OPINION › PANORAMA POLITICO

Desafíos del kirchnerismo en Santa Fe

 Por Pablo Feldman

El acto convocado por el kirchnerismo santafesino el miércoles pasado tendrá inevitablemente incidencia sobre la interna del partido Justicialista santafesino. Miles de rosarinos llegarón a la bajada Sargento Cabral movilizados por el aparato y otros tantos lo hicieron espontáneamente. Tanto una cosa como la otra son señales para tener en cuenta de cara al proceso electoral. En el invierno del 2007 Rossi perdió la interna cómodamente frente al paracaidista Rafael Bielsa, en una compulsa en la que el reutemenemismo se había metido debajo de la cama. Y el año pasado, el mismo Rossi alcanzaba a duras penas el 10% de los sufragios para renovar su banca en el Congreso de Nación. Pasaron apenas tres años del primero de los hechos, y la política del "tiempo compartido" ensayada por el ex Canciller fue derrotada por Hermes Binner, y poco más de un año de aquel 28 de junio en el que precipitadamente se anunció la muerte del kirchnerismo. Era impensable entonces -y para muchos hasta el martes- que Rossi juntara 15 o 20 mil personas en un acto público. Tanto que la figura del Chivo fue rehabilitada por medios que antes sólo se ocupaban de mostrarlo recibiendo huevazos.

La presencia de jefes comunales, dirigentes de organizaciones gremiales y figuras de la política nacional hablan a las claras de un "Rossi recargado", que si antes "atendía" a Carlos Reutemann, como no lo haría ahora, que una vez más el piloto se borró. Pero en rigor el diputado no se ocupó del senador, al que algunos cultores de la política ficción imaginan como el vice de Cristina, sino a sus "beneficiarios", mayormente dirigentes del interior con un involuntario perfil bajo que prosperaron en la política en las boletas del Lole. Hasta ahora ninguno de ellos que se muestran en afiches de distinta factura se ha animado ni al acto público ni a la definición en contra de nadie, ni siquiera de Hermes Binner, al que también le disparó el jefe del bloque de diputados nacionales del oficialismo. Para ser justos habría que destacar que Omar Perotti es el que más seriamente ha insinuado su vocacion de poder, no tanto por la campaña plagada de simplificaciones y lugares comunes, sino por su determinación que podría resumirse en un "ahora o nunca", aún estando más cerca del nunca. Jorge Obeid, parece haber revisado el archivo: "Sólo si Reutemann es candidato a Presidente yo seré a Gobernador", dijo el ex mandatario y no parece que el Lole vaya a hacer ninguna otra cosa que ir a votar el año que viene.

El discurso de Rossi es el mismo que cuando lo tapaban los silbidos en los días de la disputa con las patronales del campo. Lo que ha cambiado es el contexto, y no por casualidad sino por políticas implementadas desde la Casa Rosada, que dieron vuelta la historia, y a varios de los "protagonistas" del "grito de la Recoleta" que con la soja a más de 1.300 pesos y laxos controles de la evasión no pierden tiempo en asambleas y se dedican a cosechar, como antes, como siempre. A eso se agrega la triste imagen de los principales dirigentes opositores, que son casi todos funcionales a la gestión de CFK y cuando no, se enfrascan en las internas que parecen ser su vocación irrefrenable.

Rossi es hoy beneficiario de este contexto, pero sin la proyección optimista que se advierte en los funcionarios nacionales y en él mismo entorno al comicio para elegir presidente. Santa Fe es otra cosa, y si bien la imagen de Cristina Fernández sigue creciendo, las encuentas muestran que hay "voto cruzado" con Hermes Binner, aunque hay que decir que el gobernador no competirá en la provincia. En rigor, lo que dicen los sondeos es que más de la mitad de los que votarían por Binner en Santa Fe, aprueban la gestión de la Presidenta o la consideran la mejor candidata. Y algo más, Carlos Reutemann -ausente con aviso- sigue midiendo más que cualquier dirigente del PJ para una eventual candidatura a gobernador.

El desafío para Rossi -que no prevé unidad en Santa Fe- es conquistar a esos votantes de Reutemann que probablemente también votarían por Cristina. Difícilmente un votante del socialismo se vuelque para ese sector en la elección provincial -sí en la nacional- pero la disputa interna por la sucesión de Binner es un inesperado regalo para Rossi y para todo el peronismo. Las cuentas previas de un peronismo dividido prácticamente en mitades, no necesariamente 50 y 50, alentaba a socialistas a conservar un piso del 40% de los votos, suficientes para derrotar a las dos vertientes peronistas, en principio la de Rossi y la del resto. Ese "resto" deberá ir a internas para definir el candidato. Por ahora son como media docena, aunque la mitad de bajará si ve que después de eso no hay una sola lista del PJ. Rossi ya ha dicho que no irá a internas en la medida en que no haya un alineamiento con el gobierno nacional. Que por ahora no se ve, pero que no habría que descartar. En eso el peronismo no tiene complejos, casi todos fueron menemistas, luego duhaldistas y hasta hace poco kirchnersitas. Algunos lo siguen siendo, y es razonable que sean los que ocupen el centro de la escena y hagan la "pata ancha". Ganar la elección será más trabajoso, pero no imposible como hace apenas un par de años cuando los mismos que ahora buscan su lugar bajo el sol se preguntaban si Cristina terminaría su mandato.

Lo que será de Santa Fe, sus obras, sus necesidades, su destino, será motivo de otra columna, como seguramente de los desvelos de los candidatos que por ahora sólo piensan en cómo llegar en lugar de lo que tendrían que hacer.

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