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Viernes, 12 de junio de 2009

Ponele un nombre a eso

 Por Kate Bornstein *

El acoso puede hacernos la vida miserable. Y no me refiero sólo al acoso en la infancia, ya que a medida que vamos creciendo se vuelve más sofisticado. Las instituciones del poder político desestiman las preguntas que pongan en jaque a la cultura del bullying mientras propician otras que la afianzan: “¿Sos terrorista? ¿Sos subversivo?”. Un buen ejemplo de las preguntas que deben responder los ciudadanos del siglo XXI es aquella con la que George Bush ubicó a su país como potencia reina del bullying: “¿Estás con nosotros o estás contra nosotros?”.

Si al intentar responder a estas preguntas te sentís incomodx, ya no te sientas solx. Son preguntas diseñadas para que no quieras ver la persona compleja que sos. La cultura del bullying se asienta en preguntas que no son verdaderas preguntas, aunque suenen razonables: “¿Sos borracho o abstemio? ¿Sos joven o viejo? ¿Sos negro o blanco? ¿Sos hombre o mujer? ¿Querés suicidarte o querés seguir viviendo?”. Una cosa o la otra. Simple. No hay que pensar. No hay que usar la imaginación porque la misma pregunta ha agotado las opciones.

En 1996, la poeta y activista Minnie Bruce Pratt advirtió que “nuestras imaginaciones son esclavas de las instituciones opresoras”.

Por eso, en esta segunda guía para dejar de lado la idea de suicidarte es la pregunta por tu propio nombre. Porque soy de la idea de que nombrarse más allá del rótulo que nos hayan impuesto es el primer paso para salir de la opresión. Soy de la idea de que quienes nos preguntamos por nuestra identidad, quienes nos preguntamos quién soy yo de verdad, todos los que no encajamos, tenemos que ser capaces de nombrarnos. Los outsiders deberían llamarse outsiders, se podría decir. Pero ocurre que somos tantos en este mundo que tenemos que buscar un nombre más definido, y tal acción implica cuestionar las preguntas acosadoras, las que nos definen dentro de un arcaico y opresor sistema. Y te cuento que no seremos lxs primerxs en hacerlo.

Ya lo han hecho, por ejemplo, las primeras feministas, esas mujeres que dijeron: “No querido, mi cuerpo y mi mente no te pertenecen, no quiero ser una mujer que responda a tu idea de mujer”. Transgredieron las reglas de género, se unieron y se nombraron frente a instituciones que les negaba el nombre de “mujer verdadera”. Otro ejemplo en el activismo de género: los primeros gays y lesbianas que ante una ley tácita que dice que a los hombres de verdad les gustan las mujeres y a las mujeres de verdad les gustan los hombres, respondieron: “Nosotros no”. Lesbianas y gays también son transgresores del género. Es tremendo tener que decir “soy un hombre que ama a otro hombre”, así que tal vez no soy un hombre. Debieron buscarse un nombre, una bandera, para poder decir “soy diferente y soy como ustedes”. ¿Más ejemplos? Sin dudas el movimiento bisexual, que realmente le ha roto la cabeza a más de uno cuando dijeron que el género no tiene nada que ver con el romance, ni con la preferencia sexual ni con el amor. Siguen los ejemplos con las personas cross dressers, los intersexuales, las travestis. En todos los casos se cumple aquella máxima de que nuestra imaginación puede quebrar las reglas de las instituciones opresoras.

Sin dudas implica un arduo trabajo hallar una buena razón para decidirse a vivir por fuera de las identidades que nos han asignado y que nos llevan lentamente al deseo de morir. Una posible razón, creo yo, es ésta: dedicarse a buscar tu propio nombre, usar la imaginación para definir quién realmente sos, por fuera de las opciones que te proponen. Muchos que lo han hecho, han llegado a convertirse en grandes artistas del escapismo. Este es mi caso. Soy una persona muy difícil de asir. ¿Y vos? ¿Quién sos? ¿Cómo es tu nombre? l

* UNA DE LAS MAS ORIGINALES AUTORAS Y PERFORMERS TRANS DE ESTADOS UNIDOS, AUTORA DEL LIBRO 101 ALTERNATIVES TO SUICIDE FORTEENS, FREAKS & OTHERS OUTLAWS. EDITORIAL: SEVENSTORIES.

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