soy

Viernes, 20 de febrero de 2015

CAJAS CHINAS

Alice está formado por un grupo de chicos de la ciudad industrial de Wuhan –al sur de China– que se hicieron famosos representando a atractivas e ingenuas chicas ante adolescentes fanáticos, y también frente a alguno que otro adulto baboso. Conforman el grupo de newhalf más importante de China. Soy entrevistó a su líder, Xiaohua (“pequeña flor”), que acaba de armar una escuela en donde enseña el arte de transformarse en mujer.

 Por Guillermo Bravo

China Files

Los chicos eran chicos y se vestían de sus personajes de manga favoritos. Si el personaje era mujer, eran mujeres. Lo que está en juego en esta transformación es el personaje por encima de la sexualidad con la que se lo identifique. Lo que hacían estos adolescentes, como tantos en el mundo, se encuadraba en lo que se entiende como cosplay –contracción de “costume” y “play”–, y dicen que llegó a China desde Japón. Alice, antes de ser Alice, era un grupo de jóvenes que amaban el manga y se juntaban para representar en cuerpo y pose a los personajes que aparecen dibujados en sus revistas predilectas. Hasta que una anécdota que se cuenta en esta entrevista los hizo pasarse, dentro del cosplay, a otra práctica también llegada desde el Japón: el newhalf, palabra que ha sido reescrita en inglés desde la fonética japonesa (nyuhafu). Su traducción sería “mitad hombre-mitad mujer”. Se usa en el slang japonés para hablar de transexualidad, pero no necesariamente ligado a una cuestión identitaria. La palabra “half”, sobre todo, se asocia a un modo de convertirse en mujer sin dejar de ser hombre y, además, se la suele asociar al mundo del espectáculo. Tiene algo de “crossdresser” o de “dragueo” según quién responda a la entrevista, pero lo que es seguro es que no es exactamente sinónimo de ninguna de las dos. Con algo de magia, de ikebana en los resultados, las bellezas que aparecen en YouTube como las 10 más bellas newhalf o los chicos de Alice, más allá de la transexualidad o del arte de travestirse, imponen la reproducción del estándar de belleza que tiene que ser joven. Mejor dicho, muy joven y femenina, entendida como ingenua. El público asiste para exclamar “que no se les nota” y a su vez a disfrutar de lo que no está a la vista. La ilusión óptica como disidencia. Mientras la división estricta entre géneros y derechos y obligaciones se mantiene rígida, la cultura oriental tiene expresiones que la ponen entre paréntesis. En el teatro Kabuki, por ejemplo, los personajes de beldades femeninas eran representadas por actores hombres a quienes se consideraba más mujeres que las mujeres, ya que ellos habían estudiado para serlo. Un compartimiento en el que figura el juego, el ocio y el entretenimiento funciona paralelo a otro donde está la familia, el deber, la responsabilidad. El arte del newhalf (término que se aplica sólo a hombres que se vuelven mujeres, dejando de lado la posibilidad de representar la transexualidad masculina y también excluyendo a las mujeres de la posibilidad de representar personajes de varón) parece ser un espacio mágico y de liberación. Desde octubre de 2009 los chicos de Alice se visten de chicas para repetir las coreografías de pop stars coreanas o norteamericanas, y su éxito los ha llevado a presentarse a través de China, Filipinas y Singapur. Es el grupo de cosplay newhalf más importante del país.

¿Cómo fue la primera vez que decidieron presentarse como mujeres?

–Eramos un grupo de la universidad que hacíamos teatro y distintos tipos de presentaciones. Una tarde tenía que presentarse a bailar un grupo de chicas y por alguna razón no llegaron. Así que buscamos en nuestro grupo a los chicos más delgados y nos presentamos. Nos fue tan bien que empezamos a hacerlo regularmente.

¿Cómo te sentiste esa primera vez?

–Mal. Me sentía ridículo y feo. Además era consciente de que no nos estaba saliendo tan bien, éramos muy torpes. No era nada profesional. Sin embargo, ese show fue muy popular.

¿Y en qué momento pasaron a hacerlo más profesionalmente?

–Al ver la reacción de la gente durante la performance y con la pasión con que vinieron a vernos cuando se acabó, nos dijimos que debíamos repetirlo. Al muy poco tiempo me dije que había que hacerlo más profesionalmente y armé un grupo entre los que estaban más comprometidos.

¿Cuál fue la reacción de sus familiares?

–Y... no fue fácil. Muchos se fueron del grupo porque sus padres no les permitieron seguir. Mi familia lo veía muy mal, pero como vieron que yo seguía y ganaba dinero, tuvieron que aceptarlo. En China esto es nuevo, pensaban que era homosexual o travesti, pero cuando entendieron que era un arte, se tranquilizaron. Hoy con esto gano más dinero que mis padres, así que no dicen nada, me admiran por mi éxito.

Después, más en confianza, el líder del grupo cuenta que antes de comenzar a vestirse de mujer era muy afeminado: los compañeros lo cargaban en la escuela y le ponían motes femeninos. Pero desde que cada fin de semana –y alguno que otro día de semana– se pone una peluca, el maquillaje, el vestido blanco ajustado y los tacos, sus movimientos se han hecho más varoniles, y hasta su manera de vestir. Ya no llama la atención en la calle y nadie se burla de él.

¿Por qué será?

–No lo sé, quizás en los bailes pongo toda mi parte femenina y ya no me hace falta tener esa clase de gestos. Es como si toda la feminidad se concentrara en el escenario.

¿Qué es lo más difícil de imitar en una mujer?

–La garganta es lo que más delata, por eso usamos pelucas muy largas para distraer y tapar, o camisas hasta el mentón. Antes, la depilación era un problema. Ahora nos depilamos poco –de todas formas los hombres asiáticos no somos muy peludos– y usamos medias. El descubrimiento de los cancanes fue para nosotros una bendición. Y otra cosa muy difícil es maquillarse los ojos, pero creo que hemos aprendido.

Siempre representan chicas ingenuas, tímidas, ¿han intentado una seducción más agresiva?

–Sí, lo intentamos y nos veíamos muy mal. Este tipo de gestos es lo que nos sale más naturalmente. Además, es lo que más le gusta a nuestro público.

¿Y cómo se compone ese público? Me imagino que tienen muchos enamorados.

–Nuestro público es principalmente de chicos jóvenes, pero los más grandes son los más enamorados... La semana pasada dije en Weibo que me encantaría tener una cámara Nikon, que cuesta quince mil yuanes. A los pocos días, al término de un show, me llegó la cámara con un ramo de flores, y era de un hombre que siempre nos viene a ver. Lo llamé para decirle que yo no podía aceptar eso, y me respondió: “Para devolver la cámara tienes que venir a mi habitación, en el hotel XX, y dármela personalmente”.

¿La devolvió o se la dejó?

–La envié por correo al hotel...

¿Eso les pasa mucho?

–A la mayoría de nuestros fans les gustaría estar en nuestro lugar, en el escenario, bailando, y no en nuestros dormitorios. Sin embargo, cuando vemos que entre el público hay alguna cabeza calva o canosa, o alguien bien vestido, ya sabemos que es alguien que viene con otras intenciones... Nosotros no hacemos caso.

¿Nunca sentiste atracción por un hombre?

–La verdad es que cuando era más joven solía preguntarme si no sería homosexual. Luego me di cuenta de que no. Que me gustan mucho las mujeres. Tanto que muchas veces me gusta imitarlas. Cuando me visto de mujer es como estar con una mujer.

¿Por qué será que en Asia es tan importante esta moda del newhalf que en Occidente sorprende?

–Creo que en Asia los cuerpos son más andróginos, es menos marcada la diferencia entre hombre y mujer, por lo que es más fácil disfrazarse. Un hombre occidental, con su barba y sus grandes hombros cuadrados, no podría hacerlo. Al mismo tiempo la mujer occidental tiene curvas más pronunciadas, y un hombre para lograr esos cuerpos debe operarse. En China, hombres y mujeres somos más planos y en nuestros rostros están menos marcados los géneros.

Compartir: 

Twitter
 

 
SOY
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.