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Viernes, 24 de septiembre de 2010

ES MI MUNDO

El precursor

Fue bailarín, decorador, fotógrafo y peinador de las grandes divas de Hollywood. Cuando tenía 30 años se dedicó por completo a pintar, aunque lo había hecho durante toda su vida. Su obsesión por el cuerpo masculino desnudo creó un estilo que, burlando a la censura, cambió las costumbres de la cultura gay norteamericana de los años ’50. A punto de editarse su biografía, aquí van algunas pinceladas de la vida del presumido, obsesivo y genial George Quaintance.

 Por Ariel Alvarez

Aunque para muchos sigue siendo desconocida la obra y la personalidad de George Quaintance, ambas ocupan un lugar de importancia en la cultura y el imaginario gay del siglo XX. Sus pinturas de cuerpos musculosos y desnudos de vaqueros rubios, poderosos indios morenos y espectaculares héroes griegos definieron al ahora conocido erotismo masculino y crearon un estilo único en el arte norteamericano de los años ’50. Pero los cuadros de Quaintance no sólo retrataban cuerpos. Con sus composiciones de colores fuertes y surrealistas, y las facciones de sus modelos que parecían surgir de las páginas de los comics, plasmaba en sus lienzos momentos de intimidad entre hombres que conectaban a la comunidad gay, ilegal y perseguida por aquellos años, con uno de sus primeros espacios referenciales en el arte. Quaintance creó al estereotipo del “macho semental” que, además, era homosexual. John Waybright y Ken Furtado acaban de escribir su biografía, que está por editarse. Un justo homenaje a este “artista desconocido” que ha sido influencia, entre otros, del famoso Tom of Finland.

El granjero, el pintor, el bailarín

George Quaintance nació el 3 de junio de 1902 en un pequeño pueblo rural del condado de Page, Virginia. Se crió en una granja y desde muy pequeño mostró un gran talento para el dibujo. Su padre pronto descubrió que su hijo nunca sería un granjero y se decidió a apoyarlo y fomentar sus dotes artísticas. Ya en su adolescencia, George se definía como abiertamente gay, pero el asunto era mantenido en secreto entre su familia, sus amigos y algunos admiradores que tenía en Page, lugar al que regresaría durante la década del ’30 para dirigir revistas musicales y representaciones escénicas con artistas locales. A los 18 años se fue a Nueva York y comenzó a estudiar en la prestigiosa Art Students League.

Como tantos otros gays de provincia, George pudo en la gran ciudad llevar una vida libre de prejuicios. De pronto dejó la pintura y el dibujo en un segundo plano y se dedicó de lleno a su pasión por la danza, llegando a ser un reconocido bailarín e instructor de ballet. Para poder sobrevivir se ganaba la vida pintando retratos de gente adinerada, diplomáticos y estrellas de la época. En 1938 conoció a Víctor García, un apuesto puertorriqueño que se convirtió en su “modelo, compañero de vida y socio en los negocios”, hasta la muerte de Quaintance. También había adquirido fama como peinador de Gloria Swanson, Jeannette Mac Donald y decenas de otras estrellas de Hollywood. Algunas de sus creaciones, que causaban sensación en los salones de belleza de los años ’30, eran adaptaciones de los peinados de los modelos en sus pinturas. Mientras tanto había comenzado a hacer fotografías de desnudos usando a Víctor como modelo, convirtiéndose en un pionero de las Beefcake’s Magazines.

Los pasteles de carne

En la década del ’30, algunos fotógrafos como George Lynes y Angus McBean estaban fotografiando desnudos masculinos, pero esto era algo raro. Los hombres se mostraban reacios a verse a sí mismos como Dios los había traído al mundo. La Segunda Guerra Mundial había aflojado la moral y los cierres de las vestimentas, y hacían su aparición las Beefcake’s Magazines (literalmente pastel de carne), que disimulaban el carácter erótico de las imágenes bajo la apariencia de publicaciones dedicadas a la salud y a los deportes físicos. Quaintance se entregaba de lleno a este estilo y comenzaba a adquirir popularidad con sus ilustraciones homoeróticas. En 1933, su madre lo convenció para que pintara un mural en una iglesia bautista de Stanley, Virginia. La obra representa a Cristo siendo ungido por Juan el Bautista. A los pies del Redentor aparece un joven casi desnudo en una pose por demás sugerente, algo casi impensado para la época y mucho menos para una iglesia. Se trataba del propio Quaintance. Perfeccionista no sólo con su arte sino con su cuerpo, se retrataba habitualmente con una imagen idealizada de sí mismo.

En 1951 fue convocado para ilustrar la portada del primer número de la revista Physique Pictorial, una de las más importantes publicaciones que también se dedicaba supuestamente al deporte. Su pintura de un joven desnudo montado en un caballo, que con sus crines ocultaba la entrepierna del jinete, fue una imagen impactante que marcaba el nuevo modelo de “hombre perfecto”. Y el éxito llegaba. Quaintance era uno de los ilustradores mejor pagos de la época. Su estilo, sin quererlo, fue marcado por los códigos de censura que prohibían las representaciones de “actos abiertamente homosexuales”. Ser gay era ilegal y la pornografía, también. Ambas cosas juntas eran demasiado para la sociedad norteamericana. El artista se daba cuenta de que había un mercado potencialmente lucrativo, pero también muy peligroso.

Rancho Siesta

En la década del ’50, la imagen del desnudo masculino estaba bajo fuego: tanto las publicaciones de ese “homoerotismo escasamente disimulado” como los artistas que las realizaban sufrían ataques constantes. Es por esto que Quaintance y Víctor se trasladaron a Phoenix y se compraron una casa, a la que llamaron Rancho Siesta. Allí se enamoró de la estética del Lejano Oeste y, como un enajenado, comenzó a pintar día y noche. Produjo un total de 60 pinturas al óleo en sólo seis años. Entre ellas destaca su primera obra maestra, Night in the Desert (“Noche en el desierto”), que retrata a un vaquero rubio desnudo encendiendo el cigarrillo del joven que se encuentra acostado a su lado; algo ha pasado entre ellos. Al fondo, otros dos vaqueros vestidos con jeans se muestran provocativamente las piernas abiertas. Quaintance liberaba a los cuerpos no sólo de la censura sino que presentaba al público gay escenas idílicas en las que se reflejaba una cotidianidad que era prohibida por la Justicia.

Rancho Siesta era también la sede de Studio Quaintance. El artista comenzó a vender por correo fotografías en blanco y negro de sus modelos casi desnudos y las impresiones en color de las pinturas. Todas estas obras no mostraban los genitales, salvo debajo de las enormes curvas azules de los pantalones Levi’s, una de las imágenes popularizadas por el artista. O nubes de vapor colocadas estratégicamente que hacían hervir sus cuadros en erotismo. Pese a que contaba con la ayuda de Eduardo –su nuevo amante y modelo– y de Tom Syphers –el nuevo amante de Víctor–, trabajaba sin parar tomando benzedrina para mantenerse despierto. Tal era la demanda de sus obras que evidenciaban un fuerte interés de la conciencia gay por ser reconocida en la época de la post-Segunda Guerra Mundial. Quaintance no resistió la presión del negocio y murió de un ataque cardíaco en 1957. Tenía 55 años. Siguiendo con sus deseos, fue cremado y sus cenizas se esparcieron cerca de la iglesia donde había pintado el mural para su madre.

Debido al contenido gay de sus imágenes, nunca fue reconocido por el mundo del arte convencional. Sólo una obra suya fue expuesta: le prestó su pintura The Crusader (“El Cruzado”) a un amigo para una muestra de artistas de EE.UU. a mediados de los ’50. Actualmente la mayoría de sus obras permanece en colecciones privadas y una pocas en algunos de los museos de orientación gay alrededor del mundo. Quizás algún día alguien las saque del closet y se produzca la muestra que se merece.

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