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Viernes, 24 de abril de 2015

TALLERES Y PERFORMANCES

Monstruxs al poder

“El post porno es de las monstrxs”, dicen Elena Urko y Majo Pulido, integrantes de Post Op, referencia ineludible del post porno ibérico. Irrumpen en parques, museos, clubes de strippers de pueblos perdidos, en charlas sobre diversidad funcional y pronto llegan a Buenos Aires en el marco de la Bienal de Performance, para realizar talleres post porno donde todos los cuerpos están especialmente invitados.

 Por Laura Milano

El colectivo se formó en 2003 luego de la maratón post porno organizada por Paul B. Preciado en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Desde entonces, utilizan la pornografía para crear otros imaginarios que visibilicen lo deseable de cuerpos y prácticas sexuales distintas a las que se ven en el porno maistream. Esta reapropiación del porno que realizan las Post Op desborda los ambientes queer e intenta convertirse en una práctica abierta a otros públicos con inquietudes, deseos y corporalidades diferentes. “Queremos llevar el post porno fuera de los espacios que están familiarizados y convencidos, y así llegar al mayor número de personas para que puedan cuestionarse y hacer tambalear ciertas verdades que nos han vendido en torno a la sexualidad y los géneros.”

Uno de los primeros argumentos sobre los que se paraba el post porno en sus inicios frente al porno es que allí sólo se ven cuerpos y prácticas sexuales normativas. Pero el mercado del porno ya ha incorporado a las diversidades. ¿Qué haría la diferencia entonces entre porno y post porno hoy?

–Lo cierto es que en el porno mainstream hay de todo, pero el problema para mí es el enfoque. Hay personas con diversidades funcionales, gordxs, viejxs, trans, están todos. Pero si miras este porno, lo disidente siempre está representado como lo abyecto, lo otro, lo freaky, lo extraño. Es decir, se muestran estas identidades como algo anecdótico. Para mí es fundamental que estos sujetos disidentes sean quienes generen sus propios imaginarios pornográficos, no otras personas que busquen esos cuerpos para completar la sección freak.

¿Y entre el porno queer y el post porno?

–Vemos positivamente la aparición de materiales realizado por personas trans o gender queer pero en estas páginas pornoqueer falta variedad de prácticas. Además, hay poco porno que más allá de su finalidad masturbatoria trate de hablar de otros temas como clase, raza, cuerpo sano/enfermo, entre otros ejes transversales. Es decir, el porno queer está enfocado en criticar el eje sexo/género, y del resto de las opresiones que nos atraviesan no se ve mucho.

¿Creen que podrían comercializarse productos post pornográficos?

–No me parece que un producto deje de ser político porque se comercialice, pero hay que ver de qué manera se hace y a costa de qué. De hecho, dentro de páginas de porno y productoras queer ya están comercializando videos pero con una forma de repartir los beneficios o de registrar la licencia diferente a las webs de porno tradicional. Está bien que valoremos nuestro trabajo y nuestro tiempo.

En el libro Transfeminismos (Editorial Txalaparta, 2013), discuten sobre la idea de que el post porno se ha “estetizado”. ¿Creen que esto podría quitarle su potencia disidente?

–En principio, el post porno no puede ser una estética porque en sí es una práctica. Las producciones actuales son tan variadas y diversas que hablar de una estética es imposible. Una prueba es que en las páginas de porno comercial y en las de porno queer la etiqueta post porno no existe. ¿Por qué? Porque abarca demasiado, no está lo suficientemente acotado para tener una etiqueta. Al margen de todo esto, si el post porno se transforma en una estética y deja de ser una práctica perdería su poder desestabilizador y se convertiría en un producto capitalista como otro cualquiera, tal como ha pasado con la etiqueta queer.

Lo extraño no es extraño

Una de las actividades que Post Op tiene prevista para su visita a Buenos Aires es su taller “Empoderándonos desde la monstruosidad”, que se realizará el 31 de mayo en la Casa del Bicentenario. En este encuentro se trabajará en torno a la construcción de los cuerpos disidentes: marimachos, locxs, afeminados, trans, tullidxs, gordxs, cancerosxs. “Nos interesa pensar la diferencia como fuente de placer, como parte de la variedad de cuerpos que existen y no como aquello que debe ser modificado o curado. Trabajar desde nuestras diferencias, desde nuestras partes incómodas.” También realizarán un workshop sobre prácticas performativas en torno a los cuerpos disidentes y activismos post porno tullido transfeministas del 2 al 5 de junio en el Centro Cultural Paco Urondo.

¿Qué potencia tiene el post porno para empoderar a personas con diversidad funcional?

–Hace años que venimos visibilizando esos cuerpos a través de prácticas no convencionales que nos permitan explorar más allá de lo genital. Y notamos que estas prácticas no sólo son interesantes para quienes tenemos inquietudes más allá de la genitalidad, sino para personas con diversidad funcional que tienen otra forma de sentir el cuerpo o de moverse. Y el feedback ha sido enorme: ponernos en comunicación con un cuerpo que tiene una manera de moverse o una sensibilidad tan diferente a la general hace que aparezcan prácticas que de otro modo no se nos hubieran ocurrido.

¿Qué diferencia encuentran entre hacer performance y realizar talleres?

–Durante nuestros primeros años, cuando nos dedicábamos más a hacer performance, muchas veces quedábamos frustradas porque todo quedaba en lo espectacular, en una actuación. Con los talleres notamos que cuando el propio cuerpo es el que realiza la experiencia, allí se genera el cambio real. Muchos asistentes han montado sus propios colectivos, han generado su propio porno, etc.

En sus talleres también facilitan la creación colectiva de juguetes, prótesis y ortopedia con fines sexuales.

–Muchas veces las personas nos preguntan si vendemos los productos de Pornotopedia. Pero no, la intención de este proyecto es generar nuevas ideas para sexualizar el cuerpo con aparatos que puedas crear tú mismo o con tus amigos. Si en el sexshop no encontramos lo que nos apetece porque no está hablando de nuestras prácticas y nuestros cuerpos, empecemos a construir nuestros propios juguetes.

¿Cómo las ha modificado la experiencia de realizar talleres post porno enfocados a cuerpos con diversidad funcional como el que se podrá ver en el documental “Yes, we fuck”?

–Nos dimos cuenta de que los espacios que fuimos montando durante todos estos años no eran tan accesibles y abiertos como creíamos. Aunque pensábamos que teníamos en cuenta a todas las opresiones (además de la de sexo/género), en realidad era mentira. Personas con diversidades funcionales sólo han empezado a venir ahora porque antes nuestros ejercicios no estaban adaptados para estas diversidades. Tuvimos una toma de conciencia. Como base, no podemos estar hablando de generar alianzas en espacios en donde no se pueden generar físicamente esas alianzas. Y ésa es una autocrítica que debemos hacernos al interior de los espacios queer/transfeministas.

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Imagen: Simona Pamp
 
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