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Viernes, 23 de enero de 2009

OUT

Distancias

 Por Enrique Solinas

Retardó la llegada a su casa tratando de encontrar las palabras justas. Sintió en su pecho el pálpito del corazón, la certeza de que ése era el día. Sentado en el bar, miraba la velocidad de los autos y comprendió que las palabras justas habían dejado de existir. Miró el reloj. Había salido del colegio hacía una hora y su padre lo esperaba.

Apenas entró, escuchó la voz del papá que hablaba por teléfono. Andrés dejó los útiles sobre la mesa del comedor. Se sentó y abrió la carpeta. Sus ojos se posaron en un dibujo manga que empezó en el colegio. Ese muchacho de cabellos negros sobre la cara y saco espolverino se parecía a él. También pensó que su padre, de joven, sería como ese muchacho.

Era el momento. Las palabras ensayadas desaparecieron de su lengua y al olvido lo coronaron rey. Su padre continuaba en el teléfono, lo miraba fumar. A veces reía, a veces levantaba la voz. Gesticulaba en cámara lenta, todo era letargo.

–Hola, Andrés, no te escuché entrar.

–Sí, no quise interrumpirte.

–Era Beatriz, cómo me gusta esa mujer. Si todo sigue así, pronto vivirá con nosotros.

–Papá, yo quería hablar con vos...

–Sí, ¿pasó algo?

Andrés sacó el dibujo. Lo colocó frente a él, como un amuleto.

–Yo quería contarte que desde hace tiempo me siento distinto. Quizá vos ya te diste cuenta o tal vez no. Pero tengo que decirte.

El padre lo miró. Sospechó que lo próximo era irreversible.

–Papá, me gustan las personas como yo.

–¿Era eso? ¡A mí también! Somos tan difíciles.

–No, papá, me gustan los chicos. A eso me refiero.

Su papá hizo un gran silencio. Luego le dijo:

–¡Aquí yo no escuché nada! ¿Me entendiste? ¡Nada! ¡Y se acabó!

Entonces Andrés supo que algo se había roto entre los dos. Su padre ya no lo miraría con los mismos ojos, aunque él seguiría siendo el mismo. Desde ese momento y para siempre, las palabras los iban a distanciar cada vez más, porque ya no era justo, pero sí necesario e imprescindible.

Porque ésa era simplemente la verdad y porque la verdad siempre a alguien le duele y a alguien libera.

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