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Viernes, 23 de enero de 2009

PD

A Manolo le faltan principios

cartas a [email protected]

Se vino el verano y, como bien dijo Lux en la edición pasada, no hay verano si no hay Mar del Plata. ¿Quién no se escapa, por lo menos, un fin de semana a La Feliz? Por eso mismo no quería dejar pasar más tiempo y contarles una situación que tuvimos que vivir en noviembre, mi novia, dos amigas (que también son pareja) y yo.

Haciendo tiempo para entrar al cine se nos ocurrió comer unas papas y tomar unas birras en Manolo, la churrería por excelencia de la ciudad en cuestión. Tomando, comiendo, entre risas y anécdotas, le doy un beso a mi novia, acostumbrada a la impostada tolerancia bonaerense que vivo desde hace 9 años. Acto seguido, se nos acerca un sujeto de la cadena y nos dice de muy mala manera que nos vayamos, que estamos en un lugar familiar (!), que tenemos que saber dónde hacer “nuestras cosas” (!!), que echarnos nada tiene que ver con discriminarnos (!!!), que no exageremos, pero ése no es el lugar para hacer eso.

Aclaración: eso que hicimos fue darnos un beso. No hubo nada fuera de lugar o que pudiera incomodar a alguien, tan sólo un piquito.

El caballero no sólo nos echó sino que lo hizo gritando, y cuando tuvo el tupé de reclamarnos el importe de las birras y papas, y que le contestásemos que no pensábamos pagar si nos echaba así, se fue ladrando: “¡Que esta mesa no pague, no me importa, pero que se vaya ya mismo, ya mismo!”.

Tal vez siguió las órdenes de un jefe que lo obligó a echarnos, tal vez fue su más sincera homofobia en su instante de esplendor, tal vez la no tan Feliz no se acostumbra al turismo y a los cambios generacionales, tal vez... tal vez... tal vez no me importe qué carajo le pasó por la cabeza a Manolo y a todos sus churros. Lo único que me importa es que por primera vez sufrí la discriminación, por primera vez sentí que no pertenecía, que provocaba repudio en el otro.

Obviamente nos fuimos, medio avergonzadas por el griterío, medio tristes porque nadie nos contestó cuando atinamos a preguntarles a las mesas cercanas si los incomodábamos, medio defraudadas con el mundo... Pero lo primero que salió a flote era que había que denunciarlos, gracias a ustedes, que nos hicieron conocer al Inadi. Gracias a ustedes, que de una u otra forma nos hacen sentir más apoyados y menos solos, ya iniciamos acciones legales.

Sugiero, recomiendo, pido, que si estas vacaciones pasás por Mar del Plata:

a) Comas a besos a tu novia/o en Manolo.

b) Te aguantes las ganas de comer churros, pero no contribuyas a que alguien que siente repudio por vos se llene de plata.

Carla Santarelli

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