CIUDAD › EMOTIVO REMEDIO DE UN ACTO ESCOLAR LLENó DE ARTE AL MONUMENTO

La patria con ojos de niños

El espectáculo dirigido por Cristian Marchesi, y conducido por Darío Grandinetti, escapó a los lugares comunes y el acartonamiento. Pero sobró emoción. Alumnos de guardapolvo bailaron la chacarera guiados por la "directora" Liliana Gioia.

 Por Leandro Arteaga

Parecía de cuento, porque el sol alumbró desde un cielo limpio, bien celeste. Sin viento ni rastros de la humedad de días previos. Con una temperatura sobria, que se volvía calientemente soportable ante el sol directo. La gente fue colmando el patio del Monumento a la Bandera, entre las escalinatas y las sillas plásticas, durante la mañana del día de ayer. Preparativos rápidos daban cuenta del lugar que debían ocupar las partes militares, inevitables en este tipo de actos. Entre el movimiento geométrico que las formaciones destilaban, en verdes y azules acostumbrados, era llamativo observar cómo muchos de los presentes se deleitaban ante el ordenamiento uniformado, con aplausos y fotografías a sus niños, con los hombres armados de fondo.

Pero la ceremonia no tuvo aquí su subrayado. Tanto fue así que la banda militar apenas si interpretó La marcha de San Lorenzo (y los que fotografiaban y aplaudían, como era de esperar, también cantaron). Porque el momento del Himno Nacional fue un hallazgo, una celebración. Entonces y a partir de allí, con lo protocolar y más aburrido debidamente cumplido, la característica mayor y mejor del festejo. Silvina Garré, Litto Nebbia, Fabián Gallardo y Franco Luciani lo interpretaron. Y fue una delicia. Guitarra, teclado, armónica y voces. Nebbia parecía un búfalo histórico. Qué gigante y qué bello es verlo en escena. La armónica de Luciani, de lo mejor. Todos brillantes. En un Himno Nacional vuelto canción plural. Rosario, Cuna de la Bandera y Cuna del Rock.

"Les aseguro que la imagen de este Monumento, colmado, es realmente imponente y nos conmueve. Nos reunimos para celebrar una fecha que tiene una enorme trascendencia para todos nosotros", introdujo en su discurso el intendente Miguel Lifschitz.

Palabras que pueden vincularse a las que el mismo gobernador Hermes Binner, hiciera llegar junto con sus disculpas, a través de la voz del locutor Julio Orselli: "Lamentablemente no podré acompañarlo en esta oportunidad porque debo atender compromisos ineludibles, relacionados con esta conmemoración. La historia de nuestra provincia que es cuna de la bandera y de la Constitución Nacional nos señala el camino para la construcción de un proyecto colectivo con solidaridad, participación y trascendencia".

Y cuando la clase comenzó, los alumnos de guardapolvo, con bombos, guitarra y teclados, hicieron bailar una chacarera desde las órdenes de la Directora de voz chillona, con rasgos de la actriz Liliana Gioia. Todo ello a partir del tamiz coordinador del mejor alumno, Darío Grandinetti. Quien recordó los actos escolares que lo tuvieran tempranamente de protagonista, junto con "la necesidad de aprender nombres, fechas, el tener que dibujar por enésima vez el Cabildo y ver cómo mamá preparaba los trajes para los actos. Pero, en realidad, la ansiedad se medía en función de qué te tocaba actuar en el acto del 25 de mayo", puntualizaba el actor.

La chacarera de guardapolvos fue seguida, entonces, por la versión de Lunita tucumana con voz cristalina de Rubén Goldín. Y fue muy singular observar, desde la pantalla de video del escenario, cómo Lifschitz y el arzobispo José Luis Mollaghan, acompañaban la letra tan conocida. Estoicos y casi estatuarios, apenas movían los labios con la música.

El escenario se volvió lugar de disfrute cultural, de canciones, de recuerdos y de ¡qué bien! lugares comunes ausentes. O, por lo menos, resignificados. En este sentido, las características de una celebración como la de ayer por la mañana permiten dar cuenta de que la democracia, aún cuando problemática, es mucho más cierta que nunca. Y de que los símbolos de la denominada patria han conocido una pluralización hasta no hace mucho impensable, aferrados como estaban a pensamientos autoritarios y dogmáticos.

Hubo también un dueto de diálogo simulado entre Grandinetti y el historiador Felipe Pigna, dedicado a responder las preguntas de siempre pero con las respuestas menos sabidas. Así como el color no sólo blanco y celeste de las escarapelas que French y Berutti repartieron, entre otras cosas "más contundentes que permitieron la final deposición del virrey el 25 de mayo de 1810". "A lo largo del tiempo fuimos logrando muchas cosas, sobre todo a partir de 1910 a la fecha. Los conservadores reivindican el '10 como el mejor momento de la Argentina. Es bueno recordar que en aquel 1910 la gente no votaba, había fraude electoral, a las mujeres les faltaban treinta y siete años para votar, el 62 por ciento del noreste y noroeste estaban bajo la línea de pobreza, no había derechos sociales ni políticos. Vale la pena, no por defender una gestión actual sino por defender cien años de lucha del pueblo argentino, decir que de 1910 a 2010 estamos mucho mejor en muchas cosas, como derechos sociales, derechos políticos, la posibilidad de pensar, de discutir, que no tuvimos en 1910, donde aparentemente éramos una potencia y un país rico, pero la gente se moría de hambre", puntualizó el historiador.

Se repartieron escarapelas para el público, junto con la compañía de la proyección de un cortometraje animado por el realizador Pablo Rodríguez Jáuregui. La Argentina animada por Jáuregui desciende del monumento y recorre un día de vida diaria con la gente de la ciudad, pasa por la panadería y va a la escuela. "¡Qué lindo estuvo!" destacó uno de los asistentes, alucinado por la magia impecable de los dibujitos animados. Más el agradecimiento que los alumnos/actores de Cristian Marchesi profesaron en voz alta, uno por uno, a la mismísima Argentina: gracias por tantos artistas, investigadores y docentes, pero sobre todo y fundamentalmente, gracias por las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, destacaron los intérpretes. El mejor broche.

Pero no fue el último agradecimiento. Porque la voz de Orselli, luego de invitar al chocolate caliente, agradecía la amabilidad de este detalle a los ex combatientes de Malvinas. Un aplauso más para ellos. Y que dure, que dure mucho.

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Rubén Goldín contagió a todos los presentes con su versión cristalina de Luna Tucumana.
 
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