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Viernes, 6 de agosto de 2010

TENDENCIOSA

Cazadores cazados

 Por Raúl Trujillo

Las generaciones postanticonceptivos pertenecemos a la nueva historia de estilos de vida diseñados, en otras palabras, prehechos. Así, los yuppies fueron tal vez el intento bizarro de un ser sociable, reproductivo y consumista al que el grunge liquidó con su escrache y que parece retornar entre angustiados emos y floggers exhibicionistas. Somos generaciones conscientes de nuestra existencia como productos en una “vida de consumo” en la que el hombre elige para sí mismo un estado de permanente no resistencia, de auténtica inautenticidad, como homo eligens de Bauman en versión gadgets o souvenires. La cibercultura puso de moda hacer espectáculo público de la intimidad y tal vez por eso que gran parte de lxs chicxs pasan el día, como nuestros ancestros se espulgaban los piojos, acicalándose y posando para la cámara de su celular y de allí al mundo virtual. También en esta ciberrealidad hay un nuevo protagonista que pronto el mismo sistema de la moda se encargó de digestar y es ya solamente una tendencia más: el cool hunter.

Casi todas publicaciones sitúan el origen de los cool hunters en el blog “Sartorialist”, de Scott Schuman: “Empecé simplemente para compartir fotos de gente que veía en Nueva York y que me parecía que lucía genial”. En algunos casos, estas imágenes de estilos innovadores y creativos sirven de inspiración para algunos diseñadores. “Me pone muy contento cuando conozco a un diseñador y me dice que usó algunas de mis fotos para crear su colección. Además, los protagonistas de las fotos se convierten en gurúes para muchos usuarios que ven sus estilos en Internet y comienzan a imitarlos”, comenta Schuman en su famoso blog. Ya en la década del ’80 –orgía de consumo– era profesión ser mall rat o expertx observador para estudiar entre los asistentes a los shoppings el devenir de las prendas de las marcas y registrar el cómo y con qué se mezclaban y combinaban en un look por entonces fashion victim, clonado de logos y marcas. En los últimos años, este fenómeno creció rápidamente en redes sociales y otros sitios, ubicando su oficio y apariencia en el centro mismo de la vorágine fashion que ya los devoró. Sin embargo, siguen siendo los blogs el lugar preferido de los cool hunters para mostrar fotos de esas personas “presas” que se expresan a través de su indumentaria.

El cazador fue cazado y las vitrinas de Bond Street surten de casi todo lo necesario de los estilos callejeros y neotribales urbanos para pasar por cool, pero asaltar el baúl de la abuela, recorrer la feria americana y las de diseño de autor, más largas jornadas de autoanálisis y customización frente al espejo tijeras en mano, te darán el valor para salir a la calle aparentando algo trans, desconcertante y atemporal, que congelará a tus posibles presas para, en el mejor de los casos, robarles la imagen y digestar su estilo. Mientras, las vitrinas de moda venden casi como uniforme chupines coloridos, remeras graffiti, gorras mara trash, bufandas afganas y lentes ochentosos.

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