OPINION › SIETE DIAS EN LA CIUDAD

Una cuestión de número

La media sanción en Diputados de la provincia a la derogación parcial de la ley Borgonovo, que pretende aumentar el número de concejales en Rosario y Santa Fe; renueva el debate sobre el rol de los parlamentos municipales y la necesidad de la autonomía.

 Por Leo Ricciardino

La mayoría de los concejales de la ciudad de Rosario cayó en la trampa y comenzó a enfrascarse en la impopular e innecesaria discusión sobre si son pocos o muchos los ediles de la ciudad. La veloz media sanción que dio la Cámara de Diputados de la provincia al proyecto de un legislador radical que ni siquiera conoce Rosario, puso el tema en el tapete. Un asunto que no se ventilaba desde los años posteriores a la debacle del 2001 que ahora muchos parecen haber olvidado repentinamente.

En aquel momento la medida con pretensiones de reforma política adquirió el apellido de su autor: (Esteban) Borgonovo, que era ministro provincial y había sido también concejal de la ciudad y presidente del cuerpo deliberativo local. En rigor, se reducía a un acto que buscaba el impacto popular para congraciarse con una sociedad que andaba detrás de las cabezas de los políticos. Impulsaba pasar de 42 concejales a 22 en el caso de Rosario y de una veintena a una decena en el caso del parlamento chico de la ciudad de Santa Fe. Todos estaban en contra, pero nadie chilló demasiado por miedo a levantar una voz que pudiera identificarlo con el grupo de los que querían sostener el statu quo aunque la sangre y la desesperanza corrieran por las calles argentinas.

A casi diez años de vigencia de la Ley Borgonovo se reflota la discusión sobre el achique que si hubiese sido tan pernicioso, se pediría volver a los 42 concejales en el caso de Rosario y no sólo aumentar esa cantidad de 22 a 28. De todas maneras, es sencillo ahora decir que aquella reforma fue meramente un acto demagógico. Hay que recordar todo el contexto en el que se produjo para sacar las conclusiones adecuadas. Con todo, es triste admitir que ni siquiera el autor de aquella medida puso después mucho esfuerzo en defenderla, cuando hubo muchos que sí creímos que se producía una modificación que traería aparejado un Concejo más ágil y dinámico. No es verdad que, como dice el edil Arturo Gandolla, hubiera en aquel Concejo superpoblado "especialistas" en determinados temas que a diferencia de lo que hoy ocurre, podían concentrarse y dedicarse a determinadas problemáticas. En realidad, sea el número que sea, siempre pasa lo mismo como en otros ámbitos de la administración pública o de la vida misma: Un grupo es el que hace el mayor gasto y el resto acompaña y, como mucho, trata de no desentonar. (Particularmente, me ha tocado desempeñarme como cronista parlamentario por más de 15 años y en ese rol pude ver muy de cerca el desempeño de los dos Concejos).

Tampoco es una regla que, como dice el concejal de Proyecto Sur Alberto Cortés, la iniciativa reparadora de bancas termine por beneficiar a las minorías. Suponer que peronistas y radicales de Santa Fe alcanzaron un acuerdo para beneficiar a las fuerzas minoritarias es desconocer la trama de los intereses que mueven a esta provincia desde hace décadas. A lo sumo, puede convertirse en una medida que colateralmente termine por otorgar esos beneficios para los más pequeños. Pero desde el vamos, el proyecto parece más que nada alentado por radicales ansiosos de "solucionar" el problema de tamaño en el Concejo Municipal de la capital provincial. Una operación de la que --lógicamente-﷓ no puede quedar afuera el Concejo rosarino por tratarse de los únicos dos de primer grado. Aunque la normativa también trae un dulce para los Concejos de ciudades más pequeñas que podrán, mediante mayorías especiales, subir con límites el número de escaños.

La cuestión presupuestaria parece otra hipocresía. "Si tienen tanta claridad porque no se postulan para el ministerio de Economía", dijo ofuscado el presidente del Concejo Municipal de Rosario, Miguel Zamarini (PS). Para el titular del Palacio Vasallo, pretender que seis concejales más funcionen con el mismo presupuesto de hoy implica aplicar recortes que después complicarían el funcionamiento del conjunto. Entonces, para qué alentar una ampliación que traería aparejados más problemas que soluciones. Porque en esta ocasión también el legislador radical autor del proyecto buscó la complicidad o el gesto demagógico de señalar que el incremento de ediles en Santa Fe y Rosario debe hacerse a costo presupuestario cero.

Necesidad de la reforma

Todo esto en el marco de la postergación indefinida del único tema que verdaderamente podría determinar un avance en los modos de representación política local: La autonomía municipal que se reclama y declama desde hace años pero que nadie otorga. Y así como no se puede por ley determinar qué número de concejales debe tener cada ciudad, tampoco se puede determinar por ley la autonomía municipal. Es sin duda, uno de los temas que por sí sólo debería impulsar la reforma constitucional en Santa Fe. Una carta magna bastante nueva (data de 1962) pero no moderna. No contempla los derechos de los usuarios y consumidores, no consagra cuestiones ambientales, ni muchos otros temas que sí contienen otras constituciones provinciales y la propia Constitución Nacional desde la reforma de 1994. Para no hablar de lo que ha significado políticamente para Santa Fe que ninguno de sus gobernadores haya tenido la posibilidad de ser reelecto.

Aunque parezca mentira los concejales se deben debates más profundos que incluyen el verdadero alcance de su rol. Los ediles son muchos o son pocos dependiendo para qué, no sólo para hacer número. El Concejo municipal de Rosario ha ido superándose año tras año aun cuando su tamaño se redujo. Los temas ahí tratados no requieren de expertos ni tecnócratas que --en todo caso están a mano cuando haya que consultarlos-﷓ si no que requiere de hombres y mujeres con sentido común y con la vocación de tender al bien común siempre, el sencillo eje de toda actividad política. Establecer dónde está el más débil y defenderlo, para esto está el Estado conceptualmente hablando. Observar dónde la discrecionalidad del Ejecutivo se ha desbocado para frenarla. Buscar los consensos para avanzar en el desarrollo de la ciudad. Verdaderamente, tratar de cogobernar con el intendente y sus secretarios.

La autonomía municipal puede llevar a Rosario a niveles de representación mucho más profundos que la mera cuestión numérica. La posibilidad de una carta orgánica propia puede determinar que una porción de los ediles se designe a través del voto de toda la circunscripción --como sucede hoy-﷓ pero que otra porción de los ediles venga en representación de los distritos para garantizar la representación territorial en toda la ciudad. Todas son arbitrariedades, el número, el modo y la forma. Pero hay algunas que pueden ser mucho más beneficiosas que otras.

Con todo, aún no está garantizado que la "reforma" que se votó en Diputados pase por la Cámara de Senadores sin ningún altibajo. Sostienen los observadores cercanos a la actividad parlamentaria provincial que el proyecto vio la luz sólo porque estaba atado a negociaciones por otros temas gravitantes que también fueron votados esta semana. Si en la Cámara alta no se repiten estas condiciones, podría naufragar esta idea de un legislador radical que por otra parte, parece obsesionado con ella ya que es la tercera vez que la presenta en el recinto de sesiones. El hombre querrá asegurarse una banca en algún Concejo para cuando deje la Legislatura. Nunca se sabe.

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