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Sábado, 8 de noviembre de 2014

Vamos de paseo

Lentejuelas, boina, arco iris y la voz más romántica al servicio de canciones de protesta para niños y niñas. Pipo Pescador supo construir un lugar adorable para la niñez televidente de gran parte del siglo pasado. Ahora que colgó esos hábitos, el pescador se volvió tanguero. Sus letras, entre procaces y provocadoras, aluden a la diversidad sexual, a los prejuicios y a la libertad que falta. De su transformación y de otras cosas que no cambian conversó con Soy.

 Por Facundo Soto

“Yo soy un niño, no soy un motor”, cantaba Pipo Pescador cuando yo era chico y lo miraba en la tele en blanco y negro, sentado en mi mesita verde, con un vaso con leche y mis lápices de colores desparramados en el cuaderno Gloria. Unos diez años después, con el auto prestado de papá y todos amigos “raros” cantábamos: “Vamos de paseo en un auto feo, pero no me importa, porque llevo torta”, y el auto desbordaba de risas mientras Violeta, mi amiga torta, resplandecía de contenta porque ella era nuestra torta. “La marcha de las antisopas” fue mi canto de guerra hacia mamá, y con la que le gané la batalla. No sólo dejé la sopa fría y sin vitaminas sobre la mesa sino que le gritaba en la cara: “Los chicos antisopas las vamos a anular. No quiero la sopa y voy a protestar, aunque por la fuerza la tenga que tomar. Abajo la sopa. Viva la libertad. Papá no la toma, queremos la igualdad”. Otra favorita era “Receta para hacer una mariposa”. Yo siempre fui algo despistado y leía “Receta para ser una mariposa” y mi mamá, que era maestra, otra vez se enojaba: “Leé bien, Facu. Leé bien”. Recuerdo la tapa de ese disco: naranja con un círculo amarillo en el medio, el autito con los chicxs, la torta y las letras con el nombre Pipo Pescador, una de cada color, formando un arco iris. La canción decía: “La mariposa vuela y no va a la escuela. La mariposa está dentro tuyo. Abre las alas y vuela”. Y por algún lado insistía que “no tomaba la sopa ni se cambiaba de ropa, la mariposa”. Pipo fue para toda una infancia expresión de rareza bienvenida y libertad a borbotones.

Tango que me hiciste macho

Escuchando los tangos que ahora hace para adultos en el Teatro Porteño de la calle Corrientes, nos llamó la atención que ahora hable explícitamente de la diversidad sexual, y también de ciertos mitos relacionados con la sexualidad. El primer tango dice así: “En la ecografía que te hizo la ciencia llamó la atención una prominencia. A los nueve meses quedó confirmado: ¡la naturaleza había exagerado! Tu hermano mayor que es un ignorante preguntó si eras nene o elefante. Los años pasaron, hoy sos un adulto. Igual que los otros, pero con más bulto”. Ya no para niñxs sino para personas mayores que tal vez seamos lxs niñxs de antes, me pregunto si Pipo es algo así como un educador de la deseducación permanente. Pipo nos abre su casa para conversar sobre sus tangos picarescos y también sobre lo que era ser Pipo Pescador hace unos cuantos años, sobre prejuicios de otra época donde, por ejemplo, ser gay o parecerlo era pecado y una enfermedad.

En tu primer disco Amarillo - Pipo Pescador para niños, ya había tangos...

–Cuando empecé como Pipo utilicé muchos tangos: “El guapo tanguito”, “La milonga del fideo fino”. Empecé a escribir tangos a fines del siglo pasado... Y tangos para adultos, pero siempre lo hacía como un hobby. En 2012 di por terminado el ciclo Pipo Pescador, llené un camión con todas las cosas y lo envié al Instituto Magnasco, de Gualeguaychú.

Y habiendo cerrado una puerta, recién ahí te permitiste abrir otra. ¿Cómo fueron evolucionando los Tangos desaforados?

–Y... fijate: antes se llamaban Tangos insolentes y mucho antes Repertorio secreto...

Fuiste amigo del Polaco Goyeneche y de gente del tango; se sabe que los tangueros son bastante cerrados y machistas. ¿Cómo convivías en ese mundo?

–Bueno, yo tuve una amistad con esa gente mientras era artista para niñxs. No sé cómo hubiera sido mi encuentro si yo hubiera sido también un tanguero... El tango bate la justa. Y mis tangos son de política, social, humana, se mete con todos los mitos que vivimos...

Y con la problemática sexual...

–Te voy a decir algo que decían los malevos antiguos, esto lo decía un tanguero que yo conocí en mi niñez, que era gay y que no era tapado sino que nunca se había hecho cargo. Le gustaba un muchacho y decía: “Es lindo como una mina, el hijo de puta”... Como mis tangos se meten con todo eso, yo necesitaba elegir una expresión que tuviera esa condición: la de ser preciso en la definición.

La gente se ríe mucho con el comienzo del show, con el antitango “El Elefante”...

–Mis tangos son muy divertidos, pero también sirven para reflexionar. Hay un mensaje ahí... El elefante es para contestarle a Estercita de Milonguita. ¿Qué tiene que tener un varón para equipararse a Estercita? Y bueno, la tiene que tener grande, como la tienen los que hacen stripper. Por eso yo digo: “Ven afuera el pichón de foca” o “el conejo colgado de la cola”, son maneras de nombrar el bulto. La idea de “El Elefante” es (canta): “Las minas te han hecho mal y hoy darías toda tu alma por tenerla más normal”.

Un auto nuevo

¿Qué prejuicios se te jugaron a la hora de producir este espectáculo después de haber trabajado para niñxs?

–Olmedo no tenía problema en salir a hacer teatro de revista a la noche, diciendo cosas fuertes, y al mediodía grabar El Capitán Piluso. María Elena Walsh cantaba en el Teatro San Martín Las canciones para mirar y a la noche las canciones de los ejecutivos... Ante todo yo soy un artista, no solamente para niñxs. Entonces puedo seguir haciendo cosas para niñxs y para adultos. El público se caga de risa y me aplaude a rabiar. Es un prejuicio muy argentino etiquetar a las personas en un casillero. Eso lleva implícito una gran hipocresía, porque con la misma mano con que acariciás a un niño, acariciás en la intimidad a tu pareja; y no tiene nada que ver una cosa con la otra... El principio de todos los fascismos del mundo es la estigmatización.

Las cosas están cambiando...

–El problema viene porque los que tenemos más de 50 años tuvimos una escuela que en vez de educarnos nos adiestró para que funcionáramos. La diversidad nos provoca terror porque no tenemos cómo enfrentarla, porque no fuimos educados para ver la diversidad; adiestrados para un mundo donde no había lugar para nada que fuera distinto a lo previsto. Yo me atrevo a los cambios, pero es muy riesgoso...

¿Todavía?

–Mirá, me llaman para contratarme y cuando digo que son tangos para adultos, me cortan. Les interesa lo conocido. El cambio es liberador, la repetición da seguridad, y la sociedad busca seguridad. Además, el cambio no garantiza la emoción. Parece que aprendimos, pero alguien que parece que aprendió de repente se descarga con un discurso medieval. Y vos decís: ¿pero qué me está diciendo éste? O sea que aprendimos más o menos... Julio Ramos, el periodista, para definir al argentino decía: “Pueden jugar con la cadena, pero no me toquen el mono”.

En el auto de papá

Pipo en su momento representó una vanguardia, con su sola presencia física, y fue en la época de la dictadura...

–Sí, me vestía de una forma que no era normal para la sociedad de aquella época. No había, hasta ese momento en la televisión argentina, un hombre que usara zapatos con lentejuelas, una boina con pompón de colores. No existía un trovador romántico y hippie... Pipo le debe su presencia física a los hippies y a los alemanes del Volga de Rusia, porque en Entre Ríos yo iba a esas fiestas y veías a los bailarines con esos chalecos de colores. La boina con pompón viene de los gauchos de Entre Ríos, con cosas de colores colgando. Un poco hippie, un poco gaucho entrerriano, tocando la sibila era todo un escándalo...

Hacías que lxs chicxs se pusieran de pie, que nos subiéramos a las butacas. María Elena Walsh era para mirarla. Vos introdujiste el cuerpo en escena...

–Fue algo revolucionario. Yo inventé la canción del eco, donde lxs chicxs me contestaban; la del martillo. Hice subir a los padres al escenario, ellos leían el diario y los niños miraban la función, y eran ellos los que trabajaban...

Las letras de las canciones tenían un mensaje de libertad y liberación muy grande. Eras nuestro ídolo, Pipo...

–Eran de protesta infantil. Intentaba hablar de la libertad y de la rebeldía. No se entiende cómo los militares me dejaron hacer eso... No sé cómo me dejaron hacer esas mariconadas... Entre el ’72 y el ’75 desaparecía gente; a mí me llevaban preso todas las semanas porque andaba por la calle con ropas de colores. Tocaba en las esquinas, en la Galería Santa Fe. Ahora, cuando fui famoso ya no me llevaron más preso...

¿Qué te acordás de esa época?

–El canal donde trabajaba recibió una carta-documento, de una empresa que hacía sopas, intimándolos para que dejara de cantar la “Marcha antisopa” porque bajaba las ventas.

¿Y dejaste de cantarla?

–No, porque ya tenía un éxito enorme... Vendí un millón y medio de discos en un mes. Yo tenía mucha gente que me adoraba y otra que me criticaba duramente. Hubo críticas muy duras. Cuando hice Rocky Rock, que era un personaje que no hablaba y que no sonreía, me lo levantó el gobierno militar porque era un trovador galáctico. La revista Humor me sacó en la tapa como un bagre.

Tenías una imagen muy glam... ¿Cómo vivías los comentarios de la gente que te “acusaba” de gay?

–Es verdad, provocaba un cierto rechazo por mi aspecto, porque era demasiado alejado del masculino. Hoy lo masculino cambió. Pero en los años ’70, cuando el hombre tenía el pelito corto, yo me vestía con un chalequito de lentejuelas, pelo lacio hasta los hombros y pompón. A mí no me importaba nada. Vivía mi vida. Hacía lo que tenía que hacer. Le daba a la rosca que daba calambre, porque en esa época estaba el amor libre, todos contra todos. En el ’81 me tuve que ir del país y me refugié en España, porque “en la televisión no había lugar para maricones”. Me decían eso cuando me llamaban por teléfono, y que me fuera; después cortaban. Yo, asustado por los llamados a la madrugada, agarré a mi hija y me fui. Esa ida fue rara porque me fui con mi hija, la madre de mi hija y el marido de la madre de mi hija, porque ya estaba separado. Increíble eso, ¿no? Yo me gané la vida como pianista de tangos en París, en cabarets, e hice televisión en España por cuatro años; el programa se llamaba La cometa blanca. Y fue un éxito...

Tu primer antecedente...

–Cuando hice el servicio militar tocaba chamamé para todos en el cuartel, y en un momento uno de los jerarcas me deportó al Sur por castigo, porque decía que yo era un sedicioso que aprovechaba el acordeón para pasarles mis ideas a los soldados. Me salvó un militar, conocido de la familia, cuando me iban a mandar a Zapala: ahí apareció una contraorden.

¿Cómo definirías vos la reacción frente a la diferencia?

–El problema que tiene nuestra sociedad, con la sexualidad y la diversidad, es que la diversidad y la sexualidad están inmersas en la misma sociedad. Es decir, el padre que tiene problemas con los gays, de pronto se encuentra con que tiene un hijo gay o un nieto gay. Entonces se le complican las cosas, porque le aparece el problema en su misma estructura; y no puede negar su propia naturaleza. Cuando algo hace agua en la estructura, aparece un padecimiento espantoso, porque no sabe qué hacer con su propio problema. Eso también pasa con la discapacidad... Por ejemplo, podés fundar una escuela donde no se admiten niños discapacitados, pero no te das cuenta de que tampoco te van a admitir a vos si por una enfermedad o un accidente te quedás discapacitado. Vos también estás creando un monstruo que te asusta.

Pero qué me importa

Cuando eras chico, ¿cómo era el tema gay?

–Se decía que era un enfermito. Se decía: ellos tienen cuatro varones y un nene enfermito. El enfermito era el mariquita. ¿Y por qué? Porque se consideraba que salir de la heterosexualidad era un acto patológico. Cada persona tiene derecho a mostrar o no su intimidad, el problema es que nosotros creemos que tenemos que mostrarla con bombos y platillos. Hay grandes autores argentinos que hicieron música para niñxs que han sido gays, y que nunca se han ocupado de mostrar su intimidad, y que el público no ha tenido que reclamarle nada, porque lo han hecho en su intimidad. El problema es que hay un error en creer que la homosexualidad debe ser exhibida como si fuera un circo.

¿Te parece?

–Las personas, a mí me parece, tienen que ser libres interiormente. Encontrar las formas de satisfacer sus más íntimos deseos, en comunicación con ellos y con los demás. También es verdad que hay gente que por ser diferente agrede al otro para imponerle su diferencia. El otro, así, se siente agredido y te devuelve otra agresión.

¿Participás de las marchas Lgttbi?

–No, no estoy de acuerdo con ese tipo de marchas. No me gusta esa imagen, me parece que es contraproducente. Si se marchara de otra manera, sería otra cosa. Yo me acuerdo de personas emblemáticas, de este país, como Batato Barea...

¿Lo conociste?

–Era un ser extraordinario... Yo lo admiré siempre y tuve el privilegio de conocerlo. Batato salía a la mañana sin afeitarse, con el pelo largo, teñido y con barba. Se ponía una solera en verano y se iba a comprar a la verdulería con sandalias... Sin tetas y con pelitos en el pecho. Ah, y se ponía anteojos. Era una cosa increíble. Porque era un ser de una naturalidad... En el fondo yo creo que siendo así era más aceptado para la sociedad, que si iba vestido de drag queen.

El tema de ser aceptado, de adaptarse...

–Yo quiero una sociedad más justa, donde la gente se pueda desarrollar. Quiero romper con algunos mitos. Cuando yo era chico se decía: “Los gays contagian”.

¿Y no es cierto eso?

–Los gays no contagian. La homosexualidad nace de cada uno. Se decía que había que sacar de la escuela a los chicos que eran gays porque contagiaban a los otros. No es el ébola la homosexualidad. Pero creeme que se decía eso cuando yo era chico. La otra cosa con la que hay que romper es que todo gay es naturalmente un pervertido. Hay mucha gente que no es gay y que destruye la sociedad, por ejemplo los que hacen pornografía infantil, que hacen negocios con la miseria humana. Antes, la gente decía: “¿Pero cómo es posible que le saliera así, si los padres son gente tan buena...?”. Todo eso lleva a un dolor innecesario. Yo hoy conozco a muchas madres de hijos gays que lo tienen perfectamente claro.

Prejuicios sobre prejuicios...

–Yo creo que 50 añitos más vamos a tener que sufrir, en una sociedad que todavía le queda el prejuicio en sus bases, para hacer una sociedad justa. Además, las personas cambian, les pasan cosas, cambian sus apetencias; ya no es tan previsible como antes... Pero todavía hay una tendencia: que todo esté establecido y que no haya sorpresas... Otro mito era y es suponer que la homosexualidad es promiscua y prostituyente. Hay mucha gente heterosexual que también alimenta este mito. Yo conozco chicas que van todos los días a bailar y cogen con alguien distinto.

Entonces no entiendo cuál es la diferencia. Pero, ¿no te parece que el mundo gay es más liberal con la sexualidad?

–Cuando las personas pueden ponerse en paz con su sexualidad, pueden amar. Cuando las personas pueden reconciliarse con su verdad íntima, sexual, pueden amar; y el amor es más duradero, más profundo y tiende a no desaparecer.

¿Cómo ves el futuro? ¿Tenés una visión optimista?

–En un futuro habrá que abrir todas estas cortinas de la ética y la moral y educar, una educación muy amplia, muy abierta. Y tendrán que pasar muchos años, porque todavía hoy un gay es un puto de mierda, y una lesbiana es una tortillera hija de puta y dicen: “¿Qué podés esperar de esa tortillera?”. Cuando llega el momento de la verdad, como decía María Elena Walsh, todxs retroceden en cuatro patas para volver a las cavernas. Eso parte del supuesto de que la gente se identifica por sexos.

¿Cómo sería eso?

–No hay sexos. No hay masculino y femenino. Hay sexualidad humana. Y la sexualidad humana es amplísima, variadísima, complejísima; y absolutamente inasible e imposible de regularizar. Las personas tienen energía y potencia sexual. Esa sexualidad, como todo en la vida, es cambiante, impredecible, varía... Es inmanejable por los propios protagonistas...

Pipo Pescador. Tangos desaforados Viernes a las 21, Teatro Porteño, Av. Corrientes 1630

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