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Viernes, 4 de marzo de 2016

Si la cámara me acompaña...

Sofía Saunier creó hace dos años una serie disponible en YouTube. Cada capítulo, entre la biopic y el desvarío, registra la vida de alguna travesti uruguaya. Filmada en cementerios, casas abandonadas, carnicerías, Trans-Ur: Historias Invisibles amplía con humor y crudeza el acervo de la memoria trans.

 Por Dani Umpi

–Parate ahí y bailá un poco.

–No. No me hagas bailar.

–Dale. Caminá hacia la pista. Contá cómo era la época de antes.

–Divina. Éramos muy perseguidas pero hacíamos dinero. Me divertí como nunca, fui feliz, nos drogábamos mucho, no conocíamos lo que era viajar en ómnibus, siempre en taxi.

–Bueno. Pero contale a la gente por qué te largaste a la calle. ¿Por qué terminaste en la prostitución? ¿No hubo oportunidades?

Mientras la entrevistada busca una respuesta para resolver verbalmente la encrucijada, la entrevistadora le arregla el collar y el escote en primerísimos planos. “Muy de cerca no me filmes”. Es un video en Youtube que registra el cumpleaños de Fernanda, una chica trans uruguaya. La cámara sigue un ritmo eufórico entre aplausos para el asador, selfies con piquitos, felicitaciones, desfile de “modelitos”, cumbia pop uruguaya, botellas descorchadas, brindis en honor a la amistad y mensajes a las jovencitas que “recién empiezan y lo tienen todo más fácil, que aprovechen”. Entre el jolgorio y saludos a “todos los que nos están viendo” surgen chismes, quejas, reclamos a políticos, “no queremos tarjetas de 800 pesos”, vívidos recuerdos de persecuciones durante la dictadura, golpes, maltratos, amigas encapuchas, desaparecidas, amenazas de muertes, calabozos, “acomodos”, “¡Y seguimos vivas! ¡Seguimos en la lucha!”.

La serie creada por Sofía Saunier hace dos años se llama TRANS-UR: Historias Invisibles y cada capítulo retrata a modo de entrevista la vida de una trans en tierras uruguayas. La duración de los videos es variable, casi aleatoria, de veinte minutos a hora y media. La propia Saunier desconoce si en el país se haya realizado algo similar. Probablemente no, o al menos, no hubo otra trans que lo hiciera de manera tan abundante, libre, autogestionada y fuera de un marco institucional. “No podemos meter a todas las trans en la misma bolsa. Cada una tiene su historia y conozco muchísimas. Me gusta que hablen como les salga, que no digan nada armado. Quiero que sea real, que no sea una pavada, que sirva, que muestre cómo viven, que se conozcan, que se tomen su tiempo y digan lo que quieran. Algunas están viviendo muy bien, otras no, como todo. Conmigo se sienten cómodas y siento que ayudo a que la gente abra sus cabezas”.

Sin cortes

Los capítulos están dispersos en un canal que se presenta como un reality-magazine, documentando la situación de trans uruguayas y la propia vida de Saunier, cambiando de roles constantemente, de entrevistadora a entrevistada, protagonista a directora, artista. Salidas al teatro y la filarmónica, cobertura de eventos a los que es invitada, casamientos, inauguraciones de tiendas, muestras de arte, reuniones formales con entidades gubernamentales, reuniones de UTRU (Unión Trans del Uruguay), entregas de premios y otra de sus grandes pasiones: el motociclismo. Llega incluso a filmar las entrevistas que le realizan en radios y boliches para “que se vea cómo es y que la gente saque sus propias conclusiones”. Hay una gran confianza en el registro “bruto”. La edición es mínima. Parece que la reservara para otros videos, más oníricos, generalmente filmados en basurales, cementerios o casas abandonadas, donde a modo de perfomer reflexiona sobre la contaminación ambiental. En esos otros videos sigue lógica de la producción de modas y la videodanza, mezclando tango con estética goth, según sus antojos y las infinitas posibilidades que brinda el Window Movie Maker.

Su interés documentalista apunta a fortalecer el acervo audiovisual y la memoria del colectivo. Son relatos en primera persona que cuentan con lujo de detalles dispersos empoderamientos de personas trans en contextos vulnerables. El tono varía con gran flexibilidad de lo excesivamente formal a lo emocional, pasando por el chiste o el enfurecimiento como toda conversación de amigas. Las preguntas de Saunier se vuelven puntos de apoyo y, a veces, de fuga. Suele pedirles que “rebobinen” mientras toman mates y jugos. Se explayan en largas catarsis, recuerdos de la infancia y planes futuros.

“Recibí muchas críticas por un video que subí de una chica ebria, peleándose con su novio, consumiendo pasta base (paco) en la puerta de un refugio de la calle Mercedes. La conocía de años y ella misma me había autorizado a que la filmara. Quería reencontrarse con su familia. Estaba enferma de cáncer y me mostraba un tumor en el cuello. Me dijeron que estaba dando un paso atrás para la comunidad mostrando eso. A mí me parecía que no era así, que la gente también elige lo que quiere ver, como cuando miran esas noticias de niñas muertas en la playa. Lo bajé para evitar problemas. Mejor. Quedó la interrogante. Puse otro video mostrando donde vive ahora, en un local que era una carnicería de su familia en Las Piedras. La filmé a ella contando su vida con una amiga, mostrando que está mejor. En cada episodio que hago me tiro a la pileta. No voy con libretita ni nada, llego y con lo que sale, sale. No son ni amarillistas, ni paternalistas, ni maternalistas. También entrevisto personas que están muy bien. Las que más se quejan son las trans jovencitas. Y yo les digo “bueeeeeeno… es la realidad”.

La enigmática

Durante unos meses su canal daba la bienvenida con un video inclasificable llamado “La mujer enigmática”. Era el backstage de una sesión de fotos en el Cementerio Central de Montevideo. Con cámara rapidísima y musicalización épica, Saunier paseaba entre las tumbas vestida de novia y de negro, sosteniendo flores y muñecos bebés. Su pulsión artística es genuina y se siente conforme con los resultados. “Yo no sé de ángulos pero pienso en todo, dónde le da la luz, cómo se le ve la cara. El video de la chica del refugio había quedado muy bien. Le puse un tango, que no me acuerdo cómo se llama… Lo tengo acá en el celu. Mientras te cuento lo voy a buscar. No sé quién lo canta. Quedé fascinada con la letra que decía ‘paredón de sueños’ y hablaba de ‘noches de alquitrán’. Me parecía que tenía que ver con ella, que es adicta a las drogas de humo. La letra pegaba perfecta. Las imágenes y el tango. Pero, claro, fue medio bomba atómica”. Pone el tango en el celular. Se llama “Cordón”. Cuenta que tiene 41 años. Desde 1985 vivió con su familia en Buenos Aires hasta que, a los 15 años, le descubrieron una entrada de Bunker en un jean y la echaron a la calle. Actualmente vive en Montevideo con Carmencita, una señora que cuida.

“Pasé de ser una ovejita a ser un lobo perdido en el bosque. Conozco los barrios porteños. Trabajé en discotecas de los noventa como Morocco o Ave Porco. Puedo nombrarte muchas trans de esa época. No hay nada filmado de ellas. Hice un álbum que se llama ‘Retractrans’. A unas no las volví a ver y otras personas no te cuentan el cuento. Se suicidaron, murieron, las mataron. Yo me siento una sobreviviente con 41 años y no porque me sienta vieja. Me siento madura por todo lo que viví tan joven. No quedó nada registrado. Ahora, las nuevas tienen internet, tienen más información. Estos videos son información. El día de mañana ya no va a importar si sos trans. Van a quedar como el registro de una época”.

Saunier ganó hace dos años un concurso de la Escuela de Cine de Montevideo pero no asistió a los cursos. “Muchas personas queremos hacer algo o no queremos. Y, bueno, yo no quise. Sé que tendría que haberlo hecho pero son decisiones que una toma en un momento. Prefería otro premio como una cámara con más megapixels o presupuesto para viajar al interior a entrevistar unas que conozco. Poder pagarme el hotel, el viaje. Porque yo no tengo trípode ni tengo nada. Lo que tengo es voluntad y una búsqueda. Obviamente quiero aprender, pero no era ese el momento. Sé que me voy a arrepentir pero, ta, ya fue, no me frenó en nada”.

Algunos eventos abordados por su cámara viajera ya son conocidos en Uruguay, como “El Baile de los Negros”, que desde los años cincuenta se viene armando a todo trapo en el Club Peñarol de la ciudad de Mercedes. Eligen a la reina Trans del carnaval con Manteca Hilton como anfitriona, que también tiene su propia biopic en TRANS-UR y se puede disfrutar pese a unos problemitas de sonido. Están presente, demás, los recuerdos de la pensión de Maldonado y Yaro, una de las pocas pensiones montevideanas que las alojaban y le permitían recibir clientes, el casamiento de Paola Braccio, la casa de la diseñadora Julienne Dolores, su amiga Kika contándonos que, finalmente, dejó el alcohol y mucho, mucho más. “Me encanta la época ‘internética’. Creo que nací en la época perfecta. Probablemente más adelante, trabaje con alguien que edite”.

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