Pero particularmente en este tema uno se siente orgulloso de conocer de cerca, de haber mateado tupido con Daniel Siñeriz, el párroco de Nuevo Alberdi que dijo en este diario que el bendeciría a una pareja homosexual porque "la valentía y el amor son cosas para bendecir".

El fin de semana, la senadora Roxana Latorre confirmó que votará a favor del matrimonio de personas del mismo sexo. De esta manera se diferencia un poco más de Carlos Reutemann que -como corresponde a su pensamiento, que lo tiene aunque no lo muestre demasiado votará un proyecto más conservador que permite la unión civil entre personas del mismo sexo (no el matrimonio) pero les impide la adopción. Hay libertad de conciencia en los distintos bloques y está bien que así sea. Lo que no está bien es amenazar abiertamente, perder el control y avanzar contra los derechos civiles. Ah, tampoco está bien hacer como el vicepresidente que no comunica su postura sobre el tema. Hay temas en los que es un escándalo no tener posición tomada, no son muchos, pero éste es uno de esos.

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