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Viernes, 16 de mayo de 2008

A LA VISTA

Hecha la ley

 Por Juan Tauil

La lucha internacional contra la homofobia es tan parecida al juego de la oca, que si no implicara sufrimiento para tanta gente y si no resultara en semejante retroceso social y humano, sería hasta entretenido seguirlo de cerca. Cuando en sociedades como la europea los derechos gay “avanzan casilleros” en temas como el matrimonio, la adopción homoparental y trabajo libre de discriminación, hay maniobras puntuales que “hacen retroceder”

–o por lo menos perder algún turno– en derechos que se creían ya adquiridos o en vías de serlo. La iglesia católica es un jugador muy hábil –sobre todo cuando se trata de detener o retroceder casilleros– y con su paciencia, la institución no estatal más antigua del mundo trata de volver al estado anterior de las cosas. El juego de la oca en la República de Irlanda te hace retroceder unos cuantos casilleros: organizaciones que nuclean a trabajadores están consternadas frente al fallo de la Comisión Europea que permite se despida en ese país a maestros y profesores abiertamente gays de colegios religiosos. El artículo 37 del Acta de Empleo Igualitario de Irlanda indica que “las escuelas que promuevan ciertos valores éticos y morales pueden evitar que un empleado socave dichos valores de la institución”. En un primer momento, las advertencias de la Comisión sobre la no compatibilidad de dicho artículo con las normas antidiscriminatorias de la Unión fueron auspiciosas, pero esta semana –aprovechando la coyuntura de una Unión con una ley antidiscriminatoria insuficiente– se aceptó el argumento irlandés que considera que este artículo constituye una “pequeña excepción” dentro del Acta. Pero lo cierto es que de pequeña no tiene nada, ya que en Irlanda, el 95% de los colegios primarios están manejados por la Iglesia Católica, lo que presupone que mucha gente –no sólo miembros de la comunidad GLTB, sino también heterosexuales divorciados o que viven en concubinato– puede quedarse de la noche a la mañana sin trabajo. El juego de la oca ya empezó y los derechos laborales antidiscriminatorios perdieron –por lo menos– un turno.

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