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Sábado, 2 de mayo de 2009

ES MI MUNDO

Secretos de una vaquera

Annie Proulx, experta en asuntos rurales y en pueblos chicos, es la autora del cuento que llevado luego al cine por Ang Lee se convirtió en un emblema mainstream del amor gay, imposible y conmovedor. En Secreto en la montaña, los vaqueros Jack y Ennis sucumbían ante la homofobia generalizada mientras burlaban el mito de macho, encarnado por John Wayne y el Hombre Marlboro. La autora estuvo en Buenos Aires y habló de cómo fue que se le ocurrió esta idea y por qué habría querido que no se le ocurriera jamás.

 Por Milagros Belgrano Rawson

”Quizá usted sepa qué significa escribir como una mujer, yo no lo sé”, responde a esta cronista la escritora Annie Proulx, quitándose de encima uno de los sayos que se le endilgan. Ser mujer y escribir como tal. De hecho ha sido incluida en el título de un libro recientemente editado y dedicado a la historia de la literatura femenina de su país. “Nunca pienso en mi sexo al escribir, eso es algo que preocupa a otros”, responde en referencia a otro de los sayos, que le dio fama mundial y que viene a raíz del éxito arrasador de su cuento en el que narra los amores imposibles entre Jack y Ennis, los ya famosos amantes de Secreto en la montaña, a partir de la versión del director Ang Lee en esa película que, según remarca la autora, si se perdió el Oscar es porque la homofobia no sólo se da en el campo sino también en las mejores ciudades...

Annie Proulx, que hoy supera los setenta años, hace doce que escribió Brokeback mountain, un relato sobre dos jóvenes vaqueros que se enamoraban en uno de los ambientes hostiles por excelencia de los Estados Unidos para todo lo que no sea la patria, la familia y la propiedad. Para Proulx, ganadora del premio Pulitzer en 1994, escribir ese cuento fue más difícil de lo que pensaba: “La gente cree que los cuentos son más fáciles que las novelas, pero se necesita mucha habilidad para escribir un relato corto y no caer en una mala imitación de Raymond Carver”. Pero en el caso de Brokeback mountain, la mayor dificultad radicó precisamente en la propia identidad, la formación, el género. “Tuve que meterme en las mentes de dos muchachos mal hablados y sin educación y eso me llevó mucho trabajo, sobre todo cuando quien escribe es una mujer mayor, blanca y heterosexual. Me tomó mucho tiempo pensar cada personaje y encontrar el equilibrio en la historia.” La autora reconoce que tenía pocas esperanzas de que alguien publicara esta historia sobre la atracción física entre dos hombres del Oeste norteamericano, la región que dio vida al Hombre Marlboro, el icono más fuerte de la publicidad estadounidense, que a su vez imitaba a la estrella más grande creada por Hollywood, John Wayne, protagonista del mito fundacional de ese país, el cowboy que arriaba ganado y combatía a los indios con un lazo en la mano y un cigarrillo en la boca. Pero la revista The New Yorker publicó el cuento, que luego ganó el premio O. Henry, entre otras distinciones.

Génesis de una historia de amor

La historia de Jack Twist y Ennis Del Mar, encarnados por Jack Gyllenhaal y el ya mitológico Heath Ledger, surgió cuando, a mediados de los ‘90, Proulx visitó un atestado bar de una zona rural del interior de Estados Unidos. “Había mujeres atractivas y un olor a sexo flotaba en el aire. Pero, sin embargo, en un rincón había un hombre viejo que miraba con insistencia a los jóvenes que jugaban pool. En sus ojos había una mirada hambrienta que me hizo pensar que tal vez fuera gay. Y entonces yo misma me pregunté ¿cómo habría sido su vida en su juventud? Luego desapareció este hombre anciano y en su lugar apareció Ennis. Y luego Jack.” Cuando la historia fue publicada, hubo un enigmático silencio por parte de las asociaciones gays. Es muy posible que de no ser por la versión cinematográfica esta pieza hubiera quedado en la misma nebulosa en la que han quedado otros grandes textos que dieron cuenta de la opresión del Oeste americano, como lo han sido los de Burroughs o los de Pynchon, que no disfrutaron del favor mass mediático.

Pero, para su desgracia, la escritora recibió decenas de cartas de hombres que declaraban haberse identificado con los personajes. “Esta es mi historia, por eso abandoné Idaho, Wyoming, Iowa”, decían muchas de las cartas provenientes del opresivo interior norteamericano y “quizá las más conmovedoras eran las de algunos padres, que decían ‘Ahora entiendo el infierno que atravesó mi hijo’”, recuerda Proulx. Pero a juzgar por la cantidad y el tenor de gran parte de esa correspondencia, la autora repite en varias entrevistas que habría preferido no haber escrito este cuento. “Me inundan de manuscritos, guiones, cartas, reescrituras y reelaboraciones del texto original y, en general, comienzan diciendo: ‘Mire, yo no soy gay, pero...’. La idea es que porque son hombres entienden más a los hombres que yo. Absurda idea sobre todo para alguien que a contramano de lo que se enseña en muchos talleres literarios –escribir sobre lo que uno conoce– asegura que en sus libros no hay nada autobiográfico y aconseja, en cambio, escribir “sobre lo que a uno le gustaría conocer”. Además, este cuento es sobre la homofobia, la historia de amor es entre dos personas, que además son homosexuales.

En cuanto a la adaptación cinematográfica de su cuento, aunque manifiesta estar de acuerdo con la versión, destaca también que Ang Lee quería cambiar el acento cerrado y casi ininteligible de los vaqueros por un refinado inglés neoyorquino para que los diálogos fueran más fáciles de seguir. “Pero yo me negué, así como cuando quisieron incluir una escena que sonaba simplemente terrible: en ella Jack y Ennis ayudaban a unos hippies cuyo vehículo se había descompuesto. Como agradecimiento, estos hippies les ofrecían a Jack y Ennis sus mujeres.” Sin duda, la escena que se pretendía incluir intentaba decir por demás algo que ya estaba dicho, o mejor, subrayado sin palabras en el resto del texto. Hay una prepotencia del orden heterosexual que avasalla hasta con el deseo. “Creo que no hay trabajo más destructivo que el del guionista”, agrega Proulx en esta charla casi íntima que sostiene con periodistas argentinos en su visita a Buenos Aires.

Usted vivió en Wyoming, el estado donde transcurre la historia. ¿Podría describirlo?

–Es un estado conservador, de mayoría blanca y de derecha, monocultural, muy masculino en su idiosincrasia y sin interés por los libros. Allí lo único que le importa a la gente son las vacas y los caballos.

Pero usted se decidió irse a vivir allí...

–Sí, en 2003 me compré una casa. Porque me enamoré de su paisaje.

¿Cómo son las mujeres que viven allí?

–Cada uno cumple con un rol aquí donde se supone que no hay homosexuales, por ejemplo. ¿Las mujeres? Sé que una de ellas fue a Irak como soldado. En general, son simples observadoras, tienen un rol secundario frente a los hombres, aunque algunas dirigen grandes fincas e incluso portan armas si ven un coyote. En mi país, todos quieren ser cowboys, incluso las mujeres. Mucha gente viene del Este para convertirse en vaquero. Pero ya no vivo en Wyoming, los inviernos allí son muy duros y por eso me mudé al Sur, a Nueva México, donde vive uno de mis hijos. Ahora vivo cerca de Albuquerque, que es todo lo opuesto a Wyoming: es una ciudad donde se mezclan todo tipo de culturas, razas y lenguas, y que además está muy cerca del campo.

Es la primera vez que Proulx vive en una ciudad. Nació en una zona rural de Connecticut, vivió en Vermont, donde se convirtió en una experta pescadora, y también en la isla canadiense de Terra Nova, donde casi no crecen plantas pero hay osos y la gente se desplaza en canoas. Allí transcurre su novela The Shipping News, también llevada al cine y distribuida en Argentina como Atando cabos, con Kevin Spacey y Julianne Moore en los papeles principales. Antes de dedicarse por completo a la literatura, Proulx trabajó como periodista freelance en revistas para el hogar del tipo “hágalo usted mismo” y libros de cocina, destinados a un público campestre. En los ‘80 fundó un periódico rural, donde escribía sobre temas tan variados como “el clima, manzanas, canoas, ratones, sidra y lechugas”, según contó ella misma en la revista Contemporary Authors. El tema de su conferencia en Buenos Aires no es casual: todas sus obras narran situaciones rurales, donde el paisaje y el trabajo manual tienen gran protagonismo. Allí “las cosas todavía se hacen con cierta carga física, lo cual siempre es gratificante”.

¿Qué está escribiendo en estos momentos?

–Estoy trabajando en una especie de “mémoire” triste sobre mi casa en Wyoming, que está en venta. Pero ahora lo que me mantiene ocupada es la lectura: estoy aprendiendo muchas cosas sobre balcones, geología, arquitectura... El otro día compré por 25 centavos un libro maravilloso sobre nudos, donde se explican cosas como cómo atar una vaca a un poste (risas).

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