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Viernes, 22 de mayo de 2015

El malevaje extrañao

Moisés Delgado y Rodrigo Peiretti forman Fifí Tango, un dúo de tangos clásicos intervenidos para agitar y celebrar las relaciones amorosas entre los tangueros de ayer y los tapados de siempre.

 Por Alejandro Dramis

Desde 2012, Fifí Tango viene tiñendo los escenarios porteños de “canciones amaneradas”, invocando a las divas de la época de oro del cine nacional y a los iconos tangueros que se expresaban a través de una acartonada solemnidad sentimental. En sus shows dialogan el activismo queer con el café concert, el teatro, la comedia musical y el cine. Moisés es de Misiones y Rodrigo es porteño, se llevan 20 años y sus historias personales están presentes en los tangos que eligen. Se preguntan cómo sería aquel hombre fifí de los años ’30 pero en el contexto actual, y así, entre risas, mariconeadas y hallazgos históricos, corren al tango de esa aburrida asociación con el machismo o el show turístico.

¿Cómo surge la idea juntarse a intervenir tangos con mirada queer?

Rodrigo: Se me ocurrió hacerlo con “Se dice de mí”, de Tita Merello, pero cambiado: “Se dice que soy puto, que camino a lo marica, pero hay mucho varón que eso me lo envidia”. Tita tenía esa cuestión de la mujer socialmente apartada pero que se planta y canta sus canciones para decir “a mí no me importa, yo soy esto”. Un día alguien que nos conocía por separado nos propuso hacer algo para una maratón de tango queer y así nació este proyecto.

Moisés: Yo laburaba en una oficina y me había enamorado de un tanguero que me llevó a una milonga a bailar y después me incitaba a cantar, y ahí empecé a estudiar y me dediqué al teatro. Cuando nos juntamos a trabajar con Ro, él trajo las primeras canciones intervenidas, y juntos las modificamos y se fueron sumando otras.

¿Qué pasa con el tango, que últimamente se está volviendo el blanco favorito de la diversidad sexual?

R.: Nos estamos apropiando de los espacios en los que sentíamos que antes no teníamos ni voz ni posibilidad. Uno lo siente como un lugar a defender. Mi abuelo lo escuchaba, mi padre lo escuchaba. A mí me gustaba el tango desde chico y viví mucho el machismo del tango. La cantidad de gente homosexual que conocí ahí y que ni de casualidad lo decía, es increíble. Descubrí al tango como el lugar donde los hombres podían llorar, y cuando dije eso se me enojaron todos los tangueros.

M.: El tango queer está hace tiempo, pero más del lado de la danza, con lo cual, seguíamos bailando con tangos machistas. Queríamos apropiarnos, nos encanta jugar al drama y el tango te permite eso.

Se animan a intervenir tangos muy tradicionales como “Uno”, por ejemplo...

M.: Sí, en este caso yo canto el tango tal cual es pero al mismo tiempo Rodrigo va leyendo perfiles reales de búsqueda de contactos de páginas gays. Sobre el final los perfiles se van poniendo más porno y me pongo cada vez más triste. La gente se ríe mucho, pero después se escuchan los llantos (risas).

¿Por qué intervenir y no inventar un tango nuevo?

R.: La idea de intervenir tiene que ver con una cuestión de mostrar que los sentimientos, las sensaciones del amor y los deseos son los mismos que les han pasado a todos, gays y héteros, a través del tiempo.

¿Y cómo dialoga en los shows todo ese drama con la propuesta humorística?

M.: Recuperando canciones destinadas a Lamarque, Merello, Rosanna Falasca. Los varones cantaban pero se mordían el labio y la sufrían desde un bloqueo, como Julio Sosa... ¿Por qué sufren tan reprimidos y tan serios? Queremos reírnos de eso. En el espectáculo somos muy versátiles... (risas). Vamos desde la ironía de esas masculinidades tangueras hasta otras canciones que hablan del amor, como “Madre Selva”, “Uno” o “Por la vuelta”.

¿Se podría llevar Fifí Tango a las milongas tradicionales, para que los “machos” también lloren?

R.: El tango está sufriendo un cambio muy fuerte, y cada vez es más reducido el lugar tradicional. La gran mayoría de los lugares está más abierta que antes. Siempre hablando de Buenos Aires. Desde la danza misma, desde la gente hétero, ellos aprenden los dos roles hoy en día. Ya no está más esa cosa de que el hombre es el que guía.

M.: ¡Versatilidad! (risas). Después elegís con quién, cómo y cuándo. Cuando presentamos Fifí Tango dijimos “es para un público gay” y nos sorprendimos, porque el público gay era poco o la mitad de la gente que iba. El público se siente identificado por el amor, por los desengaños y demás, y no tanto por lo gay.

Fifí Tango participa de Degenerando Buenos Aires III, jueves desde las 20 en la Facultad de Ciencias Sociales, Santiago del Estero 1029.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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