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Sábado, 8 de noviembre de 2014

A cuerpo de reina

Heroína de adolescentes en la fiesta Eyeliner, presidenta de la Cooperativa Ar/Tv Trans, Daniela Ruiz es la directora de Hotel Golondrina, la obra sobre los tejes y solidaridades dentro del mítico Hotel Gondolín, declarada de interés para la promoción y defensa de los derechos humanos por la Legislatura.

 Por Matías Máximo

Se convirtió en la presidenta de la Cooperativa Ar/Tv Trans hace cuatro años, la primera experiencia latinoamericana en su género y que “no trata sólo de la identidad trans, sino del cooperativismo y de buscar alternativas de trabajo”. Daniela Ruiz un día dijo basta de hacer castings actorales para que sólo la elijan de lugar común: “La historia con las chicas que ahora están en la cooperativa era encontrarnos siempre en las audiencias para papeles estereotipados como la transformista, la drag o la prostituta. Un día les dije ‘chicas, vengan al sótano de la florería donde trabajo y vemos qué sale’”.

¿Y qué fue lo que salió?

–Primero, pensar que podían hacer tanto de monja como de empleada doméstica. Nos reuníamos en la florería, intercambiábamos noticias y apareció la idea de tener una personería jurídica, para convertirnos en una cooperativa con todas las letras. Pero la primera obra, antes de que fuéramos Ar/Tv Trans, fue Presxs de la vida, y ésa es otra historia.

Durante algunos meses de 2009, Daniela fue al penal de Ezeiza a entrevistar a las residentes del pabellón trans, donde se cargó de historias que convirtió en monólogos. Osvaldo Sabino, uno de los primeros militantes del Frente de Liberación Homosexual, guionó esos escritos y les sumó la experiencia en los teatros y óperas que visitó durante su exilio por el mundo. El resultado fue Presxs de la vida. La obra empezó por Casa Brandon y siguió un largo recorrido que incluyó la ex ESMA.

¿De dónde nacieron esas ganas de narrar el encierro?

–Yo hace mucho tiempo había caído detenida por el código contravencional. Algunas caíamos 60 o 70 días sólo por ser trans, por eso se me ocurrió mezclar experiencias con los relatos de Ezeiza. Nos presentamos en montones de lugares y llenábamos salas. Ahí nos dimos cuenta de que había una voz que faltaba, la nuestra. Dijimos: ¡hola, acá hay trabajo!, ¡lo que necesitamos!

Refugio de golondrinas

Lo que siguió fue representar las vivencias del mítico Hotel Gondolín, amparo de casi todas las travestis que llegaban del interior. Hotel Golondrina será reconocida en la Legistatura porteña, por iniciativa de Aníbal Ibarra acompañado otros bloques. La vida de las trans en “El palacio travesti”, que por muchos años apareció en la sección policiales, salió de gira y se metió en espectáculos.

¿Difícil narrar ese mundo?

–El Hotel Gondolín funcionaba como refugio, caíamos todas para no ir detenidas. Es el hotel trans de todas las compañeras, que fue tomado y hoy tiene su historia de submundo. Armamos la obra Hotel Golondrina, basada en esas experiencias, nuestras palabras y nuestra manera de reír: nuestros tejes y manejes y el lenguaje travisteril. Estuvimos de gira en cinco festivales y ganamos en todos. Después del éxito queríamos seguir juntas.

El siguiente proyecto fue Monólogo de las tetas con pene, un contraguiño irónico a los Monólogos de la vagina. Luego vino una versión al pie de la letra de La casa de Bernarda Alba –todavía llenan salas con la representación–. Y a principios de 2014 salieron a la cancha con La Irredenta, de Beatriz Mosquera. Lo último es el documental en rodaje Reina de corazones, un proyecto que va a dirigir Guillermo Bergandi para el que la cooperativa está juntando fondos en idea.me/reinadecorazones

Cuando se recibió de bachiller comercial en Salta, Daniela decidió venir a Buenos Aires y ganarse la vida como pudiese. Estudió maquillaje artístico, peluquería y encontró una salida laboral. “El único sistema para ser quien quería ser parecía el prostibulario. Me preguntaba cuál era el problema de ser trans y querer trabajar. Me costó asumir que el error no era mío sino social. Pero apenas lo supe no me paró nadie.” Tras perfeccionarse como actriz y bailarina (con Norman Briski, Julio Bocca, Mosquito Sancineto, Ricky Pashkus y más), Daniela protagonizó a la Gloria Gaynor de Pedro Lemebel, en la versión teatral de Loco afán. “Pedro tiene unos textos divinos, pero en ese texto se quedaba con la imagen de los ’80 de las travestis sidosas y marginadas. Me hacía ruido esa mirada y empecé a pensar algo más actual.”

Los sábados a la noche la fila para Eyeliner es larga y colorida. Casi a las 2 am llega Daniela. Algunos que no se animaban aprovechan para tomarse todo y tener un primer beso gay con la excusa etílica. La cerveza es barata, los baños no dan abasto, la cumbia y el pop se enroscan y aparece Daniela como una divinidad: “¿Cómo están mariquitas, tortitas, putitos, travas, trans, queer y lo que quieran? ¿Qué? ¿Cómo están putitos, tortitas que no los escucho?”. La reina de los adolescentes eyelinescos está en su salsa.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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