CIUDAD › CRISIS EN VILLA GOBERNADOR GáLVEZ

Los que quieren cobrar

Los trabajadores municipales de Villa Gobernador Gálvez mantienen desde el viernes pasado un paro de actividades, en reclamo del pago de sueldos. Ayer, el sindicato acordó con el intendente Jorge Murabito que la medida de fuerza continuará hasta que deposite el salario faltante. Para eso, permitirán a los empleados de Tesorería que concurran desde hoy a sus puestos para recaudar el dinero necesario para completar los pagos reclamados. Murabito prometió que entre jueves y viernes terminará de pagar el sueldo y el sindicato levantará la huelga.

La protesta detonó ayer, cuando un grupo se apartó de la estrategia gremial y recalentó la situación al arrojar residuos en la puerta de la Municipalidad e impedir el ingreso de los funcionarios. Según el líder del Sindicato Independiente Municipal, Luis Domínguez, ese grupo responde al intendente electo, Pedro González.

A escasos días de haber perdido la reelección a manos de González, Murabito tropezó otra vez con dificultades de caja. Esta vez, la falta de pago la sufren los 857 empleados de planta permanente del municipio, algo que sólo había ocurrido al principio de la gestión del binnerista K, en 2007. A unos 500 empleados encuadrados en categorías inferiores, de sueldos más bajos, se les abonó la mitad de sus haberes de julio. El resto aún no cobró.

Domínguez, del sindicato paralelo al oficial, se hizo eco del trasfondo que se comenta en la ciudad vecina: que Murabito habría pactado con grandes contribuyentes como Cargill, Guereño, Paladini, Sugarosa, entre otras, el pago del DReI por anticipado. De esa manera habría obtenido fondos para afrontar compromisos salariales y financieros. Domínguez reveló que González quiere evitar esos adelantos para no asumir en diciembre con la Tesorería vacía y las manos atadas.

Cuando el paro ya estaba lanzado, ayer ese grupo que el sindicato no controla arrojó frente a la sede municipal parte de la basura que no se recoge desde el viernes y acampó en la plaza principal, entre bombos y bombas de estruendo. Murabito reconoció que el reclamo es legítimo, pero consideró que el acto de tirar basura en la calle "es un exceso".

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